(Crédito: HECTOR GUERRERO/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Para entrar en calor, una cita textual: "Eso de que todas las ideas son respetables es una imbecilidad. Lo respetable es el derecho a expresarlas".

Es del escritor, periodista y académico español Arturo Perez Reverte, que mucho me gusta. Qué le voy a hacer. Me gusta y regusta sin llegar jamás al regusto: esa sensación o sentimiento casi siempre tristón que alguien o algo propicia.

Perez-Reverte tiene nueva novela con un título que parece pedido o quien sabe qué, a Norman Mailer: Los perros duros no bailan. Y durante la presentación del libro en Madrid ha explicado que, en esa nueva historia, los perros son machistas y no les importa lo que se diga de ellos en Twitter al día siguiente. En eso, se parecen al propio Pérez-Reverte que, aunque admite que se ha vuelto muy difícil en este mundo escribir y opinar, él lo hace sin parar mientes ni siquiera en sí mismo.

Recuerdo, cuando arremetió contra ciertos políticos andaluces que, en el colmo del populismo y la pedantería, les pedían a cierta organización que no usara la palabra consumidores y usuarios y que apostaran por términos más inclusivos y democráticos como “personas usuarias” y “personas consumidoras”. Entonces Pérez-Reverte los tildó de imbéciles. Con todas sus letras.

“Está en peligro la única garantía de libertad que nos queda, que es la prensa libre”, dice el padre del capitán Alatriste y advierte que el día que los periodistas callemos por miedo a lo que digan las turbas virtuales que anidan en las redes sociales y las turbas físicas, que engordan en las cloacas, estaremos todos perdidos.

Yo, entretanto, mandé a comprar un par de ejemplares de Los perros duros no bailan, a través de esa empresa que el presidente Trump ha convertido en un nuevo enemigo público. Porque sí y porque no. Porque me gusta y regusta lo que Perez Reverte escribe y también por jorobar la pita.