Los amantes del arte latinoamericano tienen una cita todos los años en Buenos Aires, donde este año se realizó la vigésima edición de Arteba, una muestra que reúne a los mas destacados artistas argentinos y a las jóvenes promesas en un amplio lugar donde se pueden apreciar desde las obras más tradicionales hasta las instalaciones y desarrollos más innovadores.

"Para mí. el color es muy importante en la obra, no sé si me interesa tanto la forma, por eso creo que el personaje está fuera de forma todo el tiempo y busco esa naturalidad del dibujo", dice Milo Locket, un pintor que ha batido los récords de ventas en las últimas ediciones.

A esta edición de Arteba, clausurada este lunes, se acercaron más de 125.000 personas, lo que llama la atención a los organizadores porque en el resto del año las galerías no suelen recibir tantas visitas.

Para la docente Noemí Silva, lo que se encontró en Arteba fue sorprendente. "No me imaginé que iba a ver tantas obras nuevas, tan interesantes, diferentes al año anterior que he estado. Me gusta mucho, estoy viendo cosas nuevas, innovadoras", dice.

Galerías y proyectos artísticos de distintos países de la región como Colombia, Brasil, México o Venezuela también participaron de Arteba, sobre todo en la Sección Joven, donde se vieron las propuestas más innovadores.

Esta muestra es considerada la más importante de arte contemporáneo de la región, y a ella asisten las galerías más importantes así como coleccionistas de distintos países de Latinoamérica e incluso Europa.

El director de la feria, Facundo Gómez Minujín, dijo a la agencia de noticias Telam que “el balance es ultrapositivo, como esperábamos desde antes de arrancar y estuvimos trabajando mucho tiempo. Es un momento de la Argentina en el que hay mucho consumo y esto se extrapola al mundo del arte”.

La controversia habitual también estuvo presente, y en este caso se dio por el resultado del premio Petrobras de Artes Visuales, el más importante de la muestra, que fue otorgado al artista Carlos Herrera por una obra de arte efímero titulado "Autorretrato de mi muerte". La escultura-objeto, seleccionada entre las siete finalistas, incluía ropa y pertenencias del autor así como dos calamares que al irse pudriendo generaban un olor que según el artista es el "olor a la propia muerte".

El jurado se decidió por esta obra "por su verdad y autenticidad muy profunda", informó Telam. "Habla sobre un tema universal y difícil de una manera significativa e interesante. La obra, sugerente, invade el espacio de una manera que es imposible ignorar”, agregó.