(CNNMoney) – Los aranceles con los que China y Estados Unidos se amenazaron esta semana podría afectarlos a los dos. Pero no son apocalípticos. Al menos por ahora.

Resulta más preocupante lo que está por venir: la intensificación es el verdadero problema en una guerra comercial.

Ninguna de las dos partes ha dicho cuándo –si es que lo hace– aplicará realmente los impuestos anunciados. Aunque, sin lugar a dudas los aranceles sí aumentarán los precios para los consumidores estadounidenses y perjudicarán a los agricultores de EE.UU.

“La gran preocupación es que nadie sabe –ni nadie tiene un plan– cómo terminará esto”, advirtió Chad Bown, investigador principal del Instituto Peterson para la Economía Internacional, un grupo de investigación a favor del comercio con sede en Washington. “No estamos en una guerra comercial, pero nos dirigimos a un callejón sin salida”, insistió.

Como se esperaba, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes aranceles sobre cerca de 46.000 millones de dólares de exportaciones chinas a EE.UU., incluidos motores de reacción, equipos médicos y maquinaria. La administración realizará una audiencia pública el próximo 15 de mayo para que las empresas estadounidenses les transmitan sus preocupaciones a los funcionarios.

Los impuestos encarnan la respuesta de Estados Unidos ante el robo de propiedad intelectual por parte de China, que incluyó software, patentes y tecnología comercial.

EE.UU. aplicará aranceles al 9% de las exportaciones anuales chinas a su país, según registró Panjiva, una firma de investigación que es propiedad de Global Platts.

Pero China no se quedó de brazos cruzados: este miércoles respondió anunciando planes para imponer un arancel del 25% a exportaciones estadounidenses con un valor de aproximadamente 50.000 millones de dólares. El impuesto se aplicaría a más de 100 productos, incluyendo la soya. Justamente, el negocio de los agricultores de EE.UU. depende en gran medida de China: el año pasado le vendieron a ese país el 61% de la soya, según el Consejo de Exportación de dicho producto.

En este momento, China parece estar atacando a los estados –y trabajadores– que votaron por Trump en la elección de 2016.

“Vas a ver muchos sectores de la economía estadounidense –en lugares que han apoyado bastante al presidente– donde repentinamente comenzarán a sentir algo de dolor… Y eso es intencional”, indicó Phil Levy, investigador principal del Consejo sobre Asuntos Globales de Chicago. De hecho, si se implementan los aranceles, pronosticó Levy, “los consumidores estadounidenses recibirán una paliza.

El miedo es que ni los funcionarios chinos ni el presidente Trump parecen dispuestos a retroceder en sus posiciones. Trump, citando el déficit comercial de EE.UU. con China, incluso pareció argumentar que un enfrentamiento no sería tan caótico.

“Cuando ya estás 500.000 millones de dólares por debajo, ¡no puedes perder!”

Por su parte, los funcionarios chinos aseguran que igualarán cualquier acción comercial por parte de EE.UU. y “lucharán hasta el final” de una guerra comercial.

Los expertos sostienen que no ven una salida fácil, en términos políticos, de evitar una guerra comercial.

“Lo que viene es que vamos a ver una retaliación de ojo por ojo”, advirtió Joseph Brusuelas economista en jefe para Estados Unidos de RSM, una firma global de consultoría y contabilidad. “Esta es una clásica propuesta en la que todos pierden y nadie gana”, añadió.

Un factor clave que se desconoce es si la conversación sobre los aranceles es simplemente una fanfarronada y una táctica de negociación, o si por el contrario se trata de la política comercial real que Estados Unidos planea implementar contra viento y marea. En varias ocasiones el presidente Trump ha hecho amenazas y comentarios duros sobre el comercio, pero después la política real se diluye.

Por ejemplo, después de amenazar con imponer aranceles al acero y al aluminio de todos los países, Trump aprobó exenciones para la Unión Europea y otras seis naciones importantes. También advirtió que acabaría un acuerdo comercial con Corea del Sur. Pero, recientemente Estados Unidos y ese país llegaron a un pacto en principio. El presidente también dijo que calificaría a China como un manipulador de divisas. Y no lo hizo.

Además, tanto EE.UU. como China reconocen que están en negociaciones activas. Aún así, a los expertos les preocupa que Estados Unidos no haya sido claro sobre qué es exactamente lo que quiere. Según ellos, la estrategia de Trump podría fallar frente a una China estoica.

“Supongo que una buena parte de esto es una táctica de negociación. La pregunta es si la estrategia será contraproducente”, comentó Matthew Rooney, director de Crecimiento Económico en el Instituto Bush, un ala de investigación de la Biblioteca Presidencial de George W. Bush. “Nos hemos embarcado en un experimento de proteccionismo. No ha funcionado en el pasado y dudo que lo haga esta vez”.