Beijing (CNN) - En el primer aniversario de su elección, el presidente Donald Trump tocó tierra en el país que más calumnió durante su campaña presidencial.

Y fue recibido con brazos abiertos: la recepción de Trump en la capital china este miércoles tuvo a un grupo de niños de escuelas chinas en la pista de aterrizaje ondeando banderas estadounidenses y chinas, y otros gritándole“lo amamos” al presidente de Estados Unidos.

Su llegada estuvo llena de una inconfundible sensación de ironía. Pero también subrayó las realidades geopolíticas que Trump ha tenido que confrontar como presidente. Aunque el alivio de esta visita es que aún no ha promulgado muchas de las duras medidas a las que se comprometió durante casi toda su campaña electoral.

“No podemos seguir permitiendo que China viole nuestro país y eso es lo que están haciendo. Es el ladrón más grande de la historia del mundo”, dijo en un evento de campaña en mayo de 2016.

Pero Trump aún no ha impuesto los aranceles de dos dígitos a las importaciones chinas. Parece haber abandonado completamente sus planes de etiquetar a China como un manipulador de divisas. Y no ha tomado represalias contra las prácticas comerciales abusivas de Beijing con medidas draconianas, como presagiaba alguna vez en campaña.

Pero en cambio, el gobierno de Trump se ha inclinado mucho más hacia el diálogo con China —en especial las conversaciones directas con su homólogo, el presidente Xi Jinping— en vez de aplicar otros poderes más dramáticos que le ha dado otorgado la presidencia.

Esa relación continuó este miércoles cuando Trump llegó a China a una recepción que los funcionarios chinos llamaron el inicio de una “visita de Estado plus” que incluyó una elaborada serie de representaciones teatrales programadas para coincidir con la puesta de sol en pleno  corazón de la histórica Ciudad Prohibida de Beijing.

Trump era todo risas y sonrisas, intercambió bromas con Xi Jinping y se rió durante algunas partes de la actuación. A la hora del té, Trump y Xi disfrutaron video clips de la nieta de Trump cantando y recitando poemas antiguos en chino.

“Nos estamos divirtiendo mucho”, les dijo Trump a los reporteros.

Sentando bases

En los 10 meses de su presidencia, el gobierno de Trump ha sentado las bases para que se tomen fuertes medidas represivas que dejarían furiosos a los funcionarios chinos. Pero hasta el momento, Trump no ha apretado el gatillo.

El gobierno ha iniciado investigaciones comerciales sobre las importaciones de acero y aluminio y sobre el presunto robo chino de propiedad intelectual estadounidense. Pero aunque esas acciones son una señal de la seriedad del gobierno de contener los abusos del comercio chino, el seguimiento, hasta ahora, ha fallado, esperando una acción presidencial para imponer aranceles u otras medidas para proteger las industrias estadounidenses.

Trump no ha ofrecido indicios de que su postura sobre China haya cambiado o de que considere que la central eléctrica asiática sea menos destructiva para la fabricación estadounidense o que amenace el continuo dominio económico de Estados Unidos. De hecho, sigue atacando el déficit comercial de su país con China y sugirió que pronto podrían tomarse medidas más decisivas.

Pero la presidencia tiene una manera de llevarle la realidad incómoda a la persona más poderosa del mundo, como como el destino indiscutiblemente entrelazado de las economías de los Estados Unidos y China. O la importancia de enristra el apoyo de China al confrontar la amenaza nuclear de Corea del Norte.

Pocos hechos han causado más desacuerdo durante el gobierno de Trump que el comercio y Corea del Norte. Y pocas relaciones han sido un mejor ejemplo de ese conflicto que el de Estados Unidos y China.

El esfuerzo —que ha sido acribillado con los elogios públicos de Trump a Xi y horas dedicadas a construir una relación personal con el líder chino— ha dado resultados ya que China ha ido más allá al sancionar a Corea del Norte y respaldar la campaña de presión encabezada por Estados Unidos.

Y el hecho de que China se haya adherido a las nuevas sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se produjo solo después de que la Casa Blanca retrasara una medida para iniciar una investigación sobre el presunto robo de propiedad intelectual en China.

Sin embargo el gobierno de Trump sigue creyendo que China puede hacer más para aprovechar su influencia sobre el régimen de Corea del Norte, que comercializa casi exclusivamente con China.

Sin embargo no está claro aún cómo reaccionará Trump si China se resiste a los llamados a seguir aumentando la presión sobre Corea del Norte.

En todo caso, aunque la visita de Trump a China sea una oportunidad crucial para que presione a los funcionarios chinos para que aumentan el acceso al mercado de las empresas estadounidenses en su país, para poner fin a los subsidios injustos que reciben las empresas chinas que desechan bienes en Estados Unidos, y reducir el robo de propiedad intelectual estadounidense, sus esfuerzos podrían verse socavados por la presión que debe montar en Xi cuando se trata de Corea del Norte.

Y hasta el momento los funcionarios chinos han sido cautelosos ante la perspectiva de tomar más medidas punitivas contra Corea del Norte.

“China ha estado haciendo todo lo que podamos hacer respecto al tema de Corea del Norte”, dijo Cui Tiankai, embajador de China en Estados Unidos, que aseguró que las sanciones de la ONU se están implementando “con un algo costo para la propia China”.

Pero aseguró, “este problema no puede ser resuelto por la propia China".