(CNN) – Tina Frost y su novio estaban entre las miles de personas que asistieron al festival de música country Route 91 Harvest, en la zona The Strip de Las Vegas.

La pareja llegó con un grupo de amigos y estaban allí para disfrutar de una noche de diversión, música y buena compañía.

Pero en la noche del pasado 1 de octubre, mientras se presentaba la estrella del country Jason Aldean, estallaron los disparos y una lluvia mortal de balas empezó a caer sobre la multitud. Frost, de 27 años, fue una de las casi 500 personas que resultaron heridas en medio de la masacre: una bala alcanzó la parte superior de su ojo derecho.

Su novio, Austin Hughes, estaba ileso y con la ayuda de un extraño logró llevar a Frost a un camión cercano. Hughes presionó con su camiseta la herida de Frost hasta que pudieron llegar a un hospital.

58 personas perdieron su vida, luego de que el atacante Stephen Paddock disparara una y otra vez contra los asistentes al concierto, que se convirtieron en una masa presa del pánico. De alguna manera, Frost logró seguir con vida. Y, acotó su padre, su historia de supervivencia se trata justamente de vencer todas las probabilidades.

“Me dijeron que el 90% de las personas que sufrían un disparo como el de ella morían”, le relató Rich Frost al periódico Las Vegas Review-Journal. “Bueno, pues parece que ella está en el 10%… está progresando muy despacio, pero con seguridad”, añadió.

“Es una luchadora”

Desde la masacre, la familia de Frost ha recibido una avalancha de apoyo: hasta el pasado jueves las donaciones sumaban más de 512.000 dólares, para ayudar a cubrir los costos médicos y de otro tipo. Sin embargo, las muestras de amor y unidad no han podido aliviar el dolor que siente su madre, Mary Moreland.

“Lo entregaría todo por recuperar a mi hija”, aseguró Moreland, mientras su voz se quebraba por la emoción. “Es abrumador”, añadió.

Remover la bala también implicó quitarle el ojo derecho a Frost, según los detalles del caso publicados en la página que creó la familia en la plataforma GoFundMe. Y para ayudar a que su cerebro pudiera desinflamarse, le removieron además un hueso de su frente, que será reemplazado en algunos meses. Pero la bala que destrozó la vida de Frost siempre estará con ella.

“Tendrá pedazos de la bala en su cerebro para siempre”, indicó Moreland. De hecho, se necesitará cirugía reconstructiva para poder reparar su rostro y sus ojos.

Pensando en ese procedimiento, el neurocirujano de Frost, Keith Blum, contactó a la compañía de biotecnología KLS Martin Group. La empresa aceptó donar los implantes quirúrgicos necesarios para reparar su rostro, según Las Vegas Review-Journal.

Nacida en Maryland, Frost todavía está siendo evaluada por daño cerebral. Y aunque ya ha mostrado alguna mejoría, se espera que su recuperación sea una larga y dura batalla. Se encuentra en una condición crítica, pero estable, de acuerdo a lo que informó su padre este jueves a través de Facebook Messenger.

Debido a la gravedad de las heridas, Moreland explicó que agradece que su hija esté viva. “Es muy duro. Cuando la vi por primera vez, todo lo que pude hacer fue mantener la compostura. Pero ella es una luchadora y no importa cómo se vea, lo importante está aquí”, concluyó la madre señalando su corazón.

Josiah Ryan de CNN contribuyó a este informe