(CNN) - La doctora María Rodríguez sacude la cabeza.

Es la directora médica del Concilio de Salud Integral de Loíza, un centro de salud comunitario en una pequeña ciudad en el noroeste de Puerto Rico. Dentro de la clínica, Rodríguez, con el cabello recogido y grandes gafas que le enmarcan los ojos, parece un médico práctico y compasivo. Sin embargo, en este momento está luchando con los problemas que dejó el huracán María.

A Rodríguez le informaron que al centro solo le quedaban seis horas de diesel. Ya ha pasado una semana desde que el huracán María destrozó la isla, y la distribución de combustible ha sido inconsistente en todo Puerto Rico.

Cuando el tiempo se acabe, Rodríguez tendrá que cerrar las puertas del centro médico.

“¿Qué más puedo hacer?”, pregunta ella. “No había visto nada como esto”.

Durante 24 años ha trabajado en este centro de salud, donde cada año se atienden a cerca de 15.000 pacientes desfavorecidos. A pesar de la posibilidad de que haya un apagón, ella y sus compañeros de trabajo tratan de proveer los servicios. En condiciones normales, el centro ofrece todo: desde cuidado primario y servicio de farmacia hasta rayos X.

“Podemos hacer algunas cosas. Tengo un estetoscopio y antisépticos y puedo prescribir. Pero la farmacia no puede funcionar así, necesitan sistema, laboratorios para prescribir medicamentos a esos pacientes”, dice Rodríguez.

“La desesperación que toda esa gente tiene… perdieron todo, en toda la isla”, agrega.

Con la escasez de combustible y energía, ella cree que el problema de salud número uno en los próximos días serán las enfermedades infecciosas. Como las personas que necesitan medicamentos no los reciben, Rodríguez predice que los problemas de salud mental también serán un problema.

Sus presentimientos son compartidos por otros proveedores de salud de la isla que creen que una crisis médica está a punto de explotar.

Pero no es inevitable, ya que se pueden tomar medidas preventivas. Esa es la opinión del doctor Robert Fuller, un médico de medicina de emergencia de la Universidad de Connecticut que hace parte de los cuerpos médicos internacionales.

Un “desorden complicado”

Fuller ha estado en el campo de la medicina durante 27 años y aunque ha estado en escenas de desastre durante varios años, las condiciones de Puerto Rico lo sorprendieron.

“No me di cuenta que los afectados por la tormenta iban a estar en cada esquina”, dice Fuller. “Cada familia ha sido tocada y perturbada de alguna manera. Y el grado de destrucción —el poder que tuvo la tormenta— me tomó por sorpresa”.

Las comunidades quedaron golpeadas por la tormenta, dice él, pero son el combustible y la electricidad los que están causando más problemas.

“Si tuviéramos una buena logística y buenas comunicaciones, las cosas probablemente podrían mejorarse un poco más rápido”, dice Fuller. Sin embargo, la falta de esas cosas podría llevar a un problema médico ya que los medicamentos no pueden entregarse donde se necesitan.

Puerto Rico es un “desorden complicado” en este momento, dice él. Fuller ha conducido alrededor de la isla y ha visto cables caídos, que harán más difícil que la luz vuelva a los hogares. Y está de acuerdo con que la distribución de combustible, es aún un problema.

Fuller ha visto muchos doctores y enfermeras en la isla, así que la emergencia médica no es cuestión de recursos humanos. “Es cuestión de darles medicinas y tratamientos a las personas”, dice él.

En el corto plazo, las personas con diabetes que no tienen acceso a la comida apropiada y medicamentos, son los más vulnerables, dice él. Una semana sin insulina, medicina que requiere refrigeración y una aguja, puede llevar a un coma, que a su vez puede llevar a la muerte, dice él.

Las personas que necesitan diálisis también pueden estar en problemas.

"Está por explotar"

En el Hospital de Niños San Jorge, en San Juan, la sala de espera algunos pacientes ocupan las sillas. En una habitación, un bebé llora. Durante 27 años, Domingo Cruz Vivaldi, director ejecutivo, ha hecho de este hospital su vida.

Cruz Vivaldi dice que aunque la estructura misma no sufrió tanto con el huracán María, el problema principal es que el hospital necesita energía eléctrica.

Él explica que después de María, el hospital depende 100% del diesel para alimentar su generador de energía eléctrica.

Hace un par de días, el hospital se quedó sin diesel y quedó durante cuatro horas sin electricidad, pero lograron tener ayuda de un hospital de cercano que les envió 1.200 galones de diesel, dice Cruz Vivaldi. “Eso nos salvó”.

El ejército de Estados Unidos también envió al hospital suplemento de combustible para tres días.

“Estamos recibiendo ayuda, pero necesitamos más ayuda”, dice él. “Cuando la energía eléctrica vuelva, seremos capaces de recuperarnos más rápido”.

Puerto Rico aún no tiene un problema médico, dice Cruz Vivaldi. Sin embargo,a medida que la gente repara sus casas y hace filas para obtener comida, es solo cuestión de tiempo que ocurra.

“Está a punto de explotar”, dice él. Los pacientes en casa que no están recibiendo la atención apropiada podrían enfermarse más. Él predice que un influjo de pacientes puede empezar a llegar en octubre y, dice, el número de pacientes puede triplicarse o cuadruplicarse entre octubre, noviembre y diciembre.

Y aunque el sistema de salud en Puerto Rico ya era débil antes del huracán, según Cruz Vivaldi, los problemas pueden agrandarse.

“Necesitamos más fuerzas federales y armadas aquí en la isla”, dice Cruz Vivaldi.

Entre tanto, Fuller es más pragmático. Él dice que los estadounidenses que quieran ayudar a la gente de Puerto Rico deben hacerlo enviando dinero.

“No envíen cosas, envíen dinero. El dinero llega barato y puede volverse en cualquier cosa que necesitemos instantáneamente. Y no se queda en un hangar sin usar”, dice Fuller. “Obtienes mucho más valor por el dinero ... incluso aunque no sea emocionalmente satisfactorio”.