(CNN) – Cuando el presidente Richard Nixon ordenó despedir al fiscal especial del caso Watergate, Archibald Cox, en 1973, no logró clavar una estaca en el corazón de la investigación. Impulsada por la designación de un nuevo fiscal, la fortaleza del Congreso y la indignación pública, la indagación continuó.

Pero eso fue entonces.

Hoy, la atmósfera política es tan diferente que si el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se la juega por despedir al fiscal especial, Robert Mueller, el destino de la investigación sobre Rusia podría sumergirse en la duda.

La creciente especulación acerca de lo que podría decidir Trump lleva naturalmente a preguntarse ¿qué sucedería si es despedido el hombre al mando de la extensa indagación por la intromisión rusa en las elecciones de 2016? Múltiples legisladores republicanos le han advertido a Trump que no destituya a Mueller.

La investigación permanecería en el Departamento de Justicia, como se encuentra ahora la de Mueller. Sin embargo, el mecanismo para garantizar independencia de la Casa Blanca –es decir, un funcionario especialmente designado que tiene su propio equipo– podría disolverse.

Cualquier funcionario del Departamento de Justicia que haya avalado el despido de Mueller –a petición de Trump– probablemente también sea quien decida con qué fuerza continuará la investigación dentro de la entidad. Dicha persona, presumiblemente un nuevo secretario de Justicia interino, además podría designar otro fiscal especial, como ocurrió en 1973.

La supervisión relacionada del Congreso y de las acusaciones estatales permanecerían, pero esos esfuerzos palidecen frente a la fuerza de las acciones federales para enjuiciar crímenes relacionados con la intromisión de Rusia en la democracia estadounidense y con cualquier vínculo de la campaña de Trump.

Y también está el tema más amplio del control que tiene el Congreso sobre Trump, lo que lleva a que la situación actual sea diferente a la que Nixon enfrentó.

Hace 45 años, una mayoría demócrata en el Capitolio lideró la investigación sobre el encubrimiento de Nixon al robo de documentos en el edificio Watergate de la sede central demócrata. La caída final del entonces presidente llegó mientras líderes republicanos como el senador por Arizona, Barry Goldwater, lo presionaron para renunciar.

Hoy, los republicanos controlan tanto la Cámara de Representantes como el Senado y los líderes del partido no han sido particularmente críticos frente a los ataques de Trump contra Mueller, incluso cuando hace poco señalaron que al fiscal especial debía permitírsele continuar.

“No hay que crear una crisis constitucional. El Congreso no puede prevenir tal despido. Nuestro único remedio constitucional es después del hecho, a través del proceso de destitución. Nadie quiere ese resultado. Señor presidente, por favor no llegue allí”, publicó Flake en su cuenta de Twitter este martes.

¿Siente Trump que se le está agotando el tiempo?

A medida que se intensificó –en los pasillos del Congreso y en todas partes– la especulación de que Trump buscaría el despedido de Mueller, el motivo detrás de los nuevos ataques del presidente contra el fiscal especial –mencionó a Mueller por nombre propio y repitió sus acusaciones de “cacería de brujas”– es desconocido.

Principalmente, podría obedecer a desacreditar el trabajo del fiscal especial en la mente de los estadounidenses. O el mandatario estaría sintiendo una nueva presión relacionada con la solicitud de documentos a la Organización Trump y las entrevistas sobre los negocios que está haciendo el equipo de Mueller.

También puede creer que se le está agotando el tiempo.

Con cada día que pasa, se acerca la posibilidad de nuevas acusaciones. También están a la vista las elecciones de otoño, con las que los demócratas tienen la oportunidad de ganar una mayoría en la Cámara de Representantes. Si eso sucede, dicho partido tendría una nueva capacidad para investigar al presidente republicano y desafiar sus políticas.

Los funcionarios de la Casa Blanca insisten en que Trump no pretende pedir el despido de Mueller, que fue nombrado en mayo de 2017 después de que el presidente despidiera al entonces director del FBI, James Comey, quien supervisaba la investigación sobre Rusia.

Exfiscales y analistas legales difieren en las consecuencias de un posible despido de Mueller, quien fue cabeza del FBI durante el gobierno del presidente republicano George W. Bush y también en el mandato del demócrata Barack Obama.

“Bob Mueller es una figura imponente, un exdirector del FBI designado por los republicanos, respetado uniformemente por los funcionarios. Es irremplazable en este papel”, sostuvo Ronald Weich, un exfiscal federal, asistente del secretario de Justicia y ahora decano de Escuela de Derecho de la Universidad de Baltimore.

El profesor de derecho de Harvard, Jack Goldsmith, también exasistente del secretario de Justicia, no cree que la situación sea tan grave. Pronosticó que el actual director del FBI, Christopher Wray, continuaría la investigación acerca de Rusia y que se nombraría un nuevo fiscal especial.

Goldsmith también enfatizó el obstáculo legal que enfrenta Trump. “Si Trump deseaba detener la investigación de Mueller no podía simplemente tuitear una declaración de que todo había terminado”, escribió en una columna de Lawfare a principios de este año.

Goldsmith se refirió a la regulación del Departamento de Justicia que cubriría cualquier despido. Dice que el secretario de Justicia (o el secretario de Justicia interino) puede destituir al fiscal especial solo por “conducta inapropiada, negligencia en el cumplimiento del deber, incapacidad, conflicto de interés o por otra buena causa, incluida la violación de las políticas del Departamento” y debe indicar las razones por escrito.

Los intereses institucionales del Departamento de Justicia podrían dificultar que Trump acabe con la investigación. Incluso antes del nombramiento de Mueller en mayo pasado, el FBI estaba indagando la interferencia de Rusia en las elecciones de 2016. Mueller ha seguido trabajando con otras agencias federales, y los fiscales estatales, incluido el fiscal General de Nueva York, Eric Schneiderman, también están involucrados en investigaciones relacionadas.

¿Qué pasará con Manafort y otros casos?

Desde que asumió el control tras el despido de Comey, el año pasado, Mueller ha acusado a 19 personas. Los más importantes: 13 rusos por el uso que le dieron a redes sociales durante la campaña, el exasesor de Seguridad Nacional de Trump, Michael Flynn, y el exjefe de la campaña de Trump, Paul Manafort. Manafort se enfrenta a cinco cargos penales federales en Washington, incluidos conspiración, lavado de dinero y cabildeo extranjero, y otros 18 cargos federales en Virginia, en gran parte relacionados con presuntos fraudes bancarios.

El excolaborador de Trump y socio comercial de Manafort, Rick Gates, acordó en febrero cooperar con Mueller, tras declararse culpable de dos cargos criminales. En diciembre pasado, Flynn se declaró culpable de mentirle al FBI sobre las conversaciones con el embajador de Rusia y también está colaborando. George Papadopoulos, un exasesor de política exterior de la campaña, también se declaró culpable de hacer una declaración falsa ante el FBI. Mintió sobre sus interacciones con ciudadanos extranjeros, incluidas personas vinculadas al Gobierno ruso.

Si Mueller saliera del caso, el destino del juicio de Manafort recaería en los funcionarios del Departamento de Justicia que se hagan cargo de la investigación.

Como el equipo de Mueller ha estado trabajando constantemente, las comisiones especiales del Capitolio también han estado investigando la intromisión electoral de Rusia. Si el equipo de Mueller se retirara, los legisladores tendrían el poder de solicitar documentos del Departamento de Justicia. Pero incluso si descubren irregularidades previamente no divulgadas, las comisiones del Congreso carecen de poder de acusación.

Más allá del destino de las amplias investigaciones actuales y los procesos pendientes existe un poder que solo Trump ejerce: el poder del perdón.

En agosto pasado, ante una gran protesta pública, indultó al exsheriff de Arizona Joe Arpaio, quien enfrentaba una sentencia por desacato criminal relacionado con su represión contra inmigrantes.

Es difícil predecir lo que Trump finalmente haría con Mueller. Pero el presidente ya ha señalado que no se avergonzaría de indultar políticamente a alguien atrapado en la investigación de Mueller… por más impopular que esa decisión resulte.

Katelyn Polantz de CNN contribuyó a este informe.