(CNN) - Jessica Bailiff miró su clase y vio sillas vacías donde se suponía tenían que estar sus estudiantes.

El corazón de la profesora de física se estremeció. Ella sabía por qué sus alumnos no estaban allí.

El día anterior, las autoridades federales barrieron una planta cercana de empaque de productos cárnicos, y acorralaron a casi 100 personas a las que acusaron de estar ilegalmente en Estados Unidos.

Los grupos defensores de los derechos de los inmigrantes dijeron que la operación de la semana pasada en el este de Tennessee fue la redada de inmigración más grande en un lugar de trabajo en una década.

Más de 500 estudiantes se quedaron en casa y no fueron a la escuela al día siguiente.

Ahora, una semana después, la mayoría de ellos están de regreso. Pero la comunidad aún está temerosa, dice Bailiff.

Los niños que se suponen deben estar aprendiendo sobre ondas de luz, ondas de radio y espectro electromagnético, dice ella, ahora se están preguntando si volverán a ver otra vez a sus seres queridos.

“Solo hay miedo y tristeza en sus caras”, dice Bailiff.

Cuando los profesores se vuelven estudiantes

El impacto de la redada se extendió rápidamente en toda la comunidad, donde cada vez más los inmigrantes se han vuelto parte de la comunidad. Los niños sollozaban cuando compartían las historias de sus familias en conferencias de prensa y en vigilias de oración. Y los profesores de las escuelas locales de repente se hallaron en la primera línea de una crisis.

La operación masiva en la Southeastern Provision en Bean Station, Tennesse, llegó meses después de que funcionarios del gobierno de Donald Trump prometiera cuadruplicar la represión de la inmigración en los sitio de trabajo.

Pero la redada del pasado jueves tomó a muchos en la comunidad por sorpresa. En documentos de la corte, un agente especial del Servicio de Impuestos Internos (IRS por sus siglas en inglés) dijo que los propietarios de la planta estaban bajo inmigración por supuestamente evadir impuestos, presentar declaraciones de impuestos federales falsas y contratar a inmigrantes que están de manera ilegal en el país. Los propietarios no han sido acusados formalmente y no han respondido a los requerimientos para un comentario.

Los agentes federales arrestaron a 97 inmigrantes ese día, dijo la portavoz de ICE Tammy Spicer. La mayoría de ellos enfrentan cargos administrativos por supuestamente estar en el país ilegalmente.

Mientras los rumores volaban y el miedo aumentaba sobre lo que había pasado en la planta, los activistas dicen que los profesores locales intervinieron para ayudar.

Algunos llevaron a los estudiantes a sus casas en buses esa tarde, dice Colleen Jacobs, coordinadora del ministerio juvenil en la iglesia católica St. Patrick en la cercana Morristown, Tennessee.

“Cuando los estudiantes llegaron a sus casas, no estaban seguros de que hubiera alguien allí con quien encontrarse”, explicó ella.

El viernes, cerca de 530 estudiantes no fueron a clases en las escuelas del condado Hamblen, dijo el superintendente Jeff Perry. Eso es cerca del 5% de los casi 10.000 estudiantes del distrito, y cerca de un cuarto de su población de estudiantes latinos. En un día típico puede haber 75 inasistencias.

Algunos de los estudiantes que no asistieron a clase no estaban directamente afectados por la redada, dijo Stephanie Teatro, codirectora ejecutiva de la Coalición de Derechos de Refugiados e Inmigrantes de Tennessee.

“Otras familias tienen miedo de que si sus hijos van a la escuela y ellos van al trabajo, tal vez no puedan volverse a ver”, dijo ella.

En la vigilia de oración, Esmeralda Bautista sostiene una foto de su hermano Luis Bautista Martínez, quien fue detenido en la redada de ICE. En esta foto también aparecen su hija Yemaya y su amiga Yaqueline Cruz. (Crédito: USA TODAY NETWORK/Sipa US)

Las escuelas están acostumbradas a lidiar con eventos traumáticos, dice Perry, como la muerte repentina de un miembro de la familia o un accidente que deje heridas graves.

Pero la escala de la redada de inmigración, dice él, causó un impacto incluso más pronunciado.

“Nunca habíamos tenido nada de esta magnitud”, dice él.

Los funcionarios pusieron consejeros de inmigración disponibles, dice Perry, e hicieron todo lo que pudieron para asegurarse de que los niños de su distrito se sintieran seguros.

Más de 100 educadores locales se reunieron en la iglesia el domingo para un taller sobre cómo ayudar a los estudiantes en crisis.

En la sesión liderada por activistas de derechos de los inmigrantes, los profesores se volvieron estudiantes. Usaron marcadores de colores brillantes para expresar sus emociones en grandes hojas de papel blanco:

“Me siento impotente”.

“Lloré el jueves en la noche preguntándome cuál de mis estudiantes estaban sin padres”.

"La mayoría de esos niños son ciudadanos estadounidenses".

"No quiero vivir en un lugar donde la gente que he conocido por tanto tiempo pueda ser apartada de mí en un segundo".

https://www.facebook.com/tnimmigrant/posts/10155688945119069

Bailiff, la profesora de física, dijo que ha estado devastada de ver a los niños que ella ama lidiando con tanto dolor y miedo.

Pero también ha habido momentos favorables, como cuando ha visto que sus estudiantes ofrecen palabras confortantes a sus compañeros.

Muchos estudiantes aún están luchando con sus emociones, dice ella. Algunos han llorado. Un estudiante compartió un mensaje que había recibido de su madre: Si no regreso a casa del trabajo hoy, cuida a tus hermanas hasta que podamos resolverlo.

“Ha sido muy tenso”, dice la profesora. “He tratado de asegurarme de tomarme el tiempo para hablar con cada uno de ellos y hacer que se desahoguen”.

Un gimnasio se convirtió en un santuario

La última vez que Rita caminó por la escuela primaria Hillcrest en Morristown, se sintió perdida y sola. Eso ocurrió hace 10 años. Su padre acababa de ser deportado. Ella estaba muy asustada como para decirles a sus compañeros. Solo miraba por la ventana, sosteniendo su chaqueta roja, esperando que él volviera a casa.

El lunes, ella vio el gimnasio de su vieja escuela y no pudo creer lo que veía. Allí era el lugar donde ella solía correr, donde jugaba baloncesto y quemados con sus amigos.

Ahora este era el lugar de vigilia para familias cuyos seres queridos fueron detenidos en la redada. Para Rita, el gimnasio se veía justo como cuando ella era una niña, con una gran diferencia. Estaba lleno, de pared a pared, con personas de la comunidad que había venido a ayudar.

Un grupo de personas se reunió en el gimnasio de la escuela primaria Hillcrest en Morristown, Tennessee, el lunes, para una vigilia luego de que casi 100 personas fueran detenidas en una redada de inmigración.

“Me sentí como si tuviera el apoyo que finalmente necesitaba después de 10 años”, dice Rita, que pidió solo ser identificada con su primer nombre por seguridad para su familia. Ella ha estado dándoles consejos a las familias afectadas por la redada: Encuentren fortaleza en su dolor.

Y detrás de ella, un letrero cuelga en la cancha de baloncesto, mitad en inglés, mitad en español.

“Morristown es un ‘hogar’”.

- Gustavo Valdés de CNN en Español contribuyó con este reporte.

No quiero vivir en un lugar donde la gente que he conocido por tanto tiempo pueda ser apartada de mí en un segundo