(CNN) – Él no es el primero en destrozar la ortografía y la sintaxis en redes sociales. Pero, ciertamente, el presidente de Estados Unidos Donald Trump es el más poderoso. Así que cuando escribe en Twitter, borra, vuelve a publicar y borra de nuevo, es comprensible que los pedantes entre nosotros sean rápidos para salir a criticarlo.

Twitter es un medio que no perdona, especialmente a sus usuarios más intensos. Las fuertes olas de reacciones que provoca un error de digitación o de ortografía de Trump– en la mañana de este viernes escribió “heeling” (talón) en vez de “healing” (sanar) cuando se refirió a las inundaciones en Texas– son síntomas no sólo de nuestra política tribal, sino también del rechazo típico contra cualquier falla u oscilación en el “sistema inmune” de internet.

Por su naturaleza, Trump despierta incesantes correcciones y burlas. Pero en últimas, hay por lo menos dos puntos de vista válidos para considerar.

1) El presidente es un modelo a seguir y debe ser capaz de escribir 140 caracteres sin degradar nuestro lenguaje político.

2) ¿A quién le importa?

Buenas noticias: hay lugar para analizar los dos asuntos. Sobre el último punto, cabe destacar que las debilidades ortográficas de Trump suelen ser mucho menos interesantes o instructivas que nuestra respuesta a ellas. En 1992, el exvicepresidente Dan Quayle, basándose en una tarjeta de información incorrectamente preparada, añadió una "e" al final de la palabra “potato” (papa), que correctamente había escrito un joven estudiante. Rápidamente, Quayle se convirtió y –si eres lo suficientemente grande lo sigue siendo– en el remate de un chiste.

“Fue más que un error”, escribió el expresidente en unas memorias un par de años después. “Fue un ‘momento decisivo’ de la peor clase que se pueda imaginar. No puedo exagerar lo desalentador y exasperante que resultó todo el evento”, añadió.

Pero lo irónico de los errores de Trump es su claro deseo de eliminarlos. Literalmente. Para alguien que, por cuestión de principios, es reacio a admitir incluso la más pequeña equivocación, el presidente borra repetidamente sus desordenados tuits y los reemplaza con versión editadas.

La semana pasada, su discurso en Twitter contra los medios siguió el libreto habitual de publicar y después borrar. El primer error fue que confundió “there” (allá) con “their” (su) y “too” (también o muy) con “to” (a o hacia).

Escribió que las falsas noticias “se quejan ahora de mis distintos tipos de discursos” y cuando se refirió a Afganistán utilizó el “their” en vez de “there”. Y en la última frase de su discurso escribió que era muy malo para los demócratas que no tuvieran quién cambiara los tonos. El problema es que la palabra correcta era “too” y no “to”.

Lo que llevó a que en redes sociales lo corrigieran.

"Voy a corregir la ortografía de @realDonaldTrump. Un buen lugar para empezar cuando abruman las acciones/retórica dementes.

Their->there
To->too
Me siento mejor".

El primer tuit fue eliminado y corregido. Pero le tomó tres intentos enmendar el segundo error. Y si esto te suena familiar, hace dos semanas Trump provocó una polémica cuando confundió, el ya conocido “heel” con “heal”. Dos veces. En ese momento, el tema era una demostración masiva contra el racismo en Boston.

El mensaje de este entonces decía antes de ser borrado “nuestro gran país ha sido dividido por década (sic), pero se unirá de nuevo. Algunas veces la protesta se necesita para sanar –y aquí escribe “heel” y no “heal”– y sanará –se repite el error”. En el segundo intento le puso la “s” a “décadas” y arregló parte de la redacción, pero no corrigió la confusión entre las otras palabras. Finalmente, después de media hora, Trump envió el mensaje que hoy aparece en su perfil de Twitter y que no tiene ninguno de los anteriores errores.

Pero los errores no se limitan al perfil personal de Trump en Twitter. Documentos, que parecen oficiales, han sido afectados por errores similares. ¿Quién puede olvidar cuando la Casa Blanca anunció sus planes de nombrar al “exgobernador John Huntsman Jr.” de Utah como el nuevo embajador en Rusia? Probablemente no el empleado que escribió el comunicado de prensa: el nombre de Huntsman es “Jon”, sin la “h”.

“Trump acaba de nominar al gov. Jon Huntsman para ser el nuevo embajador en Rusia y la Casa Blanca escribió mal su nombre en el anuncio”.

Y en lo que podría ser uno de los mensajes más importantes de su corta presidencia, cuando acusó al expresidente Barack Obam, de supuestamente haber espiado sus comunicaciones telefónicas, Trump trastabilló en la ortografía. Escribió “tapp” en vez de “tap” (interceptación), que es con una sola “p”.

Lo que nos lleva a la primera pregunta. ¿Está mal –o es elitista, ridículo, hipócrita– criticar los errores gramáticos del presidente? Muchos activistas que se oponen a la agenda de Trump descalifican los comentarios sobre las faltas ortográficas y consideran que es una pérdida de tiempo. En algunos casos incluso, aseveran, puede ser contraproducente. El antiintelectualismo es parte de la marca política de Trump y los masivos reproches sostenidos en Twitter son una manera de reafirmarla.

Por otro lado, la aparente falta de voluntad de Trump para revisar él mismo su ortografía antes de lanzar una opinión o compartir información habla de su personalidad y resalta el proceso en ruinas de comunicaciones que maneja su gobierno. Considera, por último, el famoso "covfefe".

Fue un poco después de la medianoche del 31 de mayo, cuando el presidente introdujo este ¿término?. "A pesar de la constante negativa de la prensa “covfefe”, escribió. Y después no seguía nada en su mensaje. El insomnio en Twitter festejado.

Seis horas más tarde, cuando la palabra misteriosa ya había inspirado muchos memes, Trump volvió sobre la palabra, en lo que se lee como un raro intento de desprecio propio: "¿Quién puede entender el verdadero significado de la “covfefe”?, tuiteó.

Pero, obviamente, no podemos entenderlo. No hay placer ahí. Esa misma tarde, Sean Spicer, el ahora exsecretario de Prensa de la Casa Blanca, pareció negar durante una rueda de prensa que hubiera algún error de digitación.

"El presidente y un pequeño grupo de personas saben exactamente lo que él quería decir", explicó Spicer.

Y, sin embargo, la comprensión nunca se sintió tan lejos.