Las secuelas de los experimentos químicos en el Ejército estadounidense

(CNN) — “Le prometí a Wray que nunca abandonaría la lucha”. Fue el último juramento de la esposa a su marido moribundo, quien una vez fue identificado como voluntario médico Nº 6692 en Edgewood Arsenal, Maryland.

En 1973, el soldado del Ejército de Estados Unidos Wray Forrest pasó dos meses en Edgewood como sujeto de pruebas voluntario en un programa secreto de investigación de alto nivel de la Guerra Fría que estudiaba armas químicas y biológicas.

Su viuda, Kathryn Forrest, dice que esas pruebas fueron su perdición.

Durante su tiempo en Edgewood, Wray participó en al menos cinco pruebas diferentes. En una, Kathryn dice que le administraron altas dosis de Ritalin.

El Ritalin es un medicamento clase II: un tipo considerado peligroso y adictivo. En altas dosis puede causar mareos, nerviosismo, arritmia cardiaca, apoplejía, hipertensión, e incluso muerte súbita. Wray fue inyectado con diversas sustancias en Edgewood, según documentos judiciales. Y su historia es sólo una de muchas.

De hecho, desde 1955 hasta 1975, más de 7.000 soldados pasaron cada uno periodos de dos meses en Edgewood. En general, probaron por lo menos 250 agentes químicos y biológicos distintos.

Los nombres y los efectos de estas sustancias eran en su mayoría desconocidos para estos soldados voluntarios. De acuerdo con documentos ahora desclasificados del gobierno estadounidense, algunos fueron expuestos a fármacos incapacitantes como el BZ, o el sarín, una sustancia extremadamente tóxica y potencialmente mortal que altera el sistema nervioso; o al VX, una neurotoxina líquida considerada uno de los productos químicos más peligrosos que existen. Otras exposiciones fueron a gases lacrimógenos, y a agentes alucinógenos como el LSD.

El Ejército suspendió el programa de investigación en 1975.

Recién salido de la preparatoria

Wray tenía sólo 17 años y acababa de salir de la escuela preparatoria cuando se enlistó en la Fuerza Aérea en 1967. Después de dos años como aviador, inmediatamente se unió al Ejército y fue enviado a Fort Stewart, Georgia. Se reunió con representantes de programas quienes dijeron estar buscando soldados del Ejército para poner a prueba herramientas, prendas, vehículos y equipo de combate militar.

La tarea sonaba atractiva: una semana laboral de cuatro días con fines de semana de tres días, sin deberes asignados además de probar el equipo, dijo Wray en una declaración que dio antes de su muerte. “Fue sólo después de que llegamos a Edgewood Arsenal que se mencionó que estaríamos usando fármacos”.

No hubo advertencias sobre los efectos secundarios o sobre los posibles riesgos de salud a largo plazo, según las declaraciones de Wray. Aunque no era obligado a tomar los medicamentos, sí había insinuaciones “como la opción de un fuerte castigo si no participamos”, dijo en la transcripción de la declaración.

En un experimento Wray y otros ocho soldados fueron llevados a una sala de la clínica y se les pidió que se acostaran en catres, donde fueron conectados a vías intravenosas y dejados solos, relata su esposa, Kathryn. A los cinco minutos, Wray estaba tan drogado que no podía sentir sus piernas, dijo. “Él dijo que sentía como si la cama estuviera flotando sobre el suelo; y luego lo golpeó el dolor”.

Lo describió como un “terrible, terrible dolor de cabeza, tan fuerte que no podía abrir los ojos, tan fuerte que sólo estaba gritando de dolor”, y que le hizo vomitar varias veces. Un hombre en una cama cercana estaba “tratando de sacar sus propios ojos”, hasta que Wray y otro voluntario lograron salir de sus camas, se arrastraron hacia el hombre que estaba en pánico y lo detuvieron.

“Y mientras todo esto pasaba, había una enfermera de pie en la esquina; estaba tomando notas. No hizo ningún intento por ayudar a este señor”, dijo Kathryn.

Después de regresar a casa, Wray sentía que “sus pulmones nunca estuvieron bien”, y sugirió que era debido a la exposición a ciertos gases en Edgewood, de acuerdo con Kathryn.

Wray comenzó a sufrir fuertes dolores de cabeza y migraña, dice Kathryn. Peor aún, se le diagnosticó un retraso o bloqueo en el sistema cardiaco eléctrico que regula el latido del corazón.

En 1982, Wray Forrest dejó el Ejército después de una carrera de 16 años. Fue honorablemente dado de baja con el rango de sargento de primera clase.

Luego, en 1997, tuvo su primera apoplejía.

En 2000, sufrió una segunda apoplejía.

Después de que Kathryn conoció a Wray en 2001, lo vio luchar con su salud. Parecía “como si se estuviera literalmente desmoronando”.

El hombre que ella conoció, a quien le encantaba pescar, disfrutar buenas bromas, reír, el hombre que amaba a los niños, y que se quitaría la camisa para dársela a alguien más, el artista al que le gustaba incursionar en la pintura al óleo y la escultura, se estaba consumiendo.

Colorado

Los Forrest dejaron el pueblo natal de Wray, Guyton, Georgia, en 2004 y se mudaron a Colorado, donde buscaron tratamiento en las clínicas del Departamento de Asuntos de Veteranos de los Estados Unidos (VA, por sus siglas en inglés) en Colorado Springs y en el Centro Médico del VA para las lesiones de la piel en la cara de Wray.

Kathryn sospechaba que el diagnóstico de quienes atendían las dolencias de Wray era intencionalmente desdeñoso y estaba afectado por su conocimiento de lo que pasó en Edgewood.

En 2007, Wray Forrest recibió una carta del VA acerca de su servicio en Edgewood.

La carta permitía a Wray modificar su compromiso de confidencialidad y hablar con sus médicos acerca de Edgewood, con relación a la exposición a sustancias químicas. Sin embargo, le prohibía hablar sobre “todo lo que se refiere a la información operativa que pudiera revelar vulnerabilidades o capacidades de guerra químicas o biológicas”.

El VA, confrontado con el alegato de Kathryn de que Wray había recibido un trato deficiente en sus instalaciones en Colorado, declinó hacer comentarios, citando una demanda pendiente.

Forrest se unió a otros cinco veteranos de Edgewood y al grupo Vietnam Veterans of America en una demanda contra el Departamento de Asuntos de Veteranos, el Departamento de Defensa y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Comenzó a sufrir de ronquera persistente en 2009, dice Kathryn, recordando que no podía hablar en un volumen más alto que el de un susurro.

Una clínica de VA en Colorado Springs dijo a Wray que estaba bien de salud durante las tres visitas que realizó respecto al problema. En la sala de emergencias del centro de Denver, sus cuidadores “metieron un abatelenguas en su boca, le dijeron que dijera 'Ahhh', le dijeron que tenía la garganta irritada, que fuera a casa y hiciera gárgaras con agua salada”, dijo Kathryn.

Frustrado, los Forrest buscaron la ayuda del médico privado Daniel Ward, quien había tratado a Forrest en 2004 por diabetes tipo 2 y por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

“La exposición a los productos químicos a los que había estado sometido a Edgewood Arsenal ciertamente podrían causar algunos de los problemas de salud que experimentó”, dijo Ward a CNN. “Sabemos que la exposición a ciertas sustancias químicas puede predisponer a la diabetes más adelante en la vida”.

En una declaración escrita a CNN, el Departamento de Defensa indica que “se ha convertido en una prioridad identificar a todos los miembros del servicio expuestos a sustancias químicas y biológicas... y el VA se ha puesto en contacto y ha ofrecido evaluaciones médicas gratuitas a miles de veteranos de guerra”.

En repetidas ocasiones, CNN pidió a funcionarios de VA que contaran su lado de la historia con relación a las denuncias de Kathryn. En todas las ocasiones, los funcionarios citaron el litigio pendiente, se negaron a hablar del cuidado que Wray Forrest recibió en Colorado. “No podemos discutir el caso de este veterano con ustedes”, respondió el VA.

“Te lo diré con toda franqueza”, dice Kathryn, “por lo que a mí respecta, la Administración de Veteranos lo mató”.

Cáncer

El diagnóstico oficial se produjo en enero de 2009: Carcinoma de células escamosas de los pulmones y ganglios linfáticos. Cáncer de piel.

Para cuando Ward fue diagnosticado, la enfermedad había progresado tanto que ya era demasiado tarde para salvarlo mediante la única vía posible: retirar parte o la totalidad de su pulmón canceroso, dijo el médico.

Un último sacrificio, una pequeña victoria

Finalmente, Kathryn vio a su esposo aceptar las circunstancias que rodearon su muerte.

A pesar de su larga carrera militar, que incluyó dos meses como conejillo de indias de una investigación secreta de fármacos y químicos, Wray Forrest quería ofrecer a la sociedad un mayor sacrificio y donó su cuerpo a la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado.

El 31 de agosto de 2010, después de pasar cinco meses en un centro para enfermos terminales en Colorado Springs, Wray Forrest murió.

Ahora Kathryn está planeando tomar el rol de Wray como demandante en la demanda contra el VA. Como grito de guerra, a menudo recuerda una de las últimas cosas que su esposo le dijo antes de morir.

“Sigue luchando. No dejes que los bastardos que me mataron ganen”.