Londres (CNN) — Las celebraciones por el Jubileo de Diamante de la reina Isabel II llegaron a su punto culminante este martes, día en que el príncipe Felipe estuvo ausente en el servicio de acción de gracias en la Catedral de San Pablo.

El príncipe, de 91 años, se recupera en un hospital de Londres de una infección de la vejiga y se espera que permanezca bajo observación durante varios días. "Él está, lógicamente, decepcionado", afirmó el secretario de prensa de la reina en un comunicado emitido este lunes.

El servicio fue el evento oficial más destacado en los cuatro días de celebraciones para conmemorar los 60 años de reinado. El evento será seguido por una procesión en carroza por las calles de Londres y un desfile aéreo sobre el Palacio de Buckingham por la tarde.

A su llegada, la reina fue anunciada por una fanfarria de trompetas y recibió la ovación de miles de simpatizantes. En el interior, la congregación incluye al príncipe Carlos y la duquesa de Cornwall; el duque y la duquesa de Cambridge y el príncipe Harry, así como el primer ministro David Cameron.

Durante el servicio, Rowan Williams, el arzobispo de Canterbury, alabó la devoción y el servicio de la reina, y le deseó bien al príncipe Felipe.

"Estamos marcando seis décadas de la prueba viviente de que el servicio público es posible y que es un lugar donde la felicidad se puede encontrar", dijo Williams. "Declarar una dedicación de por vida es tomar un gran riesgo, embarcarse en una empresa costosa. Pero también responder a la promesa de una visión que manifiesta alegría".

Antes del servicio, miles de personas llenaron las calles tras las barreras de seguridad, con banderas, y animaron a los invitados que llegaron a la Catedral de San Pablo. Durante la misa de acción de gracias, los que están fuera se unió al coro de la congregación cantando God Save The Queen. Más tarde, vítores y aplausos saludaron a la reina y la familia real, cuando salían de la catedral.

El gran ausente, el príncipe Felipe, había estado al lado de la reina a todo lo largo del desfile en el Támesis este domingo. Su enfermedad no le permitió asistir la noche del lunes al concierto ofrecido en el Palacio de Buckingham.

Una pequeña demostración por un grupo antimonárquico fue eclipsada por las hordas de seguidores de la realeza. Graham Smith, director ejecutivo del grupo República, admitió que los manifestantes fueron superados en número, pero insistió en que su presencia en el evento era importante.

"Estamos aquí para asegurarnos de que los millones de personas en el país que se oponen a la monarquía sean escuchados", dijo a CNN. "Es sólo una protesta simbólica, pero estamos aquí para que la monarquía no se salga con la suya pensando que el país entero está enamorado de ellos". Pero cuando la reina llegó, los republicanos comenzaron a gritar “hagan historia a la monarquía”, lo que fue ahogado con ensordecedores gritos de "Dios salve a la reina".

Después del servicio, los miembros de la familia real asistieron a recepciones en la ciudad de Londres y a un almuerzo en el Westminster Hall, antes de participar en una procesión desde Westminster hasta el Palacio de Buckingham.

Miembros de las Fuerzas Armadas y grandes multitudes se espera que abarroten el recorrido de la familia real a través de la ciudad.

Una vez de vuelta en el palacio, la familia real aparecerá en el balcón para ver un desfile aéreo.