(CNN) – Escondido en un artículo del diario The New York Times, que busca explicar por qué el presidente Donald Trump defiende al candidato al Senado por Alabama Roy Moore frente a las denuncias de acoso sexual, está un párrafo revelador:

“Él (Trump) considera las peticiones para que el señor Moore se retire como una versión de la respuesta que tuvo la ahora famosa grabación de 'Access Hollywood', en la que él (Trump) presumió de agarrar los genitales de algunas mujeres, y de la avalancha de acusaciones en su contra sobre manoseos que le siguieron a la publicación. A principios de este año, él le sugirió a un senador que la cinta no era auténtica y repitió la misma afirmación ante un asesor recientemente. (Horas después de que se revelara la grabación en octubre del año pasado, el señor Trump reconoció que la voz que se escuchaba era la suya y se disculpó)”.

Eh, ¿qué?

En caso de que te fueras a vivir a otro planeta durante el otoño del año pasado, la existencia de la grabación de 'Access Hollywood' –en la que se puede oír a Trump diciéndole a Billy Bush que las mujeres te dejan hacerles cualquier cosas cuando eres una “estrella”– fue reportada inicialmente por The Washington Post a principios de octubre. Inmediatamente desencadenó una tormenta en la carrera presidencial: montones de funcionarios republicanos le quitaron su apoyo a Trump y le pidieron abandonar la contienda.

Él, por supuesto, no lo hizo. Lo que sí decidió fue pedir perdón por los comentarios, refiriéndose a ellos como una “charla de vestidores” y asegurando: “Bill Clinton me ha dicho cosas peores en el campo de golf, que ni siquiera se acercan”.

En ese momento, el hoy presidente no cuestionó la autenticidad de la grabación. Tampoco lo hicieron Billy Bush ni nadie más relacionado con el incidente. Además, cualquiera que escuche el audio –puedes hacerlo aquí– puede corroborar que es claramente la voz de Trump diciendo codas como “me moví sobre ella como una perra, pero no puede llegar ahí” y “tengo que usar algunos Tic-Tacs en caso de que empiece a besarla. Sabes que me siento atraído automáticamente por las que son bellas, simplemente empiezo a besarlas. Es como un imán. Simplemente las beso. Ni siquiera espero.

Pero, aparentemente, ahora Trump cree que de alguna manera la grabación es falsa o fue alterada. Y no sólo eso: según el reporte del Times, Trump ha compartido su teoría con al menos un asesor y un senador de Estados Unidos en funciones. (¡Lo que pagaría por ser una mosca en la pared de esa conversación!)

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, ofreció una defensa indirecta de las supuestas dudas que tiene Trump sobre la autenticidad de la grabación de 'Access Hollywood'. De acuerdo a lo que dijo, las elecciones de 2016 demostraron que los votantes no estaban interesados ​​en el contenido de la cinta. Sanders también pareció sugerir que Trump no creía que la grabación fuera falsa. "Si hay algo que el presidente cuestiona es la precisión con la que los medios informaron sobre eso”, indicó Sanders este lunes.

El artículo del Times no detalle qué es exactamente lo que Trump considera falso o no auténtico en la grabación de 'Access Hollywood', ni tampoco por qué él no hizo estas afirmaciones cuando la cinta apareció en un primer momento hace más de un año.

Por supuesto, es posible que Trump haya hecho algún tipo de análisis forense del audio y haya descubierto lo que él cree que es un problema técnico genuino. Algo que, a su vez, provoca estas sospechas.

Pero, también es mucho, mucho (mucho) más probable que Trump simplemente esté creando una teoría de conspiración –fundamentada en poca o ninguna evidencia–, que se ajusta a sus propósitos.

Recordemos que toda la vida política de Trump nació –ejem– por una teoría de la conspiración: saltó a la fama en los círculos conservadores cuando aprovechó la idea de que el expresidente Barack Obama no nació en los Estados Unidos. Trump usó su plataforma, asegurada por años de autopromoción y de exitosos realities de televisión, para elevar el tema desde algunos blogs y foros de derecha hasta los principales medios de comunicación.

Trump resultó tan efectivo que el propio Obama fue forzado a responder: durante un evento de 2011 en la sala de informes de la Casa Blanca mostró su certificado de nacimiento.

Desde entonces, el hoy presidente ha incursionado en teorías de conspiración de todos tipos, cuando sirven a sus propósitos políticos. Por ejemplo: musulmanes celebrando en los tejados de New Jersey el 11 de septiembre de 2001, el padre de Ted Cruz y el asesinato de John F. Kennedy o la orden de Obama para intervenir sus teléfonos en la Torre Trump durante la campaña de 2016. Hay un centenar de otros episodios pequeños, y no tan pequeños, en los que Trump ha coqueteado o ha abrazado ideas que solo están tangencialmente vinculadas a hechos conocidos y aceptados.

Y ahora llega esto. La idea de que de alguna manera, de algún modo, es falsa una cinta de audio que nadie, incluido Trump, cuestionó cuando fue revelada.

Las evidencias de Trump para esta afirmación, al menos las pruebas que él ha hecho públicas, son nulas. Pero, para su base de seguidores, el simple hecho de que él lo haya dicho es evidencia suficiente. ¡Los hechos son malditos!

Lo peligroso de todo esto, por supuesto, es: a) al eliminar los hechos establecidos a favor de las teorías de conspiración egocéntricas se rasga el tejido de la sociedad civilizada y b) Trump sabe exactamente lo que está haciendo.

Pasó toda su vida adulta, y quizás su vida entera, diciéndose a sí mismo y a cualquier otra persona una historia sobre sí mismo. La historia está llena de masivas exageraciones caracterizaciones erróneas y, a veces, mentiras descaradas. Pero, para Trump, el solo hecho de que él lo esté diciendo ya lo convierte en realidad.

Se trata de un rasgo relativamente inofensivo en un ciudadano/celebridad privada. Pero es mucho más perjudicial cuando es un rasgo característico del presidente de Estados Unidos.