(CNN Español) - “Yo sé lo que es pasar hambre”, afirma Margarita Barrientos. Oriunda de la provincia de Santiago del Estero, en el norte de Argentina, llegó en 1996 con su familia al barrio de Los Piletones, uno de los más pobres de la capital argentina.

Sumida en la pobreza absoluta decidió comenzar a cambiar ese mundo que la rodeaba. "Empezamos dando de comer a 15 niñitos y a un abuelo. No teníamos teléfono, era todo muy precario, el agua la teníamos lejos, teníamos que ir a buscar y después con la ayuda de mucha gente fue creciendo y aquí está", relata frente al comedor de su fundación que hoy alimenta a 2.600 personas todos los días.

El comedor comienza a funcionar temprano a la mañana para servir el desayuno y luego siguen con la preparación del almuerzo. A la hora de comer, la gente comienza a llegar hasta colmar el lugar.

"Armamos y desarmamos las mesas tres veces al día: en el desayuno, almuerzo y la cena”, explica Isabel Briguez, mientras reparte el almuerzo. “Las familias, en su mayoría, viene a llevar la comida y se sientan a comer también acá. Nosotros atendemos a personas de los alrededores y de la provincia, que no tienen posibilidad de venir a buscar la cena. Entonces nosotros priorizamos las viandas para ellos y que también se sienten a comer acá", prosigue.

Isabel Briguez es voluntaria del comedor desde hace diez años y al igual que Margarita Barrientos conoce el hambre. “Primeramente todos llegamos por necesidad. Llegué acá preguntándole a la señora Margarita si me podía dar un plato de comida, como todas las que vienen a comer acá. Y como a todas me recibió con los brazos abiertos. Después sentí la necesidad de poder trabajar para llevar el pan de cada día. Entonces hable con la señora Margarita y me dijo bienvenido sea, si usted quiere trabajar acá hay trabajo y desde entonces estoy acá"

Pero Margarita Barrientos no sólo da de comer en Los Piletones. Su fundación hoy tiene centros médicos, odontológicos, de atención a víctimas de violencia familiar, talleres, biblioteca y dos jardines de infantes.

“Abrir estos centros fue muy importante para la comunidad porque permite que las familias tengan un lugar seguro para dejar a sus chicos para ir a trabajar”, explica Silvia Herrera, coordinadora del Centro de Primera Infancia Thiago Andrés, llamado así en memoria de un nieto fallecido de Barrientos.

Uno de sus últimos proyectos es la huerta hidropónica, que comenzó a funcionar este año gracias al aporte de la ONG Huella Verde y Coca Cola. La producción sirve para abastecer al comedor, pero también parte su vende.

"Tenemos un stand en el shopping Alcorta que nos brinda (el supermercado) Carrefour. Vendemos todas las producciones de plantas y lo recaudado va a la fundación y para la ayuda de todos los comedores", explica Claudio Báez, uno de los responsables de la huerta.

Todos los proyectos funcionan gratuitamente gracias a donaciones de empresas y personas. "Aquí están puestas todas las donaciones de la gente y eso siempre me gusta mostrarlo porque está el sacrificio no solamente nuestro, no sólo de las familias, sino de muchísima gente que nos ayuda a crecer"

Uno de ellos es el presidente Mauricio Macri, que desde 2007, al asumir como alcalde de Buenos Aires comenzó a donarle parte de su sueldo y con quien forjó una relación muy cercana.

“Cuando era alcalde venía mucho más a menudo, pero ahora viene todos los años y siempre hay cosas para contar de proyectos que uno tiene. En realidad, conozco mucha gente pero sigo siendo Margarita", afirma Barrientos, que ha recibido numerosas distinciones tanto en Argentina como en el exterior por la labor que realiza.

Su obra se concentra en Los Piletones, al sur de la capital argentina. Pero desde hace un tiempo también está presente en su tierra natal. En Añatuya, provincia de Santiago del Estero –una de las más pobres del país- ya abrió un comedor y próximamente inaugurará un hogar para ancianos.

"Yo siempre dije que iba a volver a mis pagos, iba a volver porque nunca me iba a olvidar de ellos y así he hecho. Gracias a Dios, gracias a mi viejo que hoy no está. Él no era de Santiago pero amaba Santiago del Estero", rememora emocionada Margarita Barrientos.

Recordar su tierra la conmueve. Es que allí dejó atrás una infancia llena de privaciones, pero también en Añatuya falleció en abril su esposo, Isidro Antúnez. Él era su principal sostén en esta cruzada solidaria y murió mientras trabajaba por los más necesitados de su provincia.

"Lo extraño un montón, yo digo que me falta un ala, pero creo en Dios y la virgen que él del otro lado me está ayudando y dándome fuerza a todo porque no es fácil. No tuve la oportunidad ni siquiera de hacer duelo porque realmente a él no le hubiese gustado, me hubiese querido ver trabajando y haciendo las cosas", evoca.

Por eso, Margarita Barrientos no para. A su pesar, sabe que miles de personas dependen de su fundación para comer cada día. “Mi sueño es que no existan los comedores, que exista un trabajo digno, que la gente elija lo que quiera comer y no yo elegir por ellos. Ojalá que algún día lo podamos hacer", se esperanza.

Pero hoy Margarita Barrientos significa mucho más que la posibilidad urgente de un plato de comida. La gente se acerca para saludarla, contarles sus penas o pedirle consejos. Casi como a una madre.