Nota del editor: Kara Alaimo, profesora asistente de relaciones públicas en la Universidad de Hofstra, es autora del libro “Pitch, Tweet or Engage on the Street: Cómo practicar relaciones públicas globales y Comunicación estratégica”. Ella fue portavoz de asuntos internacionales en el Departamento del Tesoro durante el gobierno del presidente Obama. Síguela en Twitter en @karaalaimo. Las opiniones expresadas aquí son de la autora.

(CNN) - Este domingo el presidente Donald Trump retuiteó un video que fue editado para hacer ver cómo él golpeaba una pelota de golf en la espalda de su exrival electoral Hillary Clinton, y la hacía caer.

Sin duda este video tuvo el efecto que él quiso entre algunos de sus seguidores, quienes le prestaron atención y les encantó. Pero también tuvo efecto que tal vez no quería: una audiencia mucho más amplia —más allá de sus seguidores— también prestaron atención pero de una manera muy diferente.

Empecemos con el aspecto más sucio y más ofensivo de esto: el de golpear a una mujer hasta hacerla caer. Visto a través de sus acciones y declaraciones previas (por ejemplo cuando reconoció que “ya saben, retuiteo por una razón”) su retuit del domingo dice que el presidente cree que la violencia contra las mujeres es divertida.

De hecho, cualquier hombre que crea que es gracioso apuntar intencionadamente a una mujer debe ir a un psicoterapeuta, en el mejor de los casos, y no estar en la Casa Blanca. La violencia contra las mujeres, presidente Trump, nunca es graciosa.

Y, aunque sea o no la intención de Trump, hay una buena razón para no promover ni siquiera violencia “en broma”. Muchos estudios han encontrado que las personas que ven violencia en los medios son significativamente más propensos a cometer actos de agresión física contra otros. De hecho, muchos investigadores dicen que el riesgo de la exposición a la violencia que conduce a la violencia real es, como algunos lo han planteado, tan grande como el riesgo secundario del humo del cigarrillo para contraer cáncer de pulmón.

Así que, este domingo, el presidente hizo el mundo un lugar menos seguro para las mujeres.

Lo que nos lleva a este aspecto no intencionado de este garbo infantil para llamar la atención.

En el momento cuando los medios están enfocados en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, el tuit de la pelota de golf sirve para cambiar la discusión nacional de dos de los aspectos más dañinos para el presidente: la pérdida del voto popular contra Clinton y su historia de irrespeto por las mujeres.

Este fue solo el más reciente ejemplo de cómo, cuando se trata de relaciones públicas, Trump es su propio peor enemigo.

Ocho meses después del inicio de su presidencia, Trump aún no ha aprendido algo que le enseño a mis estudiantes en el curso de Relaciones Públicas 1: el Efecto Streisand. El fenómeno fue nombrado por Bárbara Streisand, quien instauró una demanda para que las fotos de su mansión fuera removidas de una base de datos en internet, pero al final muchas más personas vieron las fotos debido a su demanda.

Y de manera similar, si Trump hubiera dejado de hablar del pasado, así lo hubieran hecho los estadounidenses.

En cambio, al responder a cada leve percepción —como el lanzamiento del libro de Hillary Clinton y sus entrevistas esta semana— y continuamente sacar a la luz el pasado, profundiza el daño a su reputación.

Y retuiteando un GIF diseñado para mostrar cómo él la lastimó a ella no hace más que dar crédito a las afirmaciones de Clinton durante su campaña del sexismo desenfrenado del hoy presidente Donald Trump.