CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Noticias Recientes

Los rebeldes libios, bien entrenados pero mal armados

Por Juan Andrés Muñoz

La juventud observa con atención las detalladas instrucciones de sus comandantes para el manejo de armas, que en su mayoría doblan la edad de los jóvenes que las utilizarán. Eso no les importa a estos combatientes voluntarios. Están ansiosos por aprender para unirse a las primeras filas de combate.

El estudiante universitario Faisal Faraj nunca antes había usado un arma previo a su participación en un campo de entrenamiento rebelde en Benghazi. Pero después de lo que presenció en las calles de este fuerte de oposición al este de Libia, decidió aprender el arte de la guerra en lugar de quedarse estudiando ciencias.

«Al principio, salimos a protestar pacíficamente con pancartas, exigiendo más libertad. Las fuerzas de Gadhafi respondieron con balas y nos atacaron sin piedad con artillería pesada, tanques y aviones. Nos hartamos», dijo Faraj.

Irónicamente, las fuerzas opositoras al gobierno están entrenando dentro de un campo militar que fue ocupado por las fuerzas de Gadhafi hasta hace un par de meses. Las tropas gubernamentales intentaron destruir el lugar cuando Benghazi cayó en manos de los rebeldes.

El comandante adjunto de la Brigada de los Mártires del 17 de febrero afirmó que los habitantes le tenían pavor a este campamento militar. «Este lugar fue el campamento de los Comités Revolucionarios. Fueron el ala más brutal de las fuerzas de Gadhafi. La gente era torturada y encarcelada aquí», dijo Mustafa Saguzli.

Ahora los rebeldes que quieren derrocar al régimen de Gadhafi están utilizando los campamentos arrasados. A más de dos meses que comenzó el levantamiento, los líderes rebeldes afirman que ahora son capaces de entrenar a sus guerreros durante más tiempo y mejor.

publicidad

«Cuando comenzó la guerra era casi como un día de campo. Cualquiera que desee pelear puede hacerlo por su cuenta, tomar un arma y hacerlo él mismo», dijo Saguzli. «Al principio teníamos una especie de cursos de dos semanas de duración ya que la batalla se estaba desarrollando muy rápido y necesitábamos a tantos peleadores como fuera posible. Ahora el entrenamiento se lleva entre un mes y mes y medio».

Saguzli no tiene experiencia militar. Es un ingeniero en computación que tenía su propio negocio. Ahora usa sus habilidades para programar las mentes a llevarse la victoria en los campos de batalla. Incluso, los rebeldes se están especializando.

Hay una sección del campamento dedicada a la restauración de armas, una habilidad que se está volviendo tan vital como la de saber utilizar las armas.

El patio está lleno de armas descompuestas, la mayoría de las cuales datan de los años cuarenta. Toman las piezas y pedacitos que recogen y luego prueban las armas. Normalmente no funcionan a la primera y el proceso comienza nuevamente.

De vez en cuando los camiones de carga llegan con botines de guerra. En esta ocasión son jeeps armados que los comandantes afirman que confiscaron de las tropas de Gadhafi en Ajadabiya. Todos están en malas condiciones y deben ser reparados.

Los rebeldes dicen que han recibido pocas armas nuevas de parte de Qatar pero le han estado solicitando más a la OTAN. Algo que no ha ocurrido.

«Libia puede ser su entrada a una nueva manera de tratar con el mundo musulmán» dijo Saguzli. «Debo ser honesto con ustedes, cuando Occidente apoyaba a Mubarak, a Gadhafi, a Assad (los añejos líderes de estado de Egipto, Libia y Siria) o cualquiera de estos tiranos que nos estaban asesinando, Occidente era nuestro enemigo.

«Y ahora Occidente, Estados Unidos y Europa no están apoyando. Ahora son nuestros aliados y amigos».

Los voluntarios siguen llegando al campamento para recibir el entrenamiento más básico que se puedan imaginar. Aún usan barras, cuerdas y las pocas armas que tienen para que los reclutas estén listos para pelear lo mejor que pueden.

Fendi Faraj, de 61 años, regresó de su retiro de la milicia para ayudar a los reclutas en su lucha contra las fuerzas a las que sirvió alguna vez.

Se ha comprometido a enseñar a los jóvenes a luchar contra el régimen, sabiendo de antemano que existe un tremendo desequilibrio en capacitación y armamento.

«No hay comparación», agregó. «La diferencia es como la que hay entre el cielo y la tierra. Pero la juventud quiere vivir libre y si mueren, quieren hacerlo como mártires».

Es una decisión que estos jóvenes toman voluntariamente. Algunos incluso han advertido a sus comandantes que si no les dan armas pronto, irán a las filas de combate sin ellas.