Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - ¿Quién dijo que todo está perdido? Que no hombre, que no. La Fundación del Español Urgente —asesorada por la Real Academia Española—, no baila al son de la Casa Blanca y sopesa entre otras, la palabra trans, como candidata a palabra del año 2017. Algo que viene haciendo desde hace cinco años.

Es que hace unos días el Washington Post revelaba que el gobierno de Donald Trump ha prohibido el uso de siete palabras en sus informes de presupuestos a los científicos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (conocidos como CDC), la agencia gubernamental dedicada proteger a los Estados Unidos contra amenazas a la salud y seguridad, tanto extranjeras como nacionales.

Las palabras ‘malditas’ son: "diversidad", "feto", "transgénero", "vulnerable", "autorización", "con base en la ciencia" y "con base en la evidencia".

Y claro, como prohibir sí que es un término perverso, Matt Lloyd, portavoz del Departamento de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos dijo a CNN que "la afirmación de que el Departamento de Salud ha 'prohibido palabras' es una completa malinterpretación de las discusiones respecto al proceso de formulación del presupuesto". Por cierto, la Oficina de Administración y Presupuesto de Estados Unidos no respondió inmediatamente a una solicitud de comentario por parte de CNN.

Cuando amanezco bonachón a mí me da vergüenza ajena los funcionarios que garantizan su sueldo defendiendo lo que me parece indefendible.

Hoy todo se maquilla, se camufla, se distorsiona para disfrazar la realidad. Pero el invento no tiene nada de novedoso, lo que pasa es que los políticos no saben lo que los lingüistas: que algunas palabras se definen tabú cuando aluden a circunstancias muy comprometedoras. Y entonces aparecen los eufemismos, que sin bien son un mecanismo indispensable del lenguaje para renovarse, a mí me parecen siempre muletas demasiado usadas, que dicen poco. Y que casi siempre lucen ridículas y ajenas.

El lenguaje no nació para disimular lo que el hombre piensa y siente.

Eso de prohibir o sugerir que no se usen ciertas palabras en una institución científica podría no haber sido noticia en la Unión Soviética de Stalin o en la Alabania de Enver Hoxha o en la Alemania de Hitler y sobre todo de Goebbels, el ministro de Instrucción Pública y Propaganda del Tercer Reich, pero ¿qué nos dice de quien está en el poder en Estados Unidos?

¿Con qué derecho la Casa Blanca de Trump se permite intentar imponer a los científicos las denominaciones que les conviene?

¿Por que hay que aceptar que el poder intente una vez más, usar el lenguaje para negar la realidad?

Una palabra no es un estigma en si mimas, aunque lo que denomina lo sea. Una palabra no es un anestésico.

Si optamos porque el poder reacomode la realidad, ya no nos toparemos con pobres sino apenas con desfavorecidos; no habrá que temerle a que un mal día el empleador te eche de tu puesto porque eso es apenas, una regulación de empleo; que no se hable de crisis que estamos solo ante de una desaceleración.

Y cuando se hable de los que viven con un dólar al día o menos, habrá que matizar porque no se trata de países pobres sino en vías de desarrollo.

"El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo", contaba Gabo cuando Macondo estaba aún en el Genesis. Sin embargo, los de aquel pueblo tenían claro que de alguna manera tenían que señalar y nombrar la vida si querían vivir con dignidad. Porque en el fondo de eso se trata, de nuestra dignidad.

¿Con qué derecho la Casa Blanca de Trump se permite intentar imponernos las denominaciones que les conviene?

Camilo Egaña