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Crimen

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Los periodistas de Honduras marchan en las calles pidiendo más protección

Por cnninvitationsaccount

(CNNMéxico) — Centenares de periodistas hondureños conmemoraron este viernes su día con marchas en Tegucigalpa y otras ciudades del país para reclamar mayor protección y el cese de la violencia de la que son víctimas y que se ha cobrado 29 vidas desde 2006.

«No se mata la verdad matando periodistas» fue uno de los lemas de las manifestaciones con motivo del Día del Periodista en Honduras, uno de los países más peligrosos del mundo para cumplir con la tarea de informar, según el Instituto Internacional de Prensa.

Los periodistas reclamaron un plan de seguridad que garantice el libre ejercicio del periodismo en el país. El Comisionado de los Derechos Humanos, Ramón Custodio, la rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Julieta Castellanos, y Karla Fonseca, la viuda del periodista Alfredo Villatoro, secuestrado y asesinado este mes, también participaron en la convocatoria, de acuerdo con EFE.

«La verdad no se mata con balas», dijo Custodio, quien aseguró que en los últimos años la violencia en contra de periodistas ha sido «una amenaza muy grave para la libertad de expresión». El defensor del pueblo lamentó que el ejercicio del periodismo en Honduras se haya convertido en una profesión de «alto riesgo”, según el mismo reporte.

Los participantes en la marcha en Tegucigalpa, que transcurrió sin incidentes, exigieron el esclarecimiento de los asesinatos de periodistas, que suman 29 desde 2003, de los cuales 23 ocurridos en los últimos dos años, según el Comisionado de los Derechos Humanos.

Honduras registró en 2011 una tasa anual de homicidios de 86,5 por cada 100.000 habitantes, muy superior a la media latinoamericana de 20 y a la mundial de 8,8, según un informe del Comisionado de Derechos Humanos divulgado en marzo pasado y basado en datos de las Naciones Unidas.

Entre los últimos caso, destaca el de Villatoro, hallado muerto el 15 de mayo, después de haber sido secuestrado una semana antes. La noticia impactó más allá del gremio periodístico ya que era un locutor estelar de la emisora HRN. Unos días antes, el periodista y activista en defensa de la diversidad sexual Erick Martínez apareció muerto. Sus muertes movilizaron a los comunicadores para exigir al gobierno clarificar los crímenes, pues hasta ahora, sólo un asesinato desde 2003 ha sido judicializado.

La militarización del país

La violencia contra los periodistas se agudizó desde el golpe de Estado de 2009, por el que cayó el gobierno de Manuel Zelaya y que dio paso a “una muerte lenta de la libertad de expresión”.

“El 25 de mayo (día del periodista en Honduras) no será para manifestarnos por festejar nuestro día, sino por la muerte lenta que tenemos de la libertad de expresión y de quienes se atreven a informar e investigar”, dijo a CNNMéxico Claudia Mendoza, reportera independiente y activista por los derechos de los periodistas.

Desde la caída del expresidente Manuel Zelaya, se han fortalecido la criminalidad y la impunidad. El golpe de Estado creó un ambiente propicio para éstas, explica Mendoza. “Hay un recuento grande de líderes sindicales, defensores de derechos humanos, gays y otros grupos, que han sido víctima de ese clima”.

En el gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti, varias estaciones de televisión y radio detuvieron sus emisiones al ser ocupadas por militares. Aumentó el registro de agresiones de particulares hacia los medios y las amenazas de muerte, informó la Comisión interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su reporte de 2009 sobre la situación política de Honduras.

La CIDH detectó que los medios de comunicación se habían polarizado durante el proceso. “Los medios de propiedad pública no tienen independencia del Poder Ejecutivo y, como consecuencia, están abiertamente parcializados a favor del gobierno de facto. Otros medios de comunicación que son percibidos como promotores del movimiento de resistencia, han visto constantemente afectada su labor periodística tanto por agentes del Estado como por particulares que restringen la labor informativa”, publicó en su reporte de 2009.

“Durante esos días, todos estábamos a merced de los aparatos represores en las calles, en las casas y entre esos grupos estábamos los periodistas”, recuerda Mendoza, quien asegura que los periodistas de investigación, enfocados en la denuncia y la auditoría social eran víctimas de amenazas, secuestros momentáneos, salidas forzosas de los medios de comunicación y ataques a instalaciones de medios.

El problema se agrava con el hecho de que “el país centroamericano se ha contagiado de la violencia de las pandillas, entre ellas la Mara Salvatrucha y ha servido como puente para el tráfico de drogas a lo largo del continente”, explica Rodrigo Páez Montalbán, investigador y especialista en asuntos de América Latina en la UNAM.

Cuando no se puede contar

La cobertura al narcotráfico, las pandillas y los temas relacionados con la corrupción, son las que provocan mayor temor en los periodistas. Sin embargo, no se puede decir que los asesinatos estén ligados a estos temas porque el Ministerio de Seguridad no ha emitido ningún informe pese a ser solicitado, dijo la directora del Colegio de Periodistas de Honduras, Lisseth García, a CNNMéxico.

“La falta de justicia, la incertidumbre y la indefensión que viven los periodistas ante los ataques contra su profesión son la mayor amenaza, porque resta confianza a las autoridades”, explicó García.

El gobierno carece de los recursos suficientes para investigar las muertes de los periodistas, admitió el presidente Porfirio Lobo durante una conferencia para informar sobre los avances en el caso del asesinato de Villatoro, informó EFE.

“Ante la ausencia de investigaciones, no nos queda más que especular que precisamente de esos sectores (narcotráfico, pandillas, empresarios y políticos) provienen los ataques, no sólo a la prensa, sino a la sociedad entera”, dice Mendoza.

Reporteros sin Fronteras identificó que los medios que denuncian conflictos agrarios, violaciones a los derechos humanos, de oposición y comunitarios “se exponen a fuertes represalias, con la complicidad directa de la policía y el ejército”, publicó en un comunicado. El mayor número de asesinatos se registra en el litoral del océano Atlántico y en las comunidades rurales, de acuerdo con el Colegio de Periodistas.

“Dejas de identificarte”

Hasta ahora, no existe un sistema ni código de protección y seguridad para los periodistas. Como estrategia de seguridad, Xiomara Orellana cambia frecuentemente sus rutas e itinerarios de trabajo, no va a un lugar cuando la llaman para hacer denuncias, en el lugar de los hechos confirma que haya seguridad, procura utilizar la información oficial y, en ocasiones, tiene que decidir qué descartar para poder mantener su integridad física.

“A diario siempre hay muertos. La agenda es impredecible, a veces salen siete u ocho. Cada día es distinto. A veces 15 o 20”, dice Orellana, periodista del diario La Prensa, a CNNMéxico.

Orellana cubre temas policiales y asegura que en los últimos tres años ha visto que su trabajo se complica, porque la gente involucrada en los hechos no da información ni a periodistas ni a investigadores judiciales. “Si son temas de narco, te amenazan, te impiden foto, no quieren dar nombre, hay que esperar que sea una autoridad la que dé parte oficial”.

“Cuando (las muertes) están ligadas con miembros de determinado grupo se tornan bastante difíciles, dejas de identificarte con el carnet (de prensa) para evitar que sepan cómo te llamas”, dice la periodista, 18 años de experiencia.

Para Mendoza, la profesión vive una “dicotomía” entre qué hacer, qué abordar y no, hasta dónde decir algo, seguir o no con las investigaciones. Porque, hasta ahora, la única constante que encuentra es que “casi todos, incluyendo a Luz Marina, han sido acribillados a sangre fría” en medio de la impunidad.

«El riesgo de trabajar como periodista en el territorio hondureño se asemeja cada vez más a la situación en México, como si el nuestro siguiera los pasos de aquel país, advierte el diario hondureño La Prensa.

Laura Yaniz contribuyó con este reporte.

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