Nota del editor: Gayle Tzemach Lemmon es integrante del Consejo de Relaciones Exteriores y autora de "Ashley's War: The Untold Story of a Team of Women Soldiers on the Special Ops Battlefield" (La guerra de Ashley: La historia no contada de un equipo de mujeres soldado en el campo de batalla de las fuerzas especiales). Las opiniones expresadas en esta columna son solo las de la autora.

(CNN) - La semana pasada se dio una gran discusión sobre las guerras de Estados Unidos. Pero se habló mucho menos de la paz. Y en una era de rencor partidista y de valiosas victorias sobre los republicanos y demócratas, la legislación ha puesto a un grupo en particular en la mesa de negociaciones para que se gane el apoyo de ambos partidos: las mujeres.

De hecho, el presidente Donald Trump firmó hace poco la Ley de Mujeres, Paz y Seguridad de 2017, un proyecto de hace años, apoyado por republicanos y demócratas, que tiene como objetivo fortalecer, apoyar y promover el rol de las mujeres en los diálogos de paz y la estabilidad de la posguerra.

La idea respaldada por investigación basada en datos– es que cuando las mujeres son parte de las discusiones que se hacen para terminar una guerra, existen más posibilidades de que termine esa guerra y de que se logre una paz justa que incluya a toda la población, no solo a la mitad.

Es una buena idea, no solo porque la mitad de la población debería tener voz y voto cuando su país pelea por su futuro. Las oportunidades de asegurar la estabilidad y construir la paz crecen cuando las mujeres están incluidas en el proceso. Un estudio realizado por el Instituto Internacional de Paz halló que los acuerdos de paz tienen más probabilidad de durar al menos 15 años cuando tienen en cuenta a las mujeres.

En temas de seguridad, las mujeres suelen ser como el canario dentro de una mina de carbón. Hace dos años, meses antes de que las autoridades militares de EE.UU. comenzaran a hablar del rol de ISIS en Afganistán y años antes de que lanzaran “la madre de todas las bombas”, Wazhma Frogh líder de la sociedad civil y activista de los derechos de las mujeres– me escribió para contarme de los panfletos de ISIS en Nangarhar. Frogh me dijo que las mujeres activistas en el área habían escrito para denunciar que el extremismo se había tomado su barrio, y que había muy poco para detenerlo.

Pero a pesar de su presencia en las primeras líneas de batalla de los extremistas, las conversaciones de paz han excluido, obstinadamente, a las mujeres. Como Jamille Bigio escribió hace poco en Newsweek:Entre 1992 y 2011, las mujeres representaron menos del 4% de los firmantes de los acuerdos de paz y el 9% de los negociadores”.

Las últimas conversaciones sobre el futuro de Siria no incluyeron a ninguna mujer.

La Ley de Mujeres, Paz y Seguridad busca cambiar eso. Apunta a la tradición de mantener a las mujeres fuera de los diálogos de paz, como un medio para hacer que la paz sea más duradera. Liderada por las representantes Kristi Noem (republicana) y Jan Schakowsky (demócrata) y los representantes Ed Royce (republicano) y Eliot Engel (demócrata), dice que EE.UU. debe “promover la participación significativa de las mujeres en todos los aspectos de la prevención, gestión y resolución de los conflictos en el extranjero, así como en los esfuerzos de recuperación y ayuda durante el posconflicto”.

Para ayudar a hacer realidad estas palabras tan elevadas, se requiere que el Departamento de Estado y el Pentágono capaciten a los miembros de sus equipos sobre la importancia de que las mujeres participen en todo lo relacionado con la seguridad del país.

La ley también pide que el gobierno de EE.UU. aliente a gobiernos aliados para que adopten planes de acción nacionales y se unan así a los 69 países que ya han lanzado planes para aumentar la participación de las mujeres en los procesos de paz y mejorar su protección durante las transiciones del posconflicto.

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Es un gran comienzo, con un esperanzador apoyo en ambos lados del pasillo. Pero es solo el comienzo. Un informe reciente de mis colegas del Consejo de Relaciones Exteriores insta a que el gobierno de EE.UU. se meta las manos al bolsillo y destine el 15% a la ayuda relacionada con los conflictos a promover la participación y protección de las mujeres, y para que reporte cada año los gastos que hace en mujeres, paz y seguridad y garantice que las mujeres representen al menos el 30% de todas las delegaciones de paz y seguridad de Estados Unidos.

Esto es importante no solo para Estados Unidos, sino para aquellas naciones con guerras y para la promoción de la estabilidad global, que puede evitar que los estadounidenses tengan que servir en el extranjero, en primer lugar.

Gracias a esta legislación, si EE.UU. busca desempeñar un papel en terminar las guerras de Afganistán, Siria y más allá, ahora tiene otra herramienta para lograrlo. Todos nos beneficiaremos si las voces de las mujeres que luchan por sus propias comunidades logran ser oídas en el camino para construir una paz que no sea efímera, sino que dure lo suficiente como para darle una oportunidad a la siguiente generación.