(CNN) — La muerte de dos periodistas occidentales este miércoles en Siria, a menos de una semana de que el corresponsal del New York Times, Anthony Shahid, también muriera en el país azotado por la violencia, pone de relieve el peligro al que los reporteros se enfrentan al cubrir las zonas de conflicto.

Marie Colvin era una veterana corresponsal en el extranjero para el Sunday Times de Londres, y Remi Ochlik, de 28 años, ganador de un premio como fotógrafo de guerra. Ambos murieron en los intensos bombardeos del régimen sirio sobre la ciudad de Homs, comentaron fuentes sirias de oposición.

Sus colegas recordaron a Colvin, que había perdido su ojo izquierdo durante la cobertura de un conflicto por lo que lucía un parche negro, como “una leyenda” y como “una profesional con estilo”. El secretario de Cultura británico, Jeremy Hunt, la llamó “una mujer valiente y una excelente periodista”, al asegurar que la noticia de su muerte fue trágica.

Justo el día previo a su muerte, la periodista había hablado con CNN sobre el sufrimiento que se vive en la ciudad de Homs. Comentó a Anderson Cooper que Siria era el peor conflicto que había cubierto en su carrera, en parte debido a la enorme cantidad de ordenanzas que pesan sobre Homs. “Hay muchos francotiradores en los altos edificios que rodean el barrio. Me puedo imaginar dónde hay un francotirador, pero no se puede descifrar dónde caerá un proyectil”, dijo.

Colvin había reporteado muchos conflictos, entre ellos la guerra civil de Libia del año pasado, en donde presenció el bombardeo de la portuaria ciudad rebelde de Misrata. Permaneció en la ciudad, a pesar de que muchos de sus colegas abandonaron la cobertura por el peligro, dijo en mayo al programa El Mundo, de la Radio Pública Internacional de Estados Unidos.

“Es muy peligroso, me refiero a que esto debe enfatizarse, y creo que parte de ese peligro también radica en la expectativa generada por los bombardeos. Es decir, es muy aleatorio”, comentó.

Ochlik había cubierto diversos conflictos, desde Haití hasta Libia, y ganó el primer lugar en la categoría general de fotografía de World Press, por una foto de un combatiente rebelde descansando frente a una bandera rebelde en el desolador paisaje de la guerra en Ras Lanuf, Libia.

Empezó a tomar fotos de los conflictos a los 20 años, en Haití, y siguió cubriendo la guerra en la República Democrática del Congo, las elecciones presidenciales de Haití en 2010, y los levantamientos de la Primavera Árabe en Egipto, Túnez y Libia, de acuerdo con su página de internet. Su trabajo fue publicado por la revista de Le Monde, VSD, Paris Match, la revista Time y The Wall Street Journal. Otros dos periodistas occidentales y dos sirios murieron esta año en Siria.

El precio de informar

El periodista de France 2 TV, Gilles Jacquier, murió en enero, cuando un proyectil de mortero impactó en una manifestación a favor del gobierno a la que asistió, como parte de una gira autorizada por el gobierno en la ciudad de Homs, dijo la cadena para la que trabajaba.

Shadid, ganador en dos ocasiones del Premio Pultizer, murió la semana pasada a causa de un aparente ataque de asma, dijo el New York Times. Tenía 43 años. Robert Mahoney, del Comité para la Protección de Periodistas, se refirió a su muerte como “un trágico recordatorio del precio que los periodistas pagan por traernos las noticias de las zonas de conflicto. Shadid conocía los riesgos, pero eligió ir porque eso es lo que hacen los reporteros”, dijo Mahoney en un comunicado.

El Comité para la Protección de Periodistas comentó de manera previa a la muerte de Colvin y Ochlik que al menos 11 periodistas han muerto este año, entre ellos Jacquier y el freelance Mazhar Tayyara, en Siria.

El Comité enumera que ambos fueron asesinados por ser periodistas. El periodista Shukri Abu al-Burghul también murió este año tras recibir un disparo en la cabeza, el 30 de diciembre en Damasco, dijo el Comité, aunque señala el motivo de su muerte como “no confirmado”.

Hala Gorani, de CNN, reporteó desde Siria el verano pasado en un viaje aprobada por el gobierno, y escribió sobre los peligros que enfrentan otros periodistas tras el asesinato de Jacquier, el 11 de enero.

Para algunos periodistas, dijo, “intentar conseguir la nota significa entrar en Siria en secreto, y confiar demasiado en los contactos rebeldes como para ser llevado a través de la oscuridad y a través de ciudades sitiadas. Lejos de las entrometidas miradas de los guardaespaldas del gobierno, ellos corren riesgo de ser encarcelados, torturados, e incluso la muerte por cubrir los rebeldes”, comentó.

Niki Cook, de CNN en París, contribuyó a este reporte.