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Proyecto Libertad

El miedo y el engaño, las armas de los traficantes de personas

Por Juan Andrés Muñoz

El coro de niños de Zambia cantó en iglesias, escuelas y centros comerciales en los Estados Unidos. A cambio de su arduo trabajo, a los niños les prometieron educación, salarios que podrían enviar a sus familias y una escuela que se construiría en África.

La gente que escuchó cantar a capela a este coro de 12 integrantes se conmovió. Tanto hombres como mujeres abrieron sus carteras para dar un donativo.  Los niños, de entre 12 y 17 años, cantaban el evangelio en una peculiar mezcla de  inglés y su lengua de origen.

Generaron más de un millón de dólares, pero a ellos les tocó muy poco. Recibieron comida, alojamiento y ocasionalmente un pago simbólico, pero no un salario base, ni educación, ni una escuela en su localidad de origen.

Estos niños son parte de los rostros de la esclavitud moderna –en su caso, traficados en los Estados Unidos bajo el disfraz de una organización religiosa que los explotaba.

“Los trajeron con un propósito específico y éste era explotarlos al máximo, sin ninguna consideración hacia ellos o su futuro”, dijo Sal Orrantia, agente de migración estadounidense quien investigó el caso.

El número de personas cautivas en la esclavitud moderna va de 12 millones, según datos de la ONU, a 27 millones, según reconocidos activistas contra la esclavitud como Kevin Bales. Otro prominente activista, Siddharth Kara de Harvard, estima que el número podría alcanzar los 30 millones.

Este amplio rango es producto de los retos relacionados con el rastreo de una práctica que se esconde en las sombras, así como generar un consenso para determinar la mejor manera de definirlo y medirlo.

La mayoría de los expertos están de acuerdo en que los esclavos en la actualidad viven en Asia y el Pacífico, donde son retenidos contra su voluntad como consecuencia de deudas de trabajo agrícola y doméstico. Otros millones en todo el mundo son utilizados para explotación sexual.

“Para mí, la esclavitud significa que una persona está bajo el control absoluto de otra persona, que utilizan la violencia para mantener ese control, que los explotan, hacen dinero con ellas y la víctima simplemente no puede escapar”, dijo Bales.

“Esos son los criterios fundamentales por los que la esclavitud siempre ha existido en la historia del hombre”.

Bales dirige la organización Liberen a los Esclavos, la cual trabaja para rescatar a hombres, mujeres y niños, víctimas de explotación en todo el mundo, y se asegura de que permanezcan fuera de la esclavitud.

“Nuestro máximo objetivo es eliminar la esclavitud en el planeta. En verdad creemos que es posible”, dijo Bales.

Comenta que la esclavitud moderna debe ser atacada en cuatro frentes –político, negocios, religión y sociedad– para que sea erradicada, y compara la lucha actual con la determinación global para erradicar la viruela de hace décadas.

Actualmente, la esclavitud es muy diferente al comercio transatlántico de esclavos, cuando entre 1501 y 1867, se embarcaron aproximadamente 12.5 millones de africanos hacia América. En ese entonces, los dueños de esclavos eran normalmente prominentes miembros de la sociedad y existía un gran sistema económico que estaba basado en la institución global de la esclavitud.

Hoy día, los esclavizadores son figuras sombrías que acechan en el horizonte.

“La esclavitud ha sido empujada hacia los límites de la sociedad”, dijo Bales. “En verdad está al borde de su extinción. Si entendemos esto y nos unimos, podemos empujarla hacia el precipicio de la extinción“.

La misión de Bales comenzó hace más de una década, cuando conoció en París a una joven llamada Seba. A los nueve años de edad, Seba se fue de su hogar en Mali con una amiga de la familia, quien le prometió una mejor vida en Francia. Seba le cocinaba a la familia de su amiga, le cuidaba a sus hijos – y frecuentemente recibía golpizas.

“Una vez en 1992, llegué tarde por los niños a la escuela; mi señora y su marido estaban furiosos conmigo, me golpearon y me echaron a la calle”, le dijo Seba a Bales en su best-seller de 1999, Gente desechable.

“No tenía a donde ir; no entendía nada y vagaba por las calles. Después de un tiempo, su esposo me encontró y me llevó de vuelta a su casa. Me desnudaron, ataron mis manos a mi espalda y me empezaron a pegar con un cable atado a una escoba”.

Seba fue liberada cuando un vecino escuchó sus gritos y llamó a la policía. Ella estuvo cautiva durante tanto tiempo que cuando fue liberada no recordaba ni su propia edad.

Las historias de esclavitud moderna en el mundo son de tintes similares.

En Ghana, bajo el sol de mediodía, un niño de nueve años arrastra equipo pesado de un bote hacia la orilla en una aldea dedicada a la pesca. Después de un largo y caluroso día, a veces lo único que recibe es una golpiza.

En Haití, un grupo de adolescentes están asustados antes de ser violados: la iniciación a la prostitución forzada. Esta red criminal es dirigida en el conocido barrio Cite Soleil de Puerto Príncipe, cuyas actividades sobrevivieron al gran terremoto del año pasado y continúan creciendo.

En Texas, las voces del Coro de Niños de Zambia fueron usadas para generar ganancias a su captor, un misionero cristiano que reclutaba a niños africanos para llevarlos a Estados Unidos a finales de los noventas.

El misionero, Keith Grimes, dirigía un grupo religioso llamdo TTT: Socios en Educación. El gobierno federal comenzó la investigación en 1998, después de que miembros de una iglesia en Texas presentaran quejas expresando su preocupación por el trato que recibían los niños.

Cuando Grimes murió por causas naturales, la investigación terminó. En 2001, el Departamente del Trabajo de los Estados Unidos determinó que el grupo de Grimes debía responder por cerca de un millón de dólares por concepto de salarios retroactivos y sanciones civiles a los miembros del coro. Al día de hoy, ninguno de los niños ha recibido dinero alguno, ya que Grimes murió y su compañía quebró.

En todo el mundo, decenas de organizaciones como la de Bale trabajan con gobiernos y otros grupos en el frente de batalla para erradicar la esclavitud.

En el norte de la India, un centro de rehabilitación llamado Bal Vikas Ashram, ayuda a niños de entre 8 y 14 años a recuperarse tras haber sido esclavizados por fabricantes de tapetes y alfombras. También, ayudan a organizar redadas contra esclavizadores. El año pasado, este grupo ayudó a liberar 111 niños.

En la República Democrática del Congo, hay grupos de derechos humanos que trabajan para liberar a esclavos de facciones guerrilleras que los obligan a trabajar en minas de oro y otros metales. En algunos casos, los aldeanos son secuestrados a punta de cañón y forzados a trabajar; otras veces, las mujeres y niñas son comercializadas sexualmente en las minas.

En Estados Unidos, existen grupos que trabajan con mujeres y niñas para recuperarlas del trauma de ser obligadas a prostituirse, donde son violadas por proxenetas y detenidas contra su voluntad.

Shamere McKenzie dice que fue esclavizada a los 19 años de edad. Ella necesitaba 3,000 dólares para ir a la universidad y conoció a un joven en el campus de la Universidad de St. John en Nueva York, quien le dijo que la podía ayudar. Resultó ser un proxeneta que la mantuvo cautiva por año y medio.

“Cuando le dije que ya no quería seguir haciendo esto, recuerdo ser asfixiada hasta que me oriné. Fui estrangulada, golpeada, aventada al piso y golpeada otra vez”, comentó McKenzie.

“Mucha gente pregunta por qué lo hice durante tanto tiempo si era algo que no quería hacer. Pero estando en una situación así, el miedo te controla”.

McKenzie dice que su proxeneta tenía de 3 a 12 mujeres y niñas bajo su control en todo momento. En un día normal, McKenzie afirma que se despertaba como a las 9:00 horas, al mediodía la mandaban a un club de striptease y trabajaba en las calles hasta las 19:00 horas.

Ella y las otras se dormían hasta las 22:00 horas antes de volverlas a sacar. McKenzie intentó escapar en tres ocasiones, pero su proxeneta la amenazaba con matarla y lastimar a su familia. “Todas le tenían miedo”.

La prostitución de McKenzie terminó cuando la policía detuvo el auto que iba manejando. Su proxeneta y otras prostitutas iban en el auto, incluyendo a una niña de 12 años. Aunque estaba retenida contra su voluntad, le presentaron cargos por llevar a una menor a través de fronteras estatales y fue arrestada. El proxeneta también fue arrestado.

Tina Frundt ayuda actualmente a McKenzie en su recuperación. Frundt es la fundadora de la Casa de Courtney, un grupo sin fines de lucro con sede en Washington D.C., que ayuda a mujeres y niñas que han sido explotadas sexualmente.

Frundt dice que ella fue obligada a prostituirse a los 13 años en Cleveland, Ohio. Desde que la Casa de Courtney abrió en 2008, la organización ha ayudado a escapar a 500 víctimas de la trata de personas. Según Frundt, la edad promedio de las niñas que son esclavizadas en los Estados Unidos es entre los 11 y 14 años.

“En Estados Unidos comercializamos prostitución forzada y el proxenetismo –lo glorificamos con expresiones como ‘chulea esto’ o ‘chulea aquello’.  Y en este sentido, claro que hacemos que se vea como si fuera una opción. Pero cuando estamos en el extranjero, hacemos que se vea como algo triste y que a estas chicas se les obliga.

“Pero la verdad y la realidad es esta: En Tailandia, las chicas llaman a su traficante ‘chulo’. En Honduras, las chicas los llaman ‘chulo’. En los Estados Unidos les llaman ‘chulo’. Entonces no hay ninguna diferencia.

Frundt dice que los estadounidenses necesitan abrir los ojos a la realidad de lo que está pasando en la calles de su país. “Tenemos una epidemia”.

“El ser violada, secuestrada y atada no es algo que uno escoja”, agrega. “¿Cómo escapé? Desafortunadamente, de la forma en que muchos niños escapan. Corrí a la policía y me arrestaron a mí”.

Aunque era una niña, pasó el siguiente año en un centro de detención juvenil porque la prostitución es ilegal. Su proxeneta aún sigue libre.

Es un tema muy común para aquellos que combaten la trata de personas.

“Son personas, de otro país o esclavizados en su propio hogar… que están atrapados en una situación de la que no pueden salir”, dijo Luis CdeBac, quien dirige la Oficina de Monitoreo y Combate contra la Trata de Personas del Departamento de Estado en Estados Unidos, que fue creada en 2000.

CdeBac, un embajador extraordinario, fue designado por el presidente Obama en 2009 para coordinar las actividades gubernamentales para erradicar la esclavitud moderna.

Él afirma que los traficantes explotan las vulnerabilidades de sus víctimas –quienes en muchas ocasiones están buscando mejores condiciones de vida– y “las pervierten”.

“En vez de ser la oportunidad que las víctimas estaban buscando, se convierte en una trampa. Una de las cosas más terribles de la esclavitud moderna del siglo XXI, es que puedes vender a una persona una, otra y otra vez”, agrega.

Dice que los gobiernos deben capacitar a sus fuerzas policiales sobre la proliferación de la trata de personas y que las organizaciones no gubernamentales deben continuar empujando a los gobiernos para hacer más.

“Si existe un impacto cultural donde la gente ha decidido unirse y decir ‘no’ a la esclavitud moderna, no hay razón para que las fuerzas policiales estén haciendo el trabajo solas. Esto realmente comienza cuando las culturas cambian”.