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Estados Unidos

Opinión: La inmigración, zona de peligro para los candidatos republicanos

Por Juan Andrés Muñoz

Nota del Editor: Ruben Navarrette Jr. es colaborador de CNN.com, columnista independiente reconocido a nivel nacional y comentarista de NPR.

Dado lo tóxico que es el Partido Republicano para muchos latinos, resulta irónico como el primer debate presidencial republicano será el 5 de mayo.

El 5 de mayo, un gran grupo de aspirantes a la candidatura del Partido Republicano se reunirán en Greenville, Carolina del Sur, para el primer debate presidencial de este partido. Un tema que seguramente se abordará es el de la inmigración.

De hecho, cualquier republicano que contienda para la presidencia el próximo año puede anticipar que le pregunten de la inmigración, pronto y frecuentemente. Hay tres razones para ello: el problema sigue sin resolverse desde que el Congreso eludió el asunto en 2007; el conflicto es interesante y los periodistas saben que los republicanos ganarán adeptos latinos con sus puntos de vista sobre la inmigración; y el hecho de que el censo confirme que hay un 16 % de hispanos en Estados Unidos —en gran parte por la inmigración—, hace que en la mente de muchos americanos esté el cambiar la demografía.

Por lo tanto, los republicanos deben ingeniárselas sobre cómo abordar el tema de la inmigración. No es tan fácil como suena.

Sólo pregúntenle a Donald Trump, quien recientemente está empatado en las preferencias de contendientes para hacerse de la candidatura del Partido Republicano. Una nueva encuesta de CNN e Investigación de Opinión sobre los probables votantes a favor del Partido Republicano, presentó un empate entre Trump y Mike Huckabee con 19 %; Sarah Palin apareció en segundo con un 12 %. Mitt Romney y Newt Gingrich empataron en tercer lugar, cada uno con 11%.

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Trump fue cuestionado sobre la inmigración en junio durante una presentación en el programa de Larry King en CNN. King le preguntó qué pensaba sobre la ley de inmigración de Arizona, la cual requiere que la policía estatal y local ayuden en la aplicación de la ley federal de inmigración. La semana pasada, la ley recibió otro golpe ya que un panel compuesto por tres jueces del Juzgado del Noveno Circuito de Apelaciones ratificó la resolución de una corte de menor rango en el sentido de considerar a partes importantes de la ley como inconstitucionales.

Trump defendió la ley de Arizona y la consideró necesaria porque lidia con el fracaso del gobierno federal de controlar la frontera. Insistió en que la gente de Arizona tiene preocupaciones legítimas sobre la seguridad de la frontera y violencia por drogas. Además, dijo que cualquier ilegal en Estados Unidos debería irse. Pero Trump también reconoció que no estaba seguro de que muchos estadounidenses hicieran los trabajos que hacen muchos ilegales.

Palin también ha sido una defensora de la ley de Arizona. En agosto, elogió a la gobernadora Jan Brewer —gran impulsora de la ley— por tener «los cojones que nuestro presidente no tiene». Repitiendo la línea discursiva conservadora de que Arizona tenía que actuar porque el gobierno federal no lo hizo, Palin declaró: «Si nuestro presidente no va a aplicar nuestra ley federal, hay que darle más poder a Jan Brewer».

Romney, quien fue un declarado crítico del senador John McCain por su comprensiva iniciativa de reforma durante la campaña presidencial del 2008, no hubiera ido tan lejos. Él no apoyó la ley de Arizona pero tampoco la criticó. Todos dirían que esperaba «que la ley sea implementada con cuidado y precaución en no señalar a individuos basándose en su etnicidad».

En abril del año pasado, Huckabee criticó la ley de Arizona y la calificó como una manera equivocada de abordar el tema y predijo que enfrentaría «una lluvia de demandas». Huckabee agregó que mientras el gobierno federal tenga que hacer algo para detener la migración ilegal, «los hispanoamericanos tienen el derecho de estar descontentos con el hecho de que puedan ser revisados».

Gingrich ha ofrecido algo para todos. En mayo, defendió a la ley de Arizona y acusó al presidente Obama de involucrarse en «lo que considero un diálogo racista para tratar de asustar a los latinos y alejarlos del Partido Republicano». Pero en diciembre, Gingrich se manifestó a favor de una «zona entre la deportación y la amnistía» que permitiría a los inmigrantes ilegales trabajar legalmente en los Estados Unidos, algo que llamó «sentido común».

Lo que no hace sentido es la manera en que la mayoría de los funcionarios republicanos abordan el problema de la inmigración.

No parecen hablar honestamente sobre ello evitando el racismo, reconociendo las necesidades laborales y haciendo a todos responsables. El mensaje es malo y el tono, peor. Siempre es nosotros contra ellos, con los latinos en el lado de «ellos». Y mientras, los republicanos en niveles estatales y federales están hablando sobre la necesidad de limitar la inmigración, incluyendo la legal.

Los candidatos republicanos para la presidencia deberían abordar el problema con un tono firme y con principios, pero también honesto y compasivo. Pueden empezar por admitir que los inmigrantes ilegales hacen trabajos que muchos estadounidenses no harían por ningún salario, enfatizando que al menos algunos de los ilegales en el país deberían tener alguna vía para ganarse el estatus legal si cumplen ciertas condiciones. Asimismo, condenar decididamente el racismo que lastima a su partido y envenena el debate.

Si los aspirantes a la candidatura del Partido Republicano hacen esto, evitarán los obstáculos que siempre enfrentan cuando discuten el tema de la inmigración. Entonces podrán proponer sus ideas para algo de lo que este debate siempre ha carecido: soluciones.
(Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las de Ruben Navarrette)