(CNN) - Al inicio había señales y dudas.

Había señales de que Jorge Bergoglio sería diferente, lo que llevó a 1.200 millones de católicos a preguntarse: ¿qué clase de papa sería este desconocido arzobispo argentino?

Cuando el Vaticano le envió un boleto de primera clase al cónclave papal de 2013, él lo cambió por uno de clase turista. Mientras la mayoría de los cardenales tomaban limusinas a la Ciudad del Vaticano, él caminaba o usaba el transporte público. Tras su elección como papa, eligió una habitación modesta en los cuartos de invitados del Vaticano en lugar de una suite con frescos en las paredes del Palacio Apostólico.

Pero la señal más clara de sus valores vino con la elección de su nombre papal.

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Justo antes de que el humo blanco se elevara desde la chimenea de la Capilla Sixtina, el cardenal brasileño Claudio Hummes abrazó a su compañero sudamericano y le dijo: "No te olvides de los pobres".

Jorge Bergoglio cumplió cinco años de haber sido adoptado el nombre de Francisco y convertirse en el líder máximo de la Iglesia católica. Los feligreses conservadores son los más críticos a su forma de dirigir la institución con sede en el Vaticano y han entendido cómo se sentían aquellos más liberales y progresistas durante los papados previos a los del argentino.

Luego Bergoglio informó al cónclave que tomaría el nombre de Francisco. Fue en honor a San Francisco de Asís, explicaría después. La elección trajo murmullos y aplausos. Ningún pontífice había rendido semejante tributo al pudiente hombre del siglo XII que dio su riqueza a los pobres y se convirtió en mendigo de Cristo.

Pero el nombre fue solo el inicio. Cinco años después, el papa Francisco se ubica sin dudas entre los pontífices más liberales, globales y políticamente relevantes de la historia moderna.

Y eso se ha convertido en un problema para algunos católicos.

Francisco critica los males de la codicia capitalista y el cambio climático. En una indirecta al presidente de EE.UU., Donald Trump, dijo que los que construyen muros para impedir la entrada de inmigrantes "no son cristianos", e incluso llevó a refugiados musulmanes sirios a un lugar seguro en su avión papal.

Cuando se le preguntó por la existencia de sacerdotes homosexuales, se encogió de hombros y dijo: "¿Quién soy yo para juzgar?".

Ha abierto debates sobre la aceptación de sacerdotes casados ​​en la Amazonía, sobre si los católicos divorciados y casados ​​en segundas nupcias pueden volver a la comunión y dijo que Dios perdona "incluso a los ateos".

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Como resultado, una reciente encuesta de Pew sobre los católicos en Estados Unidos halló que el 55% de los católicos republicanos dicen que el papa Francisco es "demasiado liberal", un número que se ha más que duplicado desde 2015.

Mientras que el 84% de los católicos estadounidenses tienen una opinión "favorable" y nueve de cada 10 lo consideran "compasivo" y "humilde", un número creciente de conservadores en Estados Unidos y Europa teme que se trate de un hereje extremista, un ingenuo socialista sudamericano o ambas.

"Los conservadores, por naturaleza, son partidarios del papa. Así que quieren que al papa le vaya bien", dice Thomas D. Williams, un exsacerdote y jefe de la oficina de Roma para el sitio web de derecha Breitbart News.

"Pero luego aparece uno liberal... realmente es algo nuevo para los católicos", agrega.

Ahora, dice Williams, "hay una especie de concentración" de conservadores "con diferentes preocupaciones, pero unidos por la idea de que el papa podría ser un peligro... y creo que hubo un momento crítico cuando el beneficio de la duda se acabó y algunos conservadores simplemente dijeron que esto iba en una mala dirección y que era hora de oponerse", señala.

Esa resistencia es única en su visibilidad. Por deferencia o miedo, la crítica papal históricamente ha llegado en susurros, pero los estantes de las librerías ahora tienen nuevos títulos como "Pastor Perdido", "El papa dictador" y "El papa político: Cómo el papa Francisco está deleitando a la izquierda y abandonando a los conservadores".

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"Ahora entiendo cómo los liberales en la Iglesia se sintieron bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto", dice Benjamin Harnwell, director del Instituto para la Dignidad Humana, un grupo de expertos religiosos de derecha. "Nunca lo había entendido. Pensé que solo eran disidentes, pero realmente no sentían que realmente fueran parte de la iglesia, y que el Vaticano no los involucraba ni los quería. Bueno, el péndulo ha oscilado de otra forma", reflexiona Harnwell.

Mientras Harnwell pasea por su nueva sede, un antiguo monasterio en las colinas de las afueras de Roma que contiene magníficas pinturas de persecución cristiana y los huesos de San Bonifacio, explica su creencia de que el Vaticano está dividido.

Hay personas como el papa Francisco, que creen que la Iglesia debería ser más como un hospital de campaña, atendiendo a los heridos, independientemente de su fe o denominación, mientras crean en la Tierra una sociedad de acuerdo a lo que le gustaría a Cristo.

Y luego está este bando que ve a la Iglesia Católica como una organización sobrenatural, que está aquí para hacer cumplir las estrictas reglas de entrada al Reino de los Cielos.

En un frío y abandonado santuario, Harnwell se retuerce en su silla y suspira cuando le preguntan por sus pensamientos sobre el papa: "Básicamente estamos no somos bienvenidos en este momento".

Al igual que muchos aquí, él admite que nunca se imaginó este cambio de los acontecimientos hace cinco años.

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Después de la corrupción y los escándalos sexuales en el Vaticano, la sabiduría convencional dice que los cardenales eligieron a un extraño para limpiar la casa. Si se trata de jerarquía eclesiástica, no ha decepcionado.

Sin embargo, hay una crítica deslumbrante al papa Francisco en la que tanto liberales como conservadores pueden estar de acuerdo: su defensa al obispo Juan Barros, un clérigo chileno que es acusado de encubrir los crímenes de un sacerdote pederasta.

Tras fuertes críticas, el papa Francisco envió a un experto en crímenes sexuales del Vaticano a Chile para investigar el caso. La vocera Paloma García Ovejero insiste en que el pontífice no tiene puntos medios cuando se trata de abusos cometidos por miembros del clero.

"El papa Francisco quiere saber la verdad", dice ella. "No podemos cambiar el pasado, pero podemos tratar de cambiar el futuro y proteger a los niños del presente. Tener tolerancia cero, enjuiciar a los culpables y poner a las víctimas primero. El papa Francisco sigue estas pautas como un tren y no parará hasta acabar con esta vergüenza", dice.

Tanto partidarios como detractores señalan que, al igual que un presidente, este papa está reorganizando el clero, desde cardenales hasta monjas, a su propia imagen. Tiene 81 años, pero el reinado de "Francisco el Reformador" podría continuar más allá del próximo cónclave.

"Desde un inicio prometió un papado corto", dijo Williams, la voz de Breitbart en Roma, que descarta la posibilidad de que la longevidad del papa Francisco sea una desventaja.

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"Él trabaja muy duro... viaja mucho. Es un hombre cuya salud no ha sido excelente, pero —sinceramente— se le ve fortalecido por ser papa. Y tal vez esto dure mucho más de lo que se pensaba", vislumbra Williams sobre el futuro del papa Francisco.