Lawrenceville, Georgia (CNN) — Veinte segundos fue todo lo que tomó matar a Dustin Manning de 19 años.

Sus devastados padres Greg y Lisa Manning, dicen que el reporte de toxicología encontró que había consumido una mezcla de heroína y fentanilo, un opioide sintético tan potente que menudo puede ser fatal.

La cantidad de fentanilo en su cuerpo era el equivalente a tres granos de sal. Cantidad suficiente para matar a un joven de más de 80 kilos”, afirma Greg Manning.

Dustin murió el viernes 26 de mayo en Lawrenceville, un suburbio en las afueras de Atlanta.

A las 6:09 am los paramédicos recibieron una llamada con informes de un adolescente que estaba inconsciente. Dustin estaba muerto.

“Le dije que lo despertaría temprano para ir a trabajar, vine alrededor de las 5:45 para despertarlo y cuando abrí la puerta, parecía como que se estuviera atando los zapatos. Rápidamente me di cuenta, lo tomé y estaba frío”, explica Greg Manning.

Lisa Manning estaba en el gimnasio cuando recibió la llamada de su esposo. “Dijo ‘Dios mío, Dios mío, llama al 911’, no hice ninguna pregunta. Lo sabía”.

Menos de una hora después, a las 6:53 am, otra llamada ingresó al 911.

A menos de un kilometro de distancia, Joseph Abraham de 18 años fue encontrado desplomado en el suelo, por sus padres David y Kathy Abraham. No tenía pulso.

“Empecé a gritar y a gritar y a gritar, ¡Joe, Joe, despiértate hombre! y luego me di cuenta que algo estaba mal”, explica Dave Abraham.

“Tan pronto como lo vi, lo supe y simplemente corrí y comencé a abrazarlo y pude ver que estaba frío”, afirmó Kathy Abraham.

“Dave estaba al teléfono con el 911 y le dije ‘es demasiado tarde, ya no podemos hacer nada’”, agregó, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

Amigos de infancia

Dustin Manning y Joseph Abraham eran amigos de infancia. Jugaron en el mismo equipo de pequeñas ligas. Durante dos años, el padre de Joseph los entrenó.

Pero en la escuela secundaria ambos empezaron a incursionar en las drogas.

Los Abrahams creen que su hijo tuvo su primera dosis de opioides cuando le removieron su muela de juicio. Le prescribieron la droga nuevamente cuando se rompió el tobillo, y más tarde su mano, practicando deportes.

“Cuando recibes la prescripción de un doctor, por lo general confiamos en ella”, afirma Kathi Abraham.

Ella cree que Joseph se volcó a las drogas luego de lidiar con dos grandes tragedias a tan corta edad.

“Perdió a dos de sus buenos amigos en octavo grado, uno de cáncer y el otro por ahogamiento. Realmente atravesó un tiempo difícil. Lidiaba con eso”, explicó.

A la edad de 12, Dustin dijo a sus padres que sentía que estaba sufriendo de depresión. Poco después empezó a beber cerveza y consumir drogas.

“Nos decía que las drogas le dieron “la salida” y le hacían sentir bien”, dijo Lisa Manning.

Ambos padres buscaron ayuda en centros de rehabilitación, no solo una, sino varias ocasiones. Lisa Manning incluso empezó a trabajar en uno de los centros para mantener a la vista a su hijo y entender mejor la adicción.

Pero Dave Abraham asegura que el tratamiento no fue suficiente para ganar la batalla de su hijo.

“Una vez que toman opioides hay un cambio en su cerebro, se voltea y para volver a cambiar podría tomar hasta cinco años, y la mayoría de los tratamientos son de 35 días y nuevamente están fuera”, afirma.

De acuerdo con ambos padres, Dustin y Joe no habían estado en contacto en los últimos años, sin embargo aparentemente compraron la droga que los mató al mismo traficante. De acuerdo a los informes policiales, el envoltorio de algunas pastillas era casi idéntico.

Hubo temor en la comunidad de que otros chicos pudieran haber comprado la misma droga.

Perdida potencial

A medida que los padres empezaron a tener una visión del mundo de la adicción de los opioides, se dieron cuenta de que obtener la droga es rápido y fácil.

Como muchos padres, tenían altas esperanzas para sus amados hijos y su gran potencial.

Al recorrer la habitación de su hijo, Lisa Manning señala una bandera de Estados Unidos en la pared. “Esta bandera era simbólica para él. Siempre quiso alistarse al servicio armado, siempre quiso ingresar a la Marina. Hubiese sido un gran infante de marina”, asegura, tras un profundo respiro.

“Joe era un joven sensible, era gracioso y tenía un gran corazón”, recuerda Kathy Abraham. “Él amaba pescar,  amaba las caminatas al aire libre. Él pudo haber hecho lo que quisiera. Ea muy inteligente y estaba avanzado en las clases”.

Dave Abraham agrega: “Él podía ver un video en YouTube e ir y tocar la canción en el piano. Muchos padres enseñan a sus hijos a pescar. Joe fue quien me enseñó a pescar”.

Comunidad en estado de shock

Las esperanzas para el futuro de sus hijos se desvanecieron en un instante.

“Esto ocurrió a unas cuantas casas de distancia una de otra, dos jóvenes en la misma mañana. La comunidad estuvo en total estado de shock”, dijo Kathy Abraham.

Los padres ahora asisten a un grupo de ayuda para personas que han perdido hijos por causa de los opioides. Y como una señal de los tiempos, el grupo crece en tamaño cada mes.

El Centro de Control de Enfermedades y Prevención calculan que las muertes por sobredosis de droga alcanzaron las 64.000 personas en 2016. Muchas de estas sobredosis involucraron opioides.

El fentanilo, que es 50 a 100 veces más potente que la morfina, fue ideado para tratar el dolor crónico. Una pequeña cantidad puede ser fatal.

El número de personas muertas por fentanilo ha aumentado de 3.000 a 20.000 en solo tres años, un incremento de 540%.

El presidente Trump declaró la adicción a los opioides como una emergencia de salud pública, lo que los funcionarios dicen que permitirá al gobierno federal levantar algunas regulaciones y dar a los estados mayor flexibilidad en cómo usan el dinero federal.

Como muchos críticos, la familia Manning y la familia Abraham dicen que no es suficiente.

“Este es solamente un paso, un pequeño paso”, asegura Greg Manning.

“El problema con el tratamiento ahora mismo es que el porcentaje de éxito es muy bajo. Cuanto más tiempo permanecen en tratamiento, el éxito del tratamiento aumenta”, afirma Dave Abraham.

Piden, además, castigos más severos para los traficantes.

“Estas drogas están matando personas y hay muchos traficantes alrededor”, dice Kathy Abraham.

“Para mí es veneno o muerte, y cualquiera que vende fentanilo debería recibir condena de por vida”, agrega su esposo.

Estos padres creen que la prevención es la clave y la educación debe empezar tan temprano como en el quinto grado.

Ellos han empezado a generar conciencia en su comunidad con la esperanza de que puedan salvar a otra familia de sufrir la pérdida de un hijo.

Mientras intentan contener las lágrimas, Lisa Manning y Kathi Abraham, coinciden en que sus vidas han cambiado para siempre.

“Te cambia. Nunca más serás la misma persona. Nunca más seré la que fui. Es como un cuchillo clavado en el corazón”, dice Lisa Manning.

“Quisimos tener dos hijos porque queríamos que se tuvieran el uno al otro”, dice Kathy Abraham mientras llora. “Ahora Matthew es nuestro único hijo”.