(CNNTech) – Una flota de embarcaciones no tripuladas está navegando desde el Ártico hasta el Ecuador: todo para recopilar datos vitales sobre el cambio climático.

Las naves autónomas, llamadas “Saildrones”, parecen brillantes tablas de surf rojas. Cada una está equipada con una vela de carbono de 6 metros de altura y 16 sensores que recogen pruebas de indicadores como dióxido de carbono, acidez, corriente y temperatura del agua.

Los drones, que navegan a una velocidad entre los 4,8 y 8 kilómetros por hora, hacen un trabajo que típicamente se reservaba para barcos de investigación con tripulantes, pero su costo es mucho menor.

Según Saildrone, con sede en California, estos drones pueden ser operados por tan sólo el 5% del valor que costaría navegar una embarcación tripulada. En septiembre pasado, la compañía recaudó 14 millones de dólares en inversiones de impacto.

“Más allá de su significativa demanda comercial en industrias que van desde la pesquera hasta los gobiernos, (Saildrone) ayuda directamente a medir y, por lo tanto, a combatir los efectos del cambio climático”, explicó Chamath Palihapitiya, fundador y director ejecutivo de Social Capital, empresa que ha invertido en Saildrone.

Los Saildrones están diseñados para sobrevivir a condiciones extremas de huracanes.

Pero esa no es la única empresa produciendo drones oceánicos.

Liquid Robotics, propiedad de Boeing, construye los "Wave Gliders": drones similares a las tablas de surf, que son impulsados por las olas y la energía solar, en lugar del viento. Las naves más pequeñas han cubierto más de 2,5 millones de kilómetros.

Por su parte, Saildrone ha registrado una distancia más modesta de 185.200 kilómetros, desde que la empresa fue fundada en 2012. Este año, la empresa desplegó 20 drones para sus clientes, entre los que se encuentra la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés).

En julio pasado, la NOAA envió dos Saildrones a una misión de seis meses en el Ecuador para estudiar el fenómeno climático conocido como “El Niño”. Otros dos navegaron hasta el océano Ártico para monitorear el deshielo y para contar peces, focas y ballenas.

Saildrone también trabaja con la NASA para calibrar satélites que puedan medir la salinidad desde el espacio, así como con la Marina de Estados Unidos para detectar submarinos que podrían usarse con el objetivo de ingresar drogas ilegales.

“La idea es que una flota de Saildrones puedan quedarse en el mar permanentemente... y extender una suerte de control fronterizo”, aseguró Sebastian de Halleux de Saildrone.

La ambición de la empresa es escalar rápido.

“Nuestra objetivo es desplegar 1.000 Saildrones y eso nos daría en tiempo real, en alta resolución, el pulso del planeta”, afirmó de Halleux.