(CNNMoney) – El increíble aumento del bitcoin durante este año podría estar enriqueciendo a los especuladores, pero algunos observadores sostienen que es terrible para el medio ambiente.

El bitcoin, alguna vez rechazado como un dominio turbio para criminales, comenzó a atraer a los principales inversionistas. Su precio tuvo un aumento sorprendente: pasó de costar menos de 1.000 dólares a principios de 2017 a alcanzar los más de 16.000 dólares este jueves.

Sus críticos sostienen que la criptomoneda es un “fraude” y advierten sobre una burbuja. Pero, al mismo tiempo, los ambientalistas están preocupados por otro riesgo: el serio daño que les está causando a los esfuerzos por combatir el cambio climático.

"El bitcoin está desacelerando lentamente el esfuerzo para lograr una transición rápida lejos de los combustibles fósiles”, explicó el meteorólogo Eric Holthaus en un artículo publicado esta semana por el sitio de noticias ambientales Gist.

A diferencia del dólar o la libra, estas “monedas” virtuales no están ligadas a un banco central. Por el contrario, los bitcoins son “excavados” (creados y respaldados) por computadoras en grandes centros de información, que devoran una cantidad gigante de energía.

El bitcoin utiliza cerca de 32 terawatts de energía cada año. Una cifra que podría proporcionar energía a cerca de tres millones de viviendas estadounidenses, según con el Índice de Consumo de Energía de Bitcoin, publicado por el portal Digiconomist, enfocado en las monedas digitales.

En comparación, procesar las transacciones anuales de Visa, que son miles de millones, consume lo mismo que 50.000 hogares estadounidenses, de acuerdo a lo que registró Digiconomist.

Lo más preocupante es que las demandas de energía para el bitcoin están a punto de explotar.

"A medida que el bitcoin crece, los problemas matemáticos que tienen que resolver las computadoras para generar más bitcoins se harán cada vez más difíciles”, lo que significa que se necesitará más energía eléctrica para el procesamiento, escribió Holthaus.

De hecho, también hizo un pronóstico alarmante: sin un cambio significativo en el modo en que se procesan las transacciones, el bitcoin podría consumir suficiente electricidad como para proveerle a todo Estados Unidos para mediados de 2019.

Seis meses más tarde, la demanda podría equivaler al consumo energético de todo mundo.

El hecho de que la mayoría de los bitcoins se excavan en China también impulsa las preocupaciones ambientales.

El interior de este país resulta atractivo para los centros de información que requieren los bitcoins, pues “la electricidad y el terreno son muy baratos”, escribieron investigadores de la Universidad Cambridge en un estudio reciente.

Gran parte de la electricidad del interior de China proviene de plantas energéticas de carbón, que fueron construidas para grandes proyectos de construcción que nunca sucedieron, añadieron los investigadores.

Digiconomist reportó que las demandas energéticas de un centro que "excava" bitcoins en Mongolia y que el portal visitó eran equivalentes a la energía necesaria para volar un Boeing 747.

Los grandes mineros de bitcoin han defendido sus operaciones: les aseguraron a los investigadores de Cambridge que su impacto ambiental palidece en comparación con el de la extracción de recursos naturales, como el petróleo.

Y se están adoptando fuentes de poder más amigables con el medio ambiente. Por ejemplo HydroMiner, con sede en Viena, usa energía hidroeléctrica para sus operaciones de bitcoin.

Pero algunos expertos se mantienen bastante pesimistas sobre el futuro.

La Cámara de Comercio de Chicago y la Bolsa de Valores de Chicago (CME) permitirán a finales de este mes que los inversionistas comiencen a apostar sobre el precio futuro del bitcoin.

Se espera que esto impulse una oleada de interés de los grandes gestores de dinero que, hasta ahora, se han quedado al margen de la fiesta bitcoin. Una mayor demanda de la moneda digital probablemente aumentara aún más la necesidad energética.

"Los futuros de la CME podrían institucionalizar el bitcoin, lo que sería desastroso (para el medio ambiente)”, sostuvo John Quiggin, profesor de economía de la Universidad de Queensland.

Quiggin cree que los legisladores no serían capaces de ignorar las repercusiones por mucho tiempo.

"Algo debe hacerse pronto”, insistió.