Una propuesta económica de Donald Trump, en entredicho.

Nota del editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista y exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y exvicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina.

(CNN Español) - Al cumplir con la amenaza de abandonar el acuerdo nuclear 5+1 con Irán, Donald Trump puede pegarse un tiro en el pie. El único modo viable de evitar que el Estado persa obtenga la bomba atómica es con ese tratado, o con uno mejor. Mejorar lo pactado es posible, siempre que Estados Unidos se mantenga adentro, respete los compromisos, y desde posiciones políticamente aceptables y técnicamente viables, negocie nuevas cláusulas. Un portazo cancelará cualquier posibilidad.

Los avances nucleares que colocaron a Irán en el umbral de la posesión de la bomba atómica fueron posibles porque ese país cuenta con los conocimientos teóricos, la infraestructura industrial, dispone de reservas de uranio y plutonio y por añadidura, tiene dinero.

A esos elementos se sumaron la ausencia de regulaciones y compromisos capaces de contenerlo. Sin obligaciones internacionales que lo limitaran, el entonces presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, avanzó en la creación de instalaciones para fabricar la bomba atómica, a la vez que desarrollaba un programa de misiles no asociados a la rama nuclear.

Cuando tomaron conciencia del peligro que significaba el vacío regulatorio que permitía a Irán hacer casi cualquier cosa en materia nuclear, los 5 miembros permanentes del Consejo de seguridad de la ONU + Alemania, se consagraron a la búsqueda de acuerdos que lo contuvieran. Por fin, en

2006, lograron sentarlo en la mesa de negociaciones.

Durante casi diez años, EE.UU. y otras cinco potencias negociaron con Irán, porque las amenazas de usar la fuerza y los embargos no funcionaban y porque el liderazgo de los ayatolas no podía ser quebrado. Ningún país o fuerza terrenal tiene suficiente influencia sobre Irán como para cambiar su orientación.

Nadie debe desconocer la determinación de las jerarquías iraníes para hacerse respetar por EE.UU., Israel y occidente en general, ni ignorar que también en Irán hay halcones que quisieran dinamitar el acuerdo 5+1. Al comportarse del modo en que lo hace, (INCLUIR HIPERVINCULO) el presidente Donald Trump se expone a riesgos como los que ahora enfrenta en Corea del Norte. La lección es obvia. Mientras un Estado no posea armas nucleares se puede negociar, e incluso presionar. Cuando las tiene, hay que pactar.

No importa cuántos silos y rampas logre destruir Washington. Basta que solo un misil logre impactar una gran ciudad para hacer inútiles todos los esfuerzos. La única guerra nuclear que puede ser ganada es aquella que se evite.

Donald Trump está en su derecho de buscar ventajas para Estados Unidos, pero debe hacerlo con la precaución de quien lanza un bumerán.

Durante casi diez años, EE.UU. y otras cinco potencias negociaron con Irán, porque las amenazas de usar la fuerza y los embargos no funcionaban y porque el liderazgo de los ayatolas no podía ser quebrado.

Jorge Gómez Barata