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La vida sigue en Japón un año después de la catástrofe por el sismo y el tsunami

Por Sebastián Jiménez Valencia

(CNN) – Los japoneses se reunieron este domingo en medio de lágrimas, oraciones y un momento de silencio para conmemorar un año desde que el terremoto y el posterior tsunami dejaron miles de muertos y generaron la peor crisis nuclear del mundo en un cuarto de siglo.

En todo el país se guardó un minuto de silencio a la hora exacta (2:46 p.m.) en que tembló el 11 de marzo de 2011.

En el evento principal llevado a cabo en un teatro de Tokio, cientos agacharon sus cabezas en silencio durante la ceremonia.

«Muchas vidas se perdieron… siento el dolor de las familias en duelo y no puedo expresar todo mi dolor», dijo el primer ministro Yoshihiko Noda durante la ceremonia.

El emperador Akihito, quien se recupera de una cirugía, también estuvo presente.

«Me gustaría expresar mi duelo por las personas que fallecieron hace un año… casi 20.000 murieron y otros permanecen desaparecidos. Muchos de ellos eran bomberos», dijo el emperador.

Funcionarios de gobierno y familiares de las víctimas dejaron flores en un altar al frente del teatro.

De manera solemne, en las zonas del noreste devastadas por el tsunami, los residentes colocaron flores donde alguna vez hubo casas. Se encendieron sirenas de alarma en algunas áreas a la hora exacta del sismo.

Vestidos de negro, los habitantes de Ofunato se reunieron para rendir homenaje a los cientos de ciudadanos que murieron durante el terremoto y el tsunami. Algunos lloraban en silencio.

El terremoto de 9.0 grados de magnitud desplazó el eje de la tierra y desató una pared de agua que arrasó vidas, hogares e hizo que millones de personas huyeran a terrenos altos para salvar sus vidas. Cerca de 16.000 personas murieron y otras 3.000 permanecen desaparecidas.

Para quien sobrevivió aquel día, la vida no es igual.

«En la superficie, todo es normal», dijo Nicky Washida, una expatriada británica que ha vivido en Japón por 10 años. «Nos levantamos, vamos a trabajar, compramos la cena. Tomamos, nos reímos, nos preocupamos por nuestros niños. Pero debajo del barniz de la normalidad está el recuerdo constante de que la vida cambió».

Washida dijo que algo tan simple como comprar comida cambió por la crisis nuclear. La mujer confesó que lee las etiquetas para asegurarse de que no hay posibilidad de contaminación.

Mientras los residentes tratan de volver a la normalidad, Noda recientemente habló sobre los esfuerzos de reconstrucción, que representan el mayor reto para Japón desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

«El pueblo japonés está unido para trabajar con el Gobierno para poner todas nuestras fuerzas en el trabajo de  reconstrucción», dijo Noda este mes. «La limpieza de escombros, la construcción de viviendas temporales y el apoyo diario a las víctimas del desastre: hemos logrado un progreso constante en todas estas cuestiones», dijo.

Tras el terremoto y el tsunami, Japón se encontró frente a la peor crisis nuclear desde el desastre de Chernóbil, en 1986.

La planta nuclear de Fukushima Daiichi se apagó por el impacto del terremoto y el tsunami, teniendo como resultado la fusión de tres reactores, generando fugas radiactivas en el aire y agua contaminada que se derramó en el mar. Aunque no hubo muertes por la catástrofe nuclear, más de 100.000 personas siguen desplazadas de sus hogares.

«Teniendo en cuenta la tremenda responsabilidad que tenemos de mantener las condiciones estables en la planta nuclear de Fukushima Daiichi, continuaremos trabajando con seguridad hacia el desmantelamiento de los reactores a mediano y largo plazo», señaló Tokyo Electric Power Co., propietario de la planta. «Además, todas las empresas del grupo TEPCO intensificarán sus esfuerzos para atender a los afectados y proporcionarán una indemnización lo más pronto posible».

Un año después, Japón está lejos de salir de la destrucción causada por el triple desastre, pero el primer ministro dijo que está comprometido con la reconstrucción y con energizar a la nación en el proceso.

Para algunos de los jóvenes, la esperanza reina entre la tristeza y las ruinas.

«Muchos japoneses son muy optimistas, así que no se preocupen mucho (por nosotros)», dijo Kohei Maeda.