(CNN) - Un periodista mexicano que huyó a Estados Unidos hace más de nueve años por amenazas de muerte está enfrentando ahora la posibilidad de una deportación porque su petición de asilo fue negada.

Varios grupos prominentes de libertad de prensa salieron en su defensa.

“Vivimos con miedo y tengo miedo de ser regresado a México y poner a mi hijo en peligro de nuevo”, le dijo vía telefónica a CNN Emilio Gutiérrez Soto desde un centro de detención en Texas.

El periodista Emilio Gutiérrez Soto dice que tiene miedo de ser deportado a México pues eso significaría la muerte.

Gutiérrez y su hijo, que ahora tiene 24 años, llegaron a Estados Unidos en junio de 2008, según su abogado, Eduardo Beckett. Después de reportar temas de corrupción en el ejército de México, Gutiérrez dijo que supo que su cabeza tenía precio, así que se vio obligado a ocultarse. Para salvarse él y a su hijo, dice él, se fue a Estados Unidos.

Ambos entraron a Estados Unidos por el cruce fronterizo cerca de Columbus, Nuevo México, y buscaron asilo político, según Beckett. Como parte del procedimiento, padre e hijo fueron puestos en custodia inmediatamente y fueron detenidos mientras los procesos de asilo empezaban. Siete meses después fueron liberados, y ambos obtuvieron permisos temporales de trabajo.

Gutiérrez y su hijo se establecieron cerca de Las Cruces, Nuevo México. Ambos trabajaban en la industria de los restaurantes y en un punto se ganaron la vida operando un camión de comida. Regularmente se registraban con funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos como era requerido, dice su abogado, y continuaron con su proceso de asilo.

Sin embargo, en julio, un juez le negó el requerimiento de asilo a Gutiérrez, desencadenando procedimientos de deportación para Gutiérrez y su hijo. Sus abogados han presentado varias apelaciones para reabrir el caso de asilo y detener la deportación.

El 7 de diciembre, Gutiérrez se reportó ante un funcionario de ICE en una oficina de El Paso, Texas, para un registro de rutina. Pero los agentes de inmigración lo detuvieron a él y a su hijo y empezaron a llevarlo a frontera para que fuera deportado.

“Rápidamente lo entregaron con documentos de deportación, le tomaron sus huellas dactilares, lo fotografiaron y le pusieron esposas y lo acompañaron hacia el puente, hacia el puerto de entrada, que está a unos 10 o 15 minutos de distancia, es decir, muy, muy cerca”, le dijo su abogado a CNN.

El abogado fue capaz de obtener una suspensión de deportación, pero en lugar de ser liberados, Gutiérrez y su hijo fueron puestos bajo custodia.

“Así como tememos por nuestras vidas en México, hoy tenemos miedo que las autoridades de inmigración usen sus poderes de deportación para enviarnos de vuelta”, dijo Gutiérrez. “Hemos cumplido satisfactoriamente cada recomendación que nos han hecho las autoridades migratorias y aún así ICE nos ha tratado como criminales o ladrones”.

ICE no respondió inmediatamente a un requerimiento para comentar esta nota para CNN en el momento de la publicación.

Emilio Gutiérrez Soto.

Apoyo de grupos de defensa de periodistas

El grupo defensor de la libertad de prensa Reporteros Sin Fronteras, el Club Nacional de Prensa y un capítulo local de Society of Professional Journalist han condenado la detención de Gutiérrez e hicieron un llamado para que se le garantizara el asilo.

El presidente del Club Nacional de Prensa escribió una carta esta semana a la Junta de Apelaciones de Inmigración diciendo que el regreso de Gutiérrez a México “podría ser el equivalente a una sentencia de muerte dictada por un juez de inmigración”.

Gutiérrez ha dicho que su reporte de supuesta corrupción en el ejército de México es lo que los volvió un objetivo. Antes de huir a Estados Unidos, el veterano periodista escribía para el periódico El Diario del Noreste en estado de Chihuahua al norte de México. Esta es una de las regiones más peligrosas en un país envuelto en una sangrienta guerra contra las drogas.

En una entrevista con Reporteros Sin Fronteras en 2009, luego de su detención inicial de siete meses, Gutiérrez describió una amenaza al visitar a un comandante del Ejército en su hogar, vigilancia fuera de su casa y la promesa de que sería asesinado.

Un reporte de Naciones Unidas de diciembre de 2017 dice que al menos 11 periodistas fueron asesinados en México este año, y señala que los ataques contra los periodistas del sur de la frontera eran “endémicos”.

“El sufrimiento es generalizado”, dice el reporte de Naciones Unidas. “La violencia a menudo ha destacado a los más esenciales para contar la historia del conflicto e inseguridad, corrupción y criminalidad: los periodistas”, dice el reporte de la ONU.

Gutiérrez también dijo que tiene miedo de que la deportación pueda significar la muerte. Reporteros Sin Fronteras dice que México es el segundo país más peligroso del mundo para los medios, después de Siria.

“Es extraño que aquellos de nosotros que nos dedicamos a exponer las injusticias en este mundo a través de la práctica del periodismo legítimo estemos siendo silenciados o volvíéndonos estadísticas”, dijo Gutiérrez.

Él dice que cree que algunas de las amenazas en su contra vienen del Ejército mexicano. CNN se ha comunicado con el gobierno mexicano para una respuesta a las acusaciones pero no ha recibido respuesta.

A la espera de una respuesta

La moción para reabrir el caso de asilo de Gutiérrez está actualmente pendiente ante la Junta de Apelaciones de Inmigración. Su abogado cree que el juez fallará a su favor, llamando al caso una lucha por la democracia.

“Esto es lo que este caso representa, la libertad de prensa, la promoción de la democracia. Si fuéramos a ignorar a Gutiérrez y dejar que fuera deportado, entonces Estados Unidos debería estar avergonzado porque no están promoviendo realmente la democracia”, dijo Beckett.

Gutiérrez le dijo a CNN que su meta es tener un lugar para que él y su hijo puedan vivir, ya sea en Estados Unidos u otro país.

“No voy a volver a México”, dice él. “No importa qué país sea. Si es un país menos desarrollado, así será, siempre y cuando tengamos seguridad y libertad. Estados Unidos no ha garantizado ninguna de las dos”, puntualiza.