(CNN) - El presidente Donald Trump empezó dos días de consuelo este martes, viajando a la devastada Puerto Rico antes de llegar a Las Vegas a un tipo diferente de desastre en el lugar donde ocurrió la masacre más mortal en la historia moderna de Estados Unidos.

Es el momento del mandato de Trump en el que se necesita más alivio, y ha estado marcado más por el avivamiento de las divisiones que por muestras de empatía. Sin embargo, este lunes Trump labró un precedente presidencial, dejando un sentimiento unificador durante una solemne alocución en la Casa Blanca.

La primera dama de EE.UU., Melania Trump, junto al presidente Donald Trump en un minuto de silencio por las víctimas de la masacre en Las Vegas, este 2 de octubre.

“Nuestra unidad no puede ser destruída por el mal, nuestros vínculos no pueden romperse por la violencia”, dijo Trump. “Y aunque sintamos tanta ira por la muerte insensata de nuestros ciudadanos estadounidenses, es nuestro amor lo que nos define hoy… y siempre lo hará, para siempre”.

Sus consejeros esperan que estos dos días sean una prueba emocional para el presidente, que ya ha tenido que enfrentar la devastación en Puerto Rico o la de Las Vegas desde que llegó a la Oficina Oval en enero de este año. Funcionarios de la Casa Blanca consideraron inicialmente cancelar su viaje a Puerto Rico después del tiroteo en Nevada, pero al final decidieron que Trump debía seguir con su visita a la isla. Trump llegó este martes en la mañana a la isla.

Durante los momentos de duelo nacionales, los presidentes de Estados Unidos usualmente se alejan de la retórica política divisiva para consolar a los estadounidenses y proyectar un sentido de que los ciudadanos del país comparten un vínculo común.

Algunas veces eso incluye hacer elogios o atender los servicios fúnebres de las víctimas o evaluar los daños después de un gran desastre natural.

Consolar a los estadounidenses en lo que es el peor momento de sus vidas es una habilidad que a los presidentes les toma tiempo desarrollar, y exige una cuota de emociones, según dicen los antiguos poseedores de este trabajo.

Trump ha asumido esta labor en varios momentos durante sus primeros ocho meses en la presidencia. Pero sus viajes del martes y miércoles serán las pruebas más pesadas para probar su capacidad de proyectar tristeza y resolución al mismo tiempo, y a su vez, un indicador de su voluntad de abandonar la política retórica grandilocuente que le ha inyectado a casi cada situación que ha tenido que enfrentar desde que se volvió presidente.

Puerto Rico

Su viaje a Puerto Rico ha provocado una disputa con la alcaldesa de la capital de la isla por los esfuerzos de socorro, que Trump insiste que han procedido sin fallas, pero que Carmen Yulín Cruz ha criticado.

El territorio estadounidense permanece destrozado después del huracán María, con falta de agua y de combustible y la mayor parte de la isla sin energía eléctrica. Pero Trump reaccionó duramente este fin de semana por los comentarios de Cruz que sugerían que a la isla aún le faltaba una ayuda general robusta.

“Qué pobre capacidad de liderazgo de la alcaldesa de San Juan, y otros en Puerto Rico, que no son capaces de hacer que sus trabajadores ayuden”, tuiteó este sábado Trump. “Quieren todo hecho cuando debería ser un esfuerzo comunal”.

Funcionarios del gobierno sugirieron que Cruz se había rehusado a participar en las sesiones informativas de FEMA, optando en cambio aparecer en televisión. La alcaldesa, en cambio, insistió en una entrevista con CNN que no se dejaría distraer por “comentarios pequeños, políticas o pequeños problemas”.

Sin embargo, Cruz aceptó este martes una invitación de Trump para participar de una sesión informativa.

La amarga disputa reflejó una ruptura brusca respecto cómo otros presidentes han reaccionado a las críticas a la atención que le han dado a los desastres naturales. El presidente George W. Bush fue criticado severamente por su respuesta con el huracán Katrina en 2005, que incluyó lo que en retrospectiva fue una alabanza equivocada para el entonces director de FEMA.

“Brownie, estás haciendo un trabajo del demonio”, le dijo Bush al entonces director de FEMA Michael Brown. Pero Bush no criticó a los funcionarios locales enfurecidos cuando abogó con el gobierno federal para obtener más ayuda.

En Puerto Rico, sin embargo, más allá de la pelea con la alcaldesa de San Juan, Trump alabó abiertamente la respuesta de su gobierno, a pesar de las evidentes deficiencias en la isla.

“Hemos hecho un trabajo genial con la situación casi imposible en Puerto Rico”, tuiteó este fin de semana.

El tiroteo masivo más mortal de la historia moderna de Estados Unidos

En Las Vegas este miércoles, Trump confortará una tragedia diferente provocada por un hombre que disparó indiscriminadamente durante un festival de música country, matando a más de 50 personas. Trump anunció que estaría en Las Vegas durante un discurso matinal desde la Casa Blanca.

“Es un momento muy triste para mí, para todo el mundo”, dijo Trump. “Para todo el mundo, no importa dónde estés, no importa cuál sea tu proceso de pensamiento, es un día muy, muy triste”.

Los presidentes se han enfrentado a los tiroteos masivos de manera diferente ya que se han vuelto más comunes en las últimas dos décadas. El presidente Barack Obama, durante sus dos gobiernos, tuvo una evolución que pasó de expresar sus sentimientos de rabia y tristeza, a promulgar nuevos controles de armas, hasta —al final de su mandato— resignarse a que los líderes políticos del país carecieran de la voluntad de hacer cambios significativos.

Durante los servicios fúnebres del reverendo Clementa Pinckney, una de las víctimas de la masacre en la iglesia de Charleston en junio de 2016, Obama mostró sus emociones mientras cantaba Amazing Grace, resumiendo el dolor del país.

Trump aún tiene que demostrar ese tipo de sentimiento como presidente. Las primeras declaraciones públicas de Trump sobre el tiroteo de Las Vegas fueron sumisas. Inicialmente no habló sobre el tirador, a quienes las autoridades identificaron como Stephen Paddock, de 64 años, aunque se refirió a él este martes como un “individuo muy, muy enfermo”.

Y evitó la discusión sobre el control de armas, incluso aunque los demócratas y activistas insistieran en que los legisladores de Washington confrontaran de nuevo la disponibilidad generalizada de armas de asalto.

El presidente no respondió las preguntas de los reporteros sobre si el tiroteo era un acto de terrorismo doméstico. En cambio, Trump usó un lenguaje más amplio para reconocer la ansiedad y el sinsentido que rodean el ataque.

“Incluso la más terrible desesperación puede ser iluminada por un solo rayo de esperanza”, dijo este lunes.

Fue definitivamente un tono muy diferente al que adoptó después de los tiroteos masivos que ocurrieron cuando era candidato a la presidencia el año pasado. Después de los ataques de San Bernardino, California, y el de Orlando, Florida, Trump usó un momento para endurecer su posición sobre el terrorismo islámico radical.

A diferencia de los incidentes en San Bernardino u Orlando —ambos llevados a cabo por musulmanes-estadounidenses— el perpetrador de Las Vegas era un hombre viejo blanco. Sara Sanders, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, dijo este lunes que era muy pronto para determinar si el incidente podía ser considerado terrorismo doméstico.

Y le atribuyó el tono más apagado de Trump después del incidente de Las Vegas a su elevada posición.

“Creo que hay una diferencia entre ser el candidato y ser el presidente”, dijo Sanders.

- Elizabeth Landers de CNN contribuyó con este reporte.