Nota del editor: Este es un extracto editado del libro del corresponsal real de la CNN, Max Foster, titulado "It's All About Clout". Ofrece una peculiar mirada de algunas de las personas más destacadas del mundo, incluida la familia real de Gran Bretaña. Salió a la venta el 14 de mayo.

(CNN) - En Estados Unidos, los admiradores de la realeza suelen ser madres e hijas, ansiosas de ver juntos a un príncipe y una princesa de la vida real. Hollywood puede tomar gran parte del crédito por eso.

Diana fue la encarnación de una princesa de Disney, como luego lo fueron Catalina Middleton y Meghan Markle. Cualquiera puede ser presidente, pero no puedes ser un rey o una reina sin haber nacido para la realeza o casarte. Es la imposibilidad de alcanzar ese estatus lo que atrae tanta fascinación. Son personajes casi místicos.

Dondequiera que esté en el mundo y hable con alguien del público tras ver a un miembro de la realeza, su respuesta más común es: "¡Son tan normales!". Como si no fueran reales hasta que te encuentres cara a cara con uno.

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Es por eso que Meghan Markle es una estrella. Ella era normal y ahora no lo es. Es parte de la fantasía. Si miras a sus troles en internet, muchos se muestran celosos. Otros parecen apoyarla y apoyar lo que ella representa. El día que se anunció su compromiso con Enrique, un colega negro me dijo que no podía creer que alguien como Markle "penetrara" en la familia real.

Meghan Markle, en una foto tomada en marzo de este año, en Irlanda.

La misma emoción surgió en la transmisión en Facebook de una edición de mi programa "CNN Talk" desde el palacio de Buckingham. Uno de los panelistas, Ayesha Hazarika, activista por la igualdad de derechos, me dijo: "La familia real es el máximo absoluto del sistema de clases británico, es el sistema más elitista del planeta. Mucha gente de color pensará 'bueno, ya es hora de que este sistema se abra un poco más'".

La institución se ha modernizado, aunque pocos se den cuenta. La reina siguió la tradición de casarse con alguien de sangre azul en Felipe (un príncipe griego y danés), pero el príncipe Carlos pasó de la realeza a los aristócratas. Guillermo lanzó su red aún más lejos con Kate Middleton, que era de una familia rural de clase media.

El príncipe Enrique fue aun más allá para casarse con una estadounidense divorciada. La última vez que sucedió fue en 1936 cuando Eduardo VIII tuvo que abdicar de su título real para casarse con Wallis Simpson, otra estadounidense divorciada. Sin embargo, Meghan Markle ha sido acogida tanto por el sistema real como por el político, lo que muestra cómo han evolucionado las cosas, aunque de forma glacial.

Guillermo, Catalina, Enrique y Meghan , los "Fabulosos Cuatro", como los han bautizado los tabloides del Reino Unido, coordinan su trabajo a través de su corte en el palacio de Kensington. Cuando Enrique se mudó hace años, una fuente real me dijo que la oficina había sido creada con una estructura corporativa. Los "principales", como se los conoce, son tratados como directores generales conjuntos. Los cortesanos están allí simplemente para aconsejar.

Los cuatro también son socios equitativos en The Royal Foundation, que reúne su trabajo de caridad y campañas.

"Trabajar en familia tiene sus desafíos", admitió Enrique en un foro de la fundación en febrero de 2018. Él y Guillermo han tenido toda una vida para acostumbrarse a eso, desde luego, pero no Middleton y Markle.

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Los medios de comunicación del mundo acudieron al foro porque era nuestra primera oportunidad de escuchar cómo Markle podría llevar adelante su rol público. Ella solo había estado comprometida con Enrique durante unos meses y lo único que sabíamos era que había renunciado a su carrera como actriz y había cortado todos los vínculos con las campañas y organizaciones con las que había estado asociada, como ONU Mujeres y World Vision.

Fuentes reales me aseguraron que tenía toda la intención de continuar su trabajo en esos temas, pero que quería hacerlo con un borrón y cuenta nueva desde su nuevo puesto de mayor perfil.

A Markle le preguntaron en el foro sobre las mujeres que buscan su voz y ella respondió: "A menudo escucharás a la gente decir: 'Bueno, estás ayudando a las mujeres a encontrar sus voces', y estoy fundamentalmente en desacuerdo con eso porque las mujeres no necesitan encontrar su voz. Tienen voz. Necesitan sentirse capaces de usarla y las personas deben ser invitadas a escucharla".

Fue una clara declaración de intenciones de Markle: ella no iba a dejar de tener opiniones solo porque se estaba uniendo a la familia más famosa del mundo.

La gente probablemente habría cuestionado su fortaleza de carácter si hubiese hecho algo más, pero sorprendió más cuando agregó: "Y creo que ahora mismo, en el clima que estamos viendo, con tantas campañas, con 'Me Too' o 'Time's Up', no hay mejor momento que ahora para seguir iluminando a las mujeres que se sienten con poder, y la gente realmente ayuda a apoyarlas, incluidos los hombres".

#MeToo y #TimesUp son considerados por algunos como movimientos políticos que se espera eviten los territorios de la realeza y esto habla del desafío que ahora enfrenta Markle.

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Es elocuente, apasionada y carismática, y eso hizo que muchos la quieran, pero pudo crear celos en los altos rangos, como aprendió Diana. Si Markle luego cruza la línea hacia lo que podría interpretarse como interferencia política, los republicanos lo usarán contra ella, aumentando la presión sobre la familia real.

¿Qué pasaría si Markle repitiera sus puntos de vista sobre Donald Trump, por ejemplo? Durante la campaña electoral de Estados Unidos, en 2016, contó a The Nightly Show con Larry Wilmore, "Sí, por supuesto, Trump es divisivo", y luego lo llamó "misógino". Ella dijo que "podría quedarse en Canadá" si Trump ganara las elecciones presidenciales.

Como miembro principal de la familia real, se espera que Markle represente a la monarca, posiblemente incluso alojando al presidente Donald Trump. Ese papel solo es defendible si ella evita la política partidaria. ¿Quién sabe a quién se le pedirá que se reúna con el Gobierno en el futuro?

El príncipe Guillermo: "Lloré cuando nació Jorge"

Un lema que a menudo se atribuye a la reina Isabel es: "Tengo que ser vista para que me crean", y eso explica por qué usa esos colores brillantes que la distinguen entre la multitud.

La reina creó más oportunidades para salir y conocer gente cuando formalizó el apoyo del servicio voluntario en la descripción de su trabajo. Le permitió a ella y a su familia vincularse con organizaciones benéficas y causas que les importan y muestran algún carácter.

"La tarea para nosotros no sería reinventar la rueda. En cambio, nuestro trabajo era seguir el ejemplo de aquellos que nos habían precedido, aferrarnos a los valores que siempre han guiado a nuestra familia, pero también involucrarnos en la vida pública de una manera actual y relevante para nuestra generación", dijo el príncipe Guillermo. En otras palabras, para seguir con las labores de su abuela.

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Guillermo dio una muestra de esa monarquía "actualizada" cuando salió del hospital con su esposa y su hijo recién nacido y heredero, el príncipe Jorge, en julio de 2013. Se había arremangado la camisa y llevaba el asiento del bebé, lo ubicó en la parte trasera y se dispuso a conducir el auto con su nueva familia.

Eso no suena extraordinario, pero hace apenas una generación, cuando el príncipe Carlos hizo lo mismo con Guillermo, cuando era bebé, vistió traje y corbata y se sentó en el asiento trasero del auto que condujo un chofer.

Luego le pregunté sobre su enfoque:

Guillermo: Donde esté soy tan independiente como quiero ser, igual que Catalina y Enrique. Todos hemos crecido de forma diferente a otras generaciones y siento que si hay algo que puedo hacer yo mismo, quiero hacerlo yo mismo. Y hay momentos en que no puedes hacerlo tú mismo y el sistema toma el control o es apropiado hacer las cosas de manera diferente. Pero, creo que sacar a tu hijo y a tu esposa del hospital fue realmente importante para mí. Y no me gusta el alboroto, por lo que es mucho más fácil hacerlo solo.

Príncipe Carlos: ampliando los límites

En la vida común, Carlos se habría retirado hace años. Su desafío ha sido hallar su propio propósito y lo ha logrado profesionalizando su propio papel, abrazando la "monarquía del servicio público" con miles de compromisos y esfuerzos de recaudación de fondos.

También ha forzado la envolvente, literalmente, neutralidad política de la familia al escribir una serie de memorandos llamados "arañas negra" a los ministros del Gobierno con sus ideas políticas. Opinó de todo, desde el cambio climático hasta la planificación urbana.

Una fuente real me asegura que tiene toda la intención de seguir su ejemplo (la reina) y mantenerse alejado de la opinión pública cuando acceda al trono. Es consciente de que, como jefe de Estado, se espera que actúe siguiendo el consejo de sus ministros, no de su conciencia.

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Hasta entonces, sin embargo, él tiene algo de margen de maniobra y posiblemente se ha demostrado que tiene razón en algunos de los temas que trató de joven, como el ecologismo y el diálogo interreligioso que desde entonces se han generalizado.

Cuando escucho hablar de que la corona irá directamente al príncipe Guillermo, no veo el deseo de ninguno de ellos de que eso suceda. El príncipe de Gales se ha pasado la vida alistándose para gobernar y el duque de Cambridge está ocupado tratando de reconciliarse con su propia influencia y haciendo malabares con una joven familia.

Ninguno de los dos habla públicamente sobre el tema de la sucesión por razones obvias, pero ambos estarán al tanto del gran ejemplo y se espera que estén a la altura de Isabel II. Ella se mantuvo en el corazón de la conversación nacional y ese es el prestigio que destaca su influencia.