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Mundo

Los iraníes pagan los «platos rotos» por las sanciones a su país

Por CNN en Español

TEHERÁN, Irán (CNN) — A muchos en Occidente les gustaría ver a un Irán castigado por sus ambiciones nucleares. A los residentes de Teherán les gustaría que esas personas echaran un vistazo a sus vidas.

La Unión Europea anunció el lunes que se prohíbe la importación de petróleo crudo de Irán y que hay un bloqueo al comercio de oro, diamantes y metales preciosos, entre otras medidas, que se suman a las sanciones ya impuestas por Estados Unidos y las Naciones Unidas. Las medidas provocarán una fuerte pérdida en el alma de Irán, que son los ingresos petroleros.

La vida de los iraníes comunes y corrientes ha sido tocada profundamente en las últimas semanas por las sanciones de Occidente. Varios hablaron con CNN sobre la forma en que hacen frente a la impresionante inflación y una moneda nacional que se hunde, aunque no se sintieran cómodos siendo plenamente identificados, temerosos del largo alcance que tiene la república islámica en la vida privada.

Farhad, de 47 años, alguna vez tuvo una vida cómoda, pero las cosas empezaron a irse a pique, cuando las sanciones llegaron a la empresa petrolera extranjera que lo empleaba, hizo maletas y se fue.

Como taxista, trabaja duro, pero ahorra poco dinero. Con la última ronda de sanciones de EU impuesta al Banco Central de Irán el mes pasado, ha visto una inflación galopante, con el precio de la carne y la leche que se han disparado hasta en un 50%.

Él y su esposa han dejado de tener invitados en su casa o salir a comer. No pueden recordar cuándo compraron ropa nueva y ya no envían sus trajes a la tintorería. «Me siento mal por la gente de la limpieza», dice. «Ellos deben estar sufriendo como resultado de que la gente como yo no utilizan sus servicios».

Farhad tiene una cuenta de ahorros que se está reduciendo rápidamente conforme echa mano de ella para enfrentar los gastos de fin de mes. Su hijo de 21 años trabaja en dos empleos a medio tiempo, mientras que estudia para obtener un título en Ciencias de la Computación. Farhad se siente mal porque no puede permitirse el lujo de comprar los equipos informáticos que su hijo necesita.

El precio de las sanciones

«Espero y ruego para que algo dispare la economía y la ponga en marcha, pero no estoy conteniendo la respiración», dice. «La vida debe continuar. Sólo podemos esperar y ver lo que el futuro tiene reservado para nosotros». Mientras tanto, dice, la única manera de que sus hijos vivan una vida digna es acercarse con personas influyentes o hacer negocios turbios como el comercio de divisas extranjeras en el mercado negro.

Estados Unidos y otras potencias occidentales sostienen que las sanciones contra el banco central, el petróleo y comercio exterior de Irán han sido diseñadas para presionar al país a cooperar en la mesa de negociaciones nucleares. Ellos creen que la República Islámica está desarrollando armas nucleares, aunque Teherán insiste en que su programa es estrictamente para fines de energía civil.

Las perspectivas de conversaciones han sido atenuadas por las recientes pláticas y acciones belicosas dirigidas a desestabilizar el gobierno de Teherán. El último de estos movimientos involucra a la Unión Europea, que apenas el lunes puso a consideración un embargo sobre el petróleo iraní.

Es dudoso, dice la mayoría de los analistas, que las medidas punitivas puedan hacer que Irán se arrodille. Es dudoso, también, que los residentes de Teherán sufran la misma suerte que sus homólogos de Bagdad, que desde hace años, bajo las sanciones internacionales contra el régimen de Saddam Hussein, enfrentan la escasez extrema de productos básicos.

Sin embargo, como lo señala el catedrático iraní-estadounidense Haleh Esfandiari, las últimas sanciones han sido demoledoras, no sólo para los menos ricos, sino también para la clase media. «La gente está comprando menos porque los precios han subido», dijo. «Eso afecta a los comerciantes. Es un círculo vicioso».

Para muchas personas, los subsidios mensuales del gobierno de 40 o 50 dólares ya no son suficientes para salir adelante, dijo Esfandiari.

El desplome del rial

El presidente Mahmoud Ahmadinejad dijo hace poco al Parlamento que las sanciones más recientes, impuestas tras un informe internacional de Energía Atómica que decía que Teherán parecía haber trabajado en el desarrollo de una bomba nuclear, son «las más amplias sanciones… jamás vistas». Ahmadinejad llamó a las sanciones «la mayor ofensiva económica en la historia de una nación… todos los días, todas nuestras actividades bancarias y comerciales y nuestros acuerdos están siendo vigilados y bloqueados».

Con las medidas punitivas llegó la espiral descendente de la moneda iraní, el rial, muy devaluada en los últimos meses contra el dólar de EU. El desplome de la moneda, dijo Fareed Zakaria de CNN, es un indicador clave de la inestabilidad de Irán.

«Cuando Barack Obama llegó a la presidencia, usted podría comprar 9,700 riales con un dólar», escribió en una columna. «Desde entonces, el dólar se ha apreciado un 60% contra el rial, lo que significa que puede comprar 15,600 riales. La reacción de Teherán a la perspectiva de sanciones que afecten a sus exportaciones de petróleo muestra su desesperación».

El dólar más alto, por supuesto, ha hecho que los productos importados estén fuera del alcance de la mayoría de los iraníes.

Farhad dice que hace unos meses echó el ojo a un refrigerador fabricado en Irán. Pero cuando volvió para comprarlo, el precio había subido un 20%. El vendedor le informó de algunas partes del refrigerador fueron hechas en Corea del Sur.

El alza de los precios y la disminución del valor de la moneda llegan en un momento en el que Irán ya se enfrenta a «desafíos enormes», creados en parte por la mala gestión del gobierno y los fracasos en la política exterior, dijo un economista en Irán.

«Creo que la situación se agravará en los próximos meses», dijo a CNN. «Seremos testigos de una mayor inflación y más altas tasas de desempleo con un menor crecimiento económico».

Aquellos que estudian el impacto de las sanciones argumentan que deben doler para ser efectivas, pero no hasta el punto en que rompan la economía, como lo hicieron en Iraq. Eso no augura nada bueno para los iraníes que tratan de ganarse la vida.

El miedo a no poder mantenerse

Yaqoub, de 59 años, se define como un hombre retirado a fuerza. Es decir, las pérdidas financieras obligaron a la oficina donde trabajaba a cerrar hace tres años. Ahora hace trabajos esporádicos. Se las arregla para hacer alrededor de 200 dólares al mes y recibe otros 135 dólares de parte del gobierno. La más joven de sus tres hijas no está casada y vive con sus padres.

Él dice que la familia dejó de comer fruta, es demasiado cara, y ahora es un placer reservado ahora sólo para cuando llegan invitados. La carne roja pasó de alrededor de seis dólares el kilo a nueve dólares. Cenar en su casa significa arroz vegetariano y frijoles.

«Cuando le pregunto a los comerciantes por qué los precios siguen subiendo, (ellos) dicen que el gobierno fija los precios y que tienen que hacer lo que les dicen,» dice. «La gente tiene hambre y es por eso que la delincuencia ha aumentado». Dice que la motocicleta de su yerno fue robado frente a su casa. El robo no era algo que preocupara antes.

No es sólo el precio de los alimentos y bienes de consumo que están perjudicando a los iraníes. Servicios como la electricidad y el agua cuestan más también. La factura mensual de Yaqoub casi se ha duplicado a 19 dólares al mes.

Sume todo, dice, y es difícil cubrir los gastos con mis ingresos. Su esposa le dice que deje de preocuparse o va a tener un ataque al corazón. «Creo que si verdaderamente nos apegamos a nuestros gastos diarios, tendría que mudarme a un apartamento más barato o, en el peor de los casos, no habría más remedio que ir al norte y vivir con los padres de mi esposa. Por lo menos no tendría que preocuparme por el alquiler», dice.

Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Iraní-Americano, dice que las sanciones están poniendo mucha mayor presión sobre la ciudadanía de Irán que en el régimen que se pretende castigar. «El gobierno siempre tiene la posibilidad de eludir las sanciones y trasladar la carga a la población», dice Parsi.

Davood, de 39 años, dice que él y su esposa tienen títulos universitarios, pero gana el dinero haciendo tareas en una oficina, preparar la comida, hacer mandados, incluso la limpieza.

Se preocupa por Assal, su hija de cinco años. Tal vez llegue el día en que él tenga que mudarse a una ciudad menos costosa con el fin de pagar su educación.

«No veo ninguna oportunidad para mí de encontrar alguna vez un trabajo donde pueda usar mi título universitario», dice. «Casi tengo 40 años ahora y conforme pasa el tiempo y me hago mayor, nadie me va a contratar. Así las cosas, siempre estoy preocupada de que yo pueda perder mi trabajo».

Algunos residentes de Teherán están abasteciendo de las cosas mientras se lo pueden permitir, y cuando aún están en los estantes.

Rose, una enfermera jubilada que sobrevive únicamente de la pensión del gobierno, compró una oferta de granos y alimentos enlatados, por si acaso. Ella también se siente afortunada de poseer su apartamento, por lo que no tiene que preocuparse de pagar renta. Dice que un amigo recientemente fue hospitalizado durante dos semanas. Le costó más de 11,000 dólares.

«Por supuesto que no puede culparse a los médicos y hospitales porque tienen que pagar altos precios de alimentos, materiales y equipos», dice la enfermera. «Todo está relacionado. Los altos precios de los alimentos afectan a todo».

Los analistas dicen que el gobierno debe tener miedo de que haya demasiado descontento. El desempleo y el estancamiento con inflación dispararon en el 2009 las manifestaciones masivas que a veces parecían a punto de llevar al cambio al régimen autoritario de Irán.

Farhad dice que entiende que está atrapado en la política mundial. «No sé lo que deba hacerse para corregir la situación económica, pero no culpo a los estadounidenses y sus sanciones», dice. Washington tiene que mirar hacia fuera para sus propios intereses. E Irán, dice, debe hacer todo lo posible para salvaguardar sus propios intereses.

Shirzad Bozorgmehr de CNN reportó desde Teherán, Irán; y Moni Basu y Josh Levs de CNN contribuyeron desde Atlanta.