Cuando se inflaman las amígdalas aparecen las conocidas “anginas”, una dolencia que provoca dolor en la garganta. Las amigdalitis suelen estar causadas por virus, en alrededor del 60% de las ocasiones, y por bacterias, en el 40% restante. El principal factor de riesgo es la cercanía a un paciente que está contagiado.

“La forma más frecuente de transmisión es por un contagio al toser, estornudar o simplemente al hablar”, explica el doctor Francisco Javier Cervera Paz, especialista en Otorrinolaringología de la Clínica Universidad de Navarra.

El especialista explica que si la infección está causada por un virus, produce inflamación de las amígdalas con dolor de garganta, voz gangosa, úlceras en la boca, febrícula, tos, mucosidad nasal, además de malestar general (síntomas como de un “catarro con dolor de garganta”).

Sin embargo, si la enfermedad está provocada por una bacteria, la fiebre suele ser más alta (más de 38,5º), el malestar general y el dolor local más pronunciados, las amígdalas suelen tener exudación (“placas” blanquecinas), y los ganglios del cuello se inflaman de forma más llamativa.

¿Cuándo tenemos que acudir al médico?

"Es aconsejable acudir a una consulta cuando el paciente sea pequeño, tenga síntomas clínicos muy pronunciados, padezca una enfermedad de base mal controlada (diabéticos, inmunodeprimidos…), haya realizado un tratamiento sintomático de tres o cuatro días sin mejoría, o presente algún síntoma de gravedad (convulsiones por la fiebre, dificultad respiratoria, sangrado por la boca…)”, explica.

Las amigdalitis deben tratarse con reposo mientras dura la fiebre, buena hidratación y medicación analgésica, antitérmica y antiinflamatoria. Hay pacientes que no precisan tratamiento antibiótico (los que tienen síntomas de una infección vírica típica: mucosidad, tos, úlceras orales, ronquera...). Por el contrario, los pacientes que tienen tres o cuatro de los síntomas clínicos de infección bacteriana deben tratarse con antibióticos, o en los que se tiene un diagnóstico certero mediante pruebas específicas.

¿En qué caso es necesario operar?
La extirpación de las amígdalas o amigdalectomía es aconsejable cuando los episodios de amigdalitis son tan frecuentes o graves que llegan a afectar a la salud general del niño, llegando a interferir en sus actividades cotidianas.

Por ejemplo, hay niños que tienen episodios de fiebre o convulsiones de forma repetida. Además, en ocasiones, las amígdalas son tan grandes que les dificultan de forma importante la respiración o la deglución, causándoles trastornos del crecimiento o del sueño.

Si las vegetaciones sufren infecciones repetidas o son tan grandes que obstruyen la parte posterior de las fosas nasales o dificultan la ventilación de los oídos, pueden extirparse simultáneamente para evitar estas consecuencias. “La amigdalectomía es un procedimiento muy seguro, con muy pocas complicaciones. Se realiza mediante cirugía ambulatoria (de corta estancia) y los pacientes se recuperan en pocos días”, asegura.