Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos de la Universidad de Princeton y editor de "The Presidency of Barack Obama: A First Historical Assessment”. También es coanfitrión del podcast “Politics & Polls”. Síguelo en Twitter en @julianzelizer. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen solo a él.

(CNN) - Sería muy bueno que Donald Trump tuiteara solo durante una presidencia.

Después de los recientes tuits del presidente sobre Amazon y la noticia de una creciente guerra comercial con China, las acciones cayeron el martes y el miércoles en la mañana. Aunque el mercado bursátil se recuperó el miércoles en la tarde, es probable que haya más días difíciles. Sin ningún asesor en el despacho oval que esté dispuesto o sea capaz de decirle “Alto” al presidente, es probable que la situación se deteriore si hay más tuits sobre grandes compañías estadounidenses o batallas comerciales en el extranjero.

Los tuits sobre Amazon —haciendo del antimonopolio una batalla política— han coincidido con las medidas agresivas de Trump para aumentar aranceles. El presidente empezó anunciando nuevos impuestos al aluminio y al acero. Luego puso su mirada en Asia cuando su gobierno reveló una lista de 1.300 productos de exportación chinos que podrían enfrentar aranceles del 25%. Ahora, mientras la guerra de palabras escala, China anuncia sus planes para imponer impuestos del 25% a exportaciones que tienen un valor de 50.000 millones de dólares.

Aunque el presidente haya tuiteado que “no estamos en una guerra comercial con China” y la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, les asegurara a los reporteros que esto era simplemente un “dolor a corto plazo”, es poco probable que la mayoría de los economistas encuentren calma en medio de la tormenta. Mark Zandi, el jefe economista de Moody’s Analytics, predice que 190.000 empleos se perderán como resultado de la guerra económica.

Esta semana ha llevado al presidente Trump a una zona roja política. Hasta ahora, el presidente también ha recibido un fuerte apoyo dentro del sector corporativo, que ha estado encantado con su mezcla de recortes fiscales y desregulación. Trump puede patalear y gritar todo lo que quiera, pero mientras el balance final sea bueno, muchos líderes empresariales y financieros podrían estar dispuestos a hacer la vista gorda ante el acoso y la grandilocuencia.

Pero ahora la tormenta de tuits está llevando a un territorio peligroso al presidente. Sus diatribas están empezando a asustar a los mercados y desencadenar aranceles en represalia puede tener un impacto dañino en la economía.

Las potenciales guerras económicas con China pueden ser más difíciles para los votantes de estados como Wisconsin, Ohio y Iowa, que son el corazón de su coalición. Los granjeros en Ohio, por ejemplo, son grandes productores de cerdo y manzanas, ambos ahora en la mira de los aranceles que pondrá China a Estados Unidos como represalia. Si la base de Trump empieza a sufrir demasiado, la frustración que llevó a esos votantes a apoyarlo podría moverse hacia otro candidato. Trump está amenazando con salirse de NAFTA, que podría ser otro gran golpe al libre comercio.

El apoyo de los republicanos fuera de la base principal de Trump —aquellos que habrían preferido a otro candidato republicano— permanece fuerte, pero fácilmente podría empezar a debilitarse.

Más que cualquier otra cosa, como se hizo evidente con la renuncia de Gary Cohon, un alto consejero económico de Trump (quien se negó a enunciar incluso después de Charlottesville), esto debe convencer al mundo corporativo de empezar a buscar un nuevo presidente.

Para un republicano cuyo apoyo es tan frágil, la oposición corporativa podría ser devastadora. En respuesta a los tuits sobre Amazon, el vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio respondió diciendo: “Es inapropiado que funcionarios del gobierno usen su posición para atacar una compañía estadounidense”.

Aunque hay negociaciones en curso para resolver esos problemas, como salvar el NAFTA, el presidente sigue poniéndose en el medio. Los tuits y comunicados están causando un daño que puede ser difícil de deshacer. No está claro si el presidente Trump tiene la capacidad o la voluntad de renegar de sus seguidores sobre estos temas, dadas las tensiones que ya han emergido sobre el proyecto de ley general de gastos.

Muchos de los partidarios más fuertes del presidente Trump sufren actualmente la misma confianza que exhibieron los de Hillary Clinton en 2016. Ellos ven a un político para quien nada puede salir mal. Aún así los seguidores de Clinton descubrieron la noche de la elección que nadie es invencible en las urnas. Y en este caso, los tuits que han consumido mucha de nuestra atención desde enero de 2016 podrían ser la clave que abre la puerta a un nuevo líder en 2020.