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Estados Unidos

El nivel de vida de las familias de clase media en EE.UU. se desploma

Por CNN en Español

ATLANTA (CNN) — Alguna vez Andono y Alan Bryant pertenecieron a la clase media de Atlanta, pero en la actualidad viven bajo la línea de pobreza. Alan alimenta a gente como cocinero en Ruth’s Chris Steak House y gana 11 dólares la hora.

Andono es una estudiante de Enfermería de Atlanta Medical College. Esta ciudad del estado de Georgia cuenta con la tasa más alta de desigualdad del país, lejos de Nueva Orleans, Washington y Miami, de acuerdo con la oficina del censo de Estados Unidos. La tasa de desempleo se acerca a un 10%. La paradoja es que también es la tercera con mayor concentración de fortuna, con 500 grandes empresas.

Andono Bryant se arrastra hasta una bodega para recoger sus víveres en la cooperativa de alimentos. “Esta es la verdadera Ocupación (en referencia al movimiento Ocupa Wall Street contra la concentración del poder económico)», dice ella. Esta madre de cinco niños de 44 años no tiene tiempo para marchar unos kilómetros a las protestas de los indignados y levantar su puño. Sólo se asegura de que hoy su familia coma.

A pocos kilómetros al norte de la Georgia AvenueFood Cooperative, el esposo de Andono, Álan, de 47 años, sirve carne a algunos contra los que lucha el movimiento Ocupa: se trata del 1% de los estadounidenses, que han disfrutado de cerca del 60% de las ganancias en los últimos 30 años. Alan Bryant dirige la parrilla en Ruth’s Chris Steak House, donde un buen solomillo cuesta 44 dólares.

Se enorgullece de proporcionarles una buena comida a sus clientes. “Una vez que uno saca una buena sonrisa a una persona mientras come, mi día está pleno”, dice el cocinero. “Cuando veo feliz a la gente, me hace feliz».

“Aunque en el interior, eso duele”. Y duele porque resulta un recordatorio constante de los sueños truncados de la pareja. Los Bryants solían recaudar 40,000 dólares al año y vivían en su propia casa. Ahora viven bajo la línea de pobreza en la ciudad con la más amplia brecha de ingresos entre ricos y pobres que en cualquier otro lugar del país.

Ellos son sólo un ejemplo de los millones de estadounidenses que dejaron de ser clase media.

Cuando Andono y Alan se sienten a cenar esta noche, será gracias a los alimentos de una cooperativa de ayuda. “Si no fuera por la cooperativa” dice ella, “muchos de nosotros no podríamos sobrevivir. Es el puente que nos permite seguir adelante».

De dar a recibir

Los Bryants hicieron todo bien. Trabajaron duro, pagaron sus cuentas, tomaron vacaciones modestas. Y entonces se desfondó todo. «Pasé de dar a recibir», dice Andono. Los dos se conocieron hace 14 años. Ambos provenían de matrimonios fracasados.

Él trabajaba en una cocina en el famoso Pittypat´s Porch de Atlanta. Ella visitaba a una amiga que trabajaba allí. Cada vez que ella pasaba, él corría y saludaba. Él era un callado y larguirucho tipo de casi dos metros y ella una mujer a la que no le gustaba que molestaran. Un día él captó su atención, se casaron años más tarde y criaron a cinco niños de sus matrimonios previos.

La pareja nunca fue rica, pero iban prosperando después de salir de las clases más bajas. Ella trabajaba en un supermercado y dirigía un pequeño negocio de catering. Él trabajaba en dos cocinas. Compraron una casa por poco más de 100,000 dólares en el cercano pueblo de Decatur.

Una crisis financiera los golpeó a mediados de la década de 2000. Ella perdió su trabajo en el supermercado después de que una rodilla lastimada le impidiera trabajar 40 horas. Por aquel entonces, Alan también perdió su trabajo y con él su seguro médico.

En 2006, Andono sufrió un ataque al corazón. Pasó nueve días en el hospital por una angioplastia para insertarle una cánula que le ayudara a fluir la sangre. El resultado fue una enorme cuenta de 47,000 dólares.

A pesar del optimismo porque la operación salió bien, la pregunta era: «¿Cómo vamos a sobrevivir?» Primero vendieron su casa antes de que el banco la expropiara. Desde entonces han vivido en departamentos, tanto en la ciudad como en los suburbios.

Su casa actual es un departamento de dos recámaras en el extremo este de la ciudad. Cada mes llevan a casa unos 1,200 dólares y la renta es de 750. «Es humillante dejar al peluquero que a uno le gustaba. Es humillante sacar vales en el supermercado y enfrentar las miradas. “La gente no entiende que hay un factor de orgullo involucrado», dice Andono.

Quiero que la gente entienda que no somos flojos, tan sólo nos han dado un manojo de cartas diferente». Cuando uno experimenta un pedacito de éxito y las cosas de pronto se salen de nuestro control, uno se basa en las lecciones que da la vida. Algunas veces uno quiere abandonar, pero uno sabe que dejarse no es una opción. No es como lo educaron a uno.

La madre de Andono tiene un dicho “necesitar más lo hace a uno hacer más”. Al ver la lucha de su hija mayor, la madre ha revisado ese lema. “Tan sólo haz lo mejor que puedas. Así es como debes mirarlo», dice Andono. “Sólo mantente contento y tómalo todo deportivamente. Nada es tan malo como parece”.

La inmensa mayoría de los miembros de la cooperativa, un 93% para ser precisos, gana menos de 22,000 dólares al año, la línea nacional de pobreza para una pareja. Dos de cada tres hace menos de 11,000 dólares, dice Chad Hale, que fundó el programa hace 20 años.