¿En qué va la carrera por el Oscar?
“The Artist” adquirió gran fuerza en los últimos días gracias a varios aspectos como ser la más nominada a los premios Spirit.

Hollywood (CNN Español) – A casi tres meses de celebrarse la entrega número 84 del Oscar, la carrera por la preciada estatuilla se pone tan intensa como la propia campaña presidencial en Estados Unidos. Al final, en ambas no sólo importan las ideas sino también la maquinaria que impulsa a cada uno de los candidatos en esta competencia de popularidad.

En los últimos meses, los amantes del séptimo arte nos dedicamos a buscar, entre un mar repleto de títulos, las cintas que podrían llegar a clasificar como candidatas oficiales. Pero la semana pasada, con la entrega de los premios Gotham (no necesariamente determinantes pero sí los primeros donde comienzan a figurar ganadores), la competencia puso a todos en sus marcas!

Tomemos el caso de la película “The Artist”, una en blanco y negro, muda y que habla de la llegada del sonido a Hollywood a finales de los años 20. Hasta hace unas semanas, la misma no era más que una simple novedad. Si bien venía de ganar el premio a mejor actor en el festival de cine de Cannes (para Jean Dujardin), muchos la identificaban más como una producción europea y no una estadounidense.

“The Artist”, que se rodó en Los Angeles y entre los actores de reparto figuran caras conocidas del cine estadounidense, adquirió gran fuerza en los últimos días gracias a varios aspectos como ser la más nominada a los próximos premios Spirit -que se dan a lo mejor del cine independiente en Estados Unidos un día antes del Oscar- y haber sido elegida como la mejor cinta del año por el respetado Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York.

Antes de “The Artist”, la que sonaba como gran favorita era “The Descendants”, la nueva película dirigida por Alexander Payne y protagonizada por George Clooney, pero ante los avances que recientemente ha logrado la primera, no es de extrañar que ahora los estrategas de la campaña de Descendants estén cambiando su plan de acción por uno más agresivo, que le recuerde a los votantes de la Academia por qué deben votar por su candidate y no por la otra.

Los relacionistas públicos, los departamentos de mercadeo y publicidad, al igual que compañías en Hollywood dedicadas a la politiquería están pues con las manos llenas por estos días.

En el caso de las candidatas a Mejor Actriz se presenta un caso interesante. En la delantera tuvimos por unas semanas a Michelle Williams, su interpretación de Marilyn Monroe en “My Week With Marilyn” es cautivante, pero ahora el nombre de Meryl Streep comienza a tomar fuerza. De hecho, Williams era mi favorita hasta este viernes cuando pude ver a Streep interpretando a la ex primera ministra británica Margareth Tatcher en “The Iron Lady”. Sensacional!

Me atrevo a decir que las nominaciones al Oscar de Meryl Streep y Michelle Williams están garantizadas, pero lo interesante serán las campañas de cada una para obtener la victoria. Algo que pone en aprietos al productor y en este caso distribuidor de ambas cintas, Harvey Weinstein. ¿Se inclinará este poderoso magnate de Hollywood por ejercer presión para que después de dos nominaciones previas, Michelle se lleve finalmente la estatuilla, o preferirá que se trabaje en la campaña de Streep, a quien muchos consideran es imperante dar un nuevo Oscar luego de 12 intentos fallidos desde 1983, cuando obtuvo el segundo de su carrera (Sophie’s Choice)?. Streep recibió su primer Oscar en 1980 por su papel de reparto en Kramer vs. Kramer y con un total de 16 candidaturas en toda su carrera, ningún otro actor o actriz ha recibido tantas nominaciones al Oscar como ella.

En el campo de los caballeros, un día se dijo que Brad Pitt era uno de los competidores fijos, pero ahora la atención se está desviando hacia su amigo George Clooney. Ninguno de los dos es mi favorito puesto que en Michael Fassbender veo al actor más comprometido, honesto y convincente del año. El problema es que su papel, el de un adicto al sexo, podría generar rechazo entre el electorado por simples cuestiones morales. ¿No es eso lo que acaba de ocurrir con los recientes escándalos de infidelidad en la campaña electoral de Estados Unidos?

Aquí la meta no es llegar a la Casa Blanca, pero sí al teatro Kodak y de allí salir con la investidura del mejor actor del año. Para los ganadores del Oscar, la historia seguramente no juzgará su desempeño.

¿Que gane entonces el mejor? Siempre podemos soñar con ello pero la victoria también puede depender de una eficaz campaña política. Así estemos hablando solo de cine.

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