(CNN) – Este lunes, Paul Manafort, el exjefe de campaña presidencial de Donald Trump, fue acusado de lavado de dinero y de proveer información falsa en informes de cabildeo, entre otros delitos.

La acusación, largamente esperada, es el primer ejemplo de los cargos presentados por el fiscal especial Bob Mueller, quien se encuentra investigando la supuesta interferencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016 y si existió una conspiración entre la campaña de Trump y el gobierno de Rusia.

Eso, sumado al alto cargo y al papel central de Manafort en la campaña de Trump, hace que se trate de una GRAN noticia. Pero, también es importante tomarse un momento para detallar lo que estos cargos contra Manafort demuestran acerca la campaña de Trump y lo que no.

Empecemos con lo que sí prueban con respecto al hoy presidente de Estados Unidos.

Trump contrató a Manafort en la primavera de 2016. En ese momento, el ahora mandatario trabajaba para ganar lo que entonces era visto como una probable pelea de delegados entre el senador de Texas Ted Cruz y él, en la Convención Nacional Republicana.

Manafort tenía dos cosas que Trump necesitaba: un conocimiento de la clase dirigente de Washington y la disposición de trabajar para Trump. (Montones y montones de personas del establecimiento en Washington, incluso en aquel entonces, no entrarían ni una milla en la campaña de Trump).

Manafort también había demostrado durante mucho tiempo su voluntad de trabajar para polémicos o autoritarios líderes y empresarios extranjeros con pasados ​​cuestionables. Algo que fue muy evidente a raíz de su participación en Ucrania, donde representaba intereses a favor de los rusos.

Nadie –y quiero decir absolutamente nadie– en la política de Washington desconocía los antecedentes de Manafort. Lo que lleva a una de dos posibles conclusiones sobre Trump (y ninguna es buena):

Sabía sobre el pasado sospechoso de Manafort y no le importó (o pensó que no era grave)

No sabía sobre el pasado sospechoso de Manafort

Ahora, no estoy seguro de cuál hace quedar peor a Trump. Bajo el primer escenario, el hoy presidente está dispuesto a pasar por alto las dudas que sus consejeros plantearon frente a las cuestiones que implicaría poner a Manafort en un puesto tan importante. En el segundo, Trump simplemente no hizo la investigación necesaria antes de contratar a alguien de ese nivel.

En cualquier caso, la acusación de Manafort –así como la de Rick Gates, un protegido de Manafort que sirvió como enlace entre la campaña de Trump y el Comité Nacional Republicano, incluso después de que Manafort renunciara en agosto de 2016– despierta preguntas reales sobre el juicio de Trump a la hora de nombrar personas en los niveles más altos, no solo de su campaña sino también del gobierno federal.

En repetidas ocasiones, Trump provocó que su juicio para elegir personas fuera un tema en su campaña. “Me voy rodear únicamente con las mejores personas y las más serias”, le dijo el mandatario al diario The Wahington Post durante la carrera presidencial de 2016. “Queremos profesionales de primera categoría”, insistió.
Y esa cita parece estar a millones de kilómetros de la acusación contra Manafort.

Ahora veamos lo que la acusación no prueba sobre Trump.

Nada en lo que se ha revelado hace alguna mención a la supuesta conspiración rusa. Aunque es posible que las futuras acusaciones –si es que llegan– indaguen en ese territorio, esta no lo hace

Y la Casa Blanca ya está aprovechando ese ángulo. “Lo de hoy no tiene nada que ver con la Casa Blanca”, le aseguró una fuente del gobierno a Jim Acosta de CNN.

No podemos olvidar que Trump ha sido insistente –de hecho lo dijo este domingo en su cuenta de Twitter– frente a que no hay pruebas (y no las habrá) de la supuesta conspiración entre su campaña y los rusos. La acusación de Manafort se refiere específicamente a transacciones financieras, lavado de dinero, y otros asuntos. Eso le permite a Trump insistir en que lo que hizo su exjefe de campaña se refiere únicamente a su antiguo colaborador y no está relacionado ni con él mismo ni con la campaña de 2016.

Pero también es importante tomar una pausa aquí y recordar que es probable, aunque no seguro, que estemos apenas en el comienzo de los procedimientos legales que se derivarán de la investigación del fiscal especial Mueller. No al final de los mismos. Lo que significa que sacar conclusiones apresuradas sobre lo que la acusación de Manafort revela sobre la indagación más amplia de Mueller resulta un error.

Lo único claro es: cuando el exjefe de tu campaña es acusado de delitos de lavado de dinero y de proveer información falsa en los informes, nunca será un buen día para tu presidencia. Aunque, y esto también queda claro, al menos por ahora la acusación contra Manafort está lejos de ser el peor escenario para Trump.