Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos en la Universidad de Princeton y autor de "La feroz urgencia del ahora: Lyndon Johnson, el Congreso y la batalla por la gran sociedad". También es el coanfitrión del podcast "Politics & Polls". Las opiniones expresadas en este comentario son suyas.

(CNN) - Hasta este sábado, el presidente Donald Trump había ganado algunos elogios por su viaje a Asia.

Sobre todo, la visita parecía ir bien según los estándares que usamos para evaluarlo. Hubo pocos tuits inquietantes en los últimos días, al menos relacionados con su rutina normal, y según la mayoría de las cuentas, las reuniones con los líderes clave se desarrollaron sin problemas.

Trump ha cooperado en las celebraciones diplomáticas y parece hacerlo de buen ánimo. Aunque ha dicho algunas palabras provocativas sobre Corea del Norte, nada de eso ha estado cerca a la clase de palabras incendiarias que usó ante la ONU en Nueva York.

Aún así decir que su gira por Asia ha sido todo un éxito es un gran error.

Este sábado, el presidente dio su primer momento de conmoción y asombro con su talón de Aquiles en la política exterior: Rusia. En un acto de desafío, dijo que le cree a Putin, que negó haber intervenido en la elección presidencial de Estados Unidos en 2016, a pesar de toda la evidencia que demuestra lo contrario, incluyendo la información de agencias de inteligencia estadounidenses.

Él parece más preocupado de que Putin se sienta “insultado” por las acusaciones, que por el impacto que esas operaciones puedan tener en nuestros procesos democráticos. Es probable que los impactantes comentarios sobre Putin ahoguen todo lo demás que ha sucedido hasta ahora.

La declaración llama la atención. Hace parte de un rompecabezas en curso de este gobierno, lo que explica la insistencia de Trump en adoptar una posición relativamente positiva hacia el gobierno ruso a pesar de la abrumadora cantidad de evidencia que tenemos de una ciberguerra en curso contra las elecciones democráticas y un terrible historial en materia de derechos humanos.

No había necesidad de que Trump hiciera este comentario ahora mismo y como llega en la mitad de la investigación del fiscal especial Robert Mueller, solo genera más preguntas sobre por qué la relación con Putin parece tan importante para Trump.

Aunque Trump retrocedió en sus declaraciones durante la sesión de preguntas y respuestas con los reporteros en las que dijo que creía en las agencias de inteligencia, dejó una ambigüedad Trumpiana más que suficiente para dejar la impresión de que no se está tomando esto en serio.

Trump sigue dándole legitimidad a un líder con una historia bien documentada sobre comportamiento abusivo sin ninguna repercusión clara hasta este punto, como lo buscó Richard Nixon con una tregua en la década de 1970 o Richard Reagan con Mikhail Gorbachev en 1987. Tanto Nixon como Reagan suavizaron su tono hacia los soviéticos a cambio de mejores acuerdos de control de armas, aunque ninguno ignoró el lado oscuro del comunismo. De hecho, ambos fueron cuidadosos en reconocer públicamente las partes inaceptables del comportamiento soviético, así pudieron entrar en negociaciones con legitimidad entre los aliados de Estados Unidos para que los soviéticos entendieran que Washington no se limitaría a ceder en todas las demandas.

Pero Trump ha socavado los esfuerzos de los presidentes anteriores y el Congreso actual para intensificar la presión sobre Rusia. En cambio, como lo ha hecho en esta gira de 12 días por Asia, es el aliado en jefe de Putin.

La ironía es que su respuesta rezagada a los abusos de Putin en las revelaciones sobre lo que su campaña y los funcionarios de gobierno escondieron sobre sus relaciones con Rusia empaña todos los esfuerzos para trabajar con Moscú en temas como Siria. Cada negociación se vuelve sospechosa, no por los medios, sino por Trump y su equipo.

Trump tampoco puede superar las ruinas que ha dejado atrás en Estados Unidos. Desde que emprendió su gira por Asia, las noticias han sido muy devastadoras tanto para él como para el partido republicano. Supimos que la investigación de Mueller se ha intensificado en dos acusaciones, un reconocimiento de culpabilidad y reportes recientes sobre las posibles nuevas direcciones de la investigación hacia el exasesor de seguridad nacional de Trump, Michael Flynn.

Una reciente ronda de encuestas han mostrado que Trump tiene los índices de aprobación históricamente bajos en este momento en su presidencia. Muchos estadounidenses no confían en el presidente y creen que debió haber hecho algo malo en sus tratos con Rusia.

Los independientes no están felices con este gobierno, e incluso en condados de Trump, según The Wall Street Journal, muchos sienten que el país está peor desde que él llegó al poder.

Las elecciones de este martes enviaron ondas de choque en el partido republicano. Los demócratas se presentaron en grandes cantidades, y muchos de ellos eligieron enviar una señal de oposición a Trump en las elecciones locales. La posibilidad de una coalición demócrata de votantes suburbanos como negros, mujeres, latinos y 'millenials', surgió para contrarrestar la coalición de Trump de votantes blancos, rurales y no educados en la universidad.

Los líderes internacionales le presentan atención a estas cosas. En persona pueden ser agradables con el presidente y evitan temas incómodos, pero la posición doméstica de Trump importa mucho en términos de su influencia. Cuando ven las noticias de Estados Unidos ven a un presidente altamente debilitado quien probablemente no tenga la capacidad para cumplir las expectativas o de conseguir el apoyo de la nación para llevar a cabo cualquier iniciativa militar o diplomática. Este hecho continúa afectando la capacidad de Trump en el exterior, y la situación solo se ha deteriorado durante este viaje.

Finalmente, está la naturaleza problemática del mensaje general que el presidente ha dado: Estados Unidos está pidiendo un frente completo y unido contra la amenaza de Corea del Norte, pero no participará en acuerdos comerciales regionales integrales. Y este mensaje, con el que Trump ha sido consistente, es devastador.

Trump está dándole reversa a una estrategia básica del presidente Barack Obama, que había aumentando la influencia de Estados Unidos en Asia mediante la participación en un acuerdo comercial. La idea era que una vez Estados Unidos estuviera más atado con los jugadores clave de la región a través del comercio, entonces podríamos mejorar nuestra capacidad para influir en los gobiernos, incluida China, que responderían a nuestra presencia económica más fuerte en la región, con cuestiones de seguridad como Corea del Norte.

Pero Trump arruinó esto cuando se salió de la Alianza Transpacífica y luego les dijo a los líderes asiáticos que Estados Unidos no entraría a otros acuerdos comparables.

De hecho en una cumbre de líderes del pacífico dijo que “siempre voy a poner a Estados Unidos primero…”; el problema de este acercamiento es que deja a Estados Unidos sin ninguna influencia seria en la región, y no les da a los países como China una buena razón para trabajar junto a Estados Unidos si nuestras demandas no se ajustan a sus intereses.