Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN Español) - El día 20 de mayo se celebrarán elecciones presidenciales en Venezuela.

La oposición ha denunciado fraudes que el gobierno niega, violaciones de la ley que el gobierno rechaza, asesinatos de opositores —o su ilegal apresamiento— que el gobierno no acepta.

En consecuencia, la mayor parte de la oposición no participará en los comicios y ha convencido a muchas de las más acreditadas democracias del mundo para que no reconozcan los resultados.

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A mi juicio, la oposición que se abstiene hace bien. ¿Por qué? Por dos razones:

La primera es que Nicolás Maduro, opino, siempre bajo la dirección de Cuba, sigue la primera regla electoral de la isla: con el poder no se juega y jamás se le entrega al enemigo.

Las elecciones son solo un pretexto para “hacer la revolución”. Si se pierde la mayoría, se cambian las reglas del juego, que es lo que probablemente hará Maduro con su Asamblea Nacional Constituyente: adaptar el sistema electoral de Venezuela al infalible modelo cubano.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela.

La segunda es que los chavistas de la cúpula no pueden entregar el poder porque, hoy en día, la impunidad es muy difícil y muchos de ellos probablemente irían a la cárcel por diversos crímenes, basados en acusaciones que siempre han desestimado pero que hablan de fraude, financiación ilegal de las campañas políticas, peculado, malversación, tráfico de drogas ilegales, torturas, asesinatos, colaboración con el terrorismo y un largo prontuario delincuencial.

Por supuesto, pueden abandonar Venezuela, pero no hay muchos lugares en los cuales refugiarse y ninguno de ellos es particularmente grato o seguro a largo plazo: Cuba, Nicaragua, Bolivia, Rusia, Belarús, China y poco más.

Por eso, como en la vieja película sobre el general Armstrong Custer, morirán con las botas puestas. No saben cómo quitárselas.