No duermas con tu teléfono celular al lado de la cama

Por Bob Greene, colaborador de CNN

Nota del editor: Bob Greene es colaborador de CNN y autor de libros bestseller como "Late Edition: A Love Story" y "When We Get To Surf City: A Journey Through America in Pursuit of Rock and Roll, Friendship, and Dreams".

(CNN) - "Ni si quiera dormimos en la misma habitación"

Así resume Daniel Sieberg su estricta regla para poder dormir de un tirón toda la noche.

Antes de apagar la luz de su cuarto, se lleva todos sus aparatos tecnológicos -portátil, tableta, celular y todo lo que tenga una pantalla- a otra habitación. Ha llegado a la conclusión de que todos estos dispositivos se han convertido en una adicción.

Así que, cuando llega la hora de irse a la cama, los encierra. Ni siquiera deja su móvil en el cuarto para cargarlo.

"Si está ahí, me entra la tentación de encenderlo y revisarlo".

Hemos aprendido a casi idolatrar estos aparatos inalámbricos que llevamos encima todo el día y a los inventores que los han hecho posible. Y si no , fíjense en la respuesta a la muerte de Steve Jobs, cuyos teléfonos, computadoras y tabletas son parte importante de nuestras vidas. Decimos que la tecnología ha cambiado nuestras vidas.

¿Pero cuándo llega a ser excesivo?

Y, más concretamente, ¿cuántos de nosotros tenemos la sensación de ser incapaces de desconectarnos, de que esos aparatos han empezado a controlarnos?

Hay una tendencia a tratar el tema de una manera caprichosa: "Díos mío, esos niños van por la calle con la mirada clavada en sus teléfonos móviles". Como si los que critican el impacto la era digital en la sociedad fueran retrógrados, reaccionarios, temerosos de los cambios y anclados en el pasado.

Por ello, el tema de la adicción a estos aparatos es una pregunta que la gente se plantea en silencio. ¿Deberíamos pasar menos tiempo mirando nuestras muchas pantallas o dedicar más tiempo a lo que solía llamarse vida real? ¿Hay un problema serio cuando la gente, alejada de sus teléfonos, computadoras y tabletas, se siente nerviosa, irritable y tensa, como si tuviera una especie de síndrome de abstinencia?

Acudí a Sieberg en busca de consejo. El es una de las personas que conozco que más ha pensado sobre el tema. Ex corresponsal de CNN, ahora da conferencias y escribe sobre temas relacionados con la tecnología, sobre todo los efectos nocivos que pueden tener los aparatos tecnológicos en nuestras vidas. Escribió un libro titulado "The Digital Diet" en el que habla de cómo hay ciertos momentos en la vida de una persona en los que debe someterse a una desintoxicación tecnológica.

Le pregunté si usar la palabra "adicción" es demasiado fuerte para referirnos a ese apego más emocional que químico a los aparatos tecnológicos.

"Lamentablemente, la palabra 'adicción' está muy gastada", dijo, y no debería trivializarse. Las adicciones a las drogas, el alcohol o a las medicinas son un tema más serio. Pero sostiene que la idea de la adicción a los dispositivos digitales es genuina y no debe tomarse a broma.

"Una definición de 'adicción' dice que se refiere a cuando otras personas o actividades en tu vida empiezan a sufrir por algo que sabes que deberías limitar y no lo haces", señaló.

Algunos de sus ejemplos los reconocerán de inmediato:

- El impulso de sacar el teléfono celular incluso cuando estamos hablando con otra persona.
- Escribir mensajes de texto mientras tu hijo o hija te cuenta cómo le fue en la escuela y luego darse cuenta de que no te acuerdas de nada de lo que te dijeron.
- Tener la sensación de que algo no ha sucedido en realidad hasta que lo publicas en Facebook o Twitter.
- Sentirse aislado y ansioso cuando estás desconectado durante un largo período de tiempo.
- Percibir que incluso cuando toda la familia está reunida en una habitación, cada uno de sus miembros está mirando y escribiendo en un teclado de un dispositivo móvil.

"Hay gente que incluso cuando no utiliza sus dispositivos digitales se crea en la cabeza sus propios status de Facebook o mensajes de Twitter cuando experimenta algo", comentó. "Es como si se hubiera perdido la capacidad de vivir el momento y nos sintiéramos condicionados a tener que compartirlo de inmediato electrónicamente mientras está ocurriendo".

Sieberg no es de los que viven aferrados al pasado en cuestiones tecnológicas: siempre ha sido de los primeros en tener el nuevo aparato portátil y le disfruta las cosas buenas que proporciona la tecnología. Pero se dio cuenta -una vez que su esposa se levantó en medio de la noche y vio su cara iluminada por el reflejo de la luz de una pantalla- de que había que ponerle un remedio.

Dice que hay una sensación habitual entre la gente enganchada a los aparatos digitales que es que cuando están solos ante el mundo real, sin una pantalla, se sienten en cierta forma perdidos, a la deriva, incomunicados: "Es una sensación de ¿qué me estoy perdiendo?". Pero la realidad es que cuando una persona vive demasiadas horas pegada al universo digital, es entonces cuando realmente se pierde algo, se pierde lo que ocurre en el mundo de carne y hueso.

Sieberg lo describe con una frase: tienes problemas cuando "sientes que cuando metes el pie en la tecnología estás en arenas movedizas".

Y su consejo es que, con independencia de lo hundido que estés en esas arenas movedizas digitales, como él hizo, deberías considerar encerrar todos esos aparatos en otra habitación durante la noche. Promete que es una gran diferencia:

"Duermes mejor"

(Las opiniones expresadas en este comentario corresponden exclusivamente a Bob Greene)