Nota del editor: Hamish de Bretton-Gordon, exoficial del ejército británico, es director de Doctors Under Fire, una campaña contra los ataques contra hospitales en zonas de guerra. También es el asesor químico, biológico, radiológico y nuclear de la Unión de Atención Médica y Organizaciones de Socorro. Las opiniones expresadas en este artículo son de su propia responsabilidad.

(CNN) - Después de seis años de guerra, más de 500.000 personas muertas, millones de desplazados y el uso ahora normal de armas químicas, los dos líderes más poderosos del mundo (el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo de Rusia, Vladimir Putin) acordaron un alto el fuego en el sur de Siria hace dos semanas.

Después de años de decepción, esto podría ser el comienzo del fin o el final del comienzo. Aunque uno puede esperar que sea lo primero, que en última instancia depende de los próximos pasos tomados por Estados Unidos y Rusia.

La única forma de garantizar la longevidad de este alto el fuego es asegurar que la ONU desempeñe un papel central.

Esto sólo ocurrirá si los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) se unen para otorgarle a la ONU la autoridad para vigilar el cesa del fuego y administrar tanto la ayuda como la reconstrucción.

No captar este momento, que esperanzadamente está culminando con la derrota de ISIS en Mosul y Raqqa, será repetir los errores de Iraq en el 2003, donde se ganó la batalla, pero la guerra siguió por otros 14 años.

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Trump mostró su intención positiva sobre Siria cuando destruyó los aviones sirios de los que se sospechó que atacaron con gas sarín en Khan Sheikhoun en abril de este año, un ataque del que Bashar al Assad aún niega su responsabilidad.

También parece claro que Putin ahora está cansado de la guerra siria y ha logrado sus objetivos estratégicos de una base aérea y naval en el Mediterráneo. Ahora sería un buen momento para él para reducir su presencia militar en Siria y mejorar las relaciones con Estados Unidos.

El enérgico presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha indicado que está dispuesto a apoyar la paz con su homólogo mediterráneo e incluso aceptará una Siria dirigida por al Assad, si eso significa paz.

El Reino Unido está atascado por el Brexit, pero al menos Boris Johnson, secretario de Relaciones Exteriores, ha hablado sobre las tropas británicas que están siendo ofrecidas por una fuerza de la ONU para vigilar la paz y entregar ayudas en Siria. Y el Reino Unido está muy atrasado en flexionar sus no despreciables músculos diplomáticos en el Medio Oriente.

China no está muy afectada por Siria e ISIS, pero se beneficiaría del apoyo del grupo de las cinco potencias para negociar con Corea del Norte y asegurar una mejor relación comercial con Estados Unidos.

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Otros actores clave en esto son Turquía, Irán e Israel.

Turquía quiere asegurar su frontera sur y está fastidiado por los kurdos sirios, que son apoyados por EE.UU. y su brazo militar (el YPG) lleva a cabo la mayor parte de la lucha contra ISIS en Raqqa.

El presidente Erdogan durante un mitin (OZAN KOSE/AFP/Getty Images)

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, apoyó inicialmente el alto el fuego, pero luego se retractó, ya que se sugirió que las fuerzas iraníes vigilarían el alto el fuego en el sur de Siria, hasta la frontera con Israel. Israel e Irán están (no sorprendentemente) en desacuerdo, y deben estar separados tanto en el tiempo como en el espacio para evitar golpes y desestabilizar aún más la región.

Siria misma está devastada y muerta de hambre. Las nuevas esperanzas de la primavera árabe de hace seis años han desaparecido desde hace mucho tiempo. El mal de ISIS se cercioró de eso mientras se esparció a través del país y se estableció en Raqqa.

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Sin una gobernanza efectiva en Siria, por cada combatiente de ISIS muerto otro saldrá de esta población castigada. Mientras ISIS se enfrenta a la derrota en Iraq y Siria (y si la desesperación en Siria se perpetúa) nuevos asesinos de este grupo yihadista nos impactarán aún más en todo el mundo. Si no derrotamos física e ideológicamente a ISIS en Siria e Iraq, en última instancia será más difícil derrotarlos en las calles de Londres, París, Nueva York, Moscú y Beijing.

Por lo tanto, si se ha de llevar a cabo un alto el fuego en Siria, entonces debe estar ausente de los retos y entrelazadas alianzas y enemigos. La única manera realista de controlar y aportar en esto es con los monitores de la ONU y las tropas sobre el terreno en Siria.