Por Carlos Alberto Montaner

Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Su último libro es la novela "La mujer del coronel".

Se aprobó en Ecuador una nueva ley de prensa que restringirá considerablemente la posibilidad de criticar a los gobernantes en ese país. Fue un trámite sencillo, dado que el presidente Rafael Correa cuenta con una amplia mayoría en el parlamento ecuatoriano.

En realidad, es lamentable que tal cosa sucediera, porque desaparecerá o se debilitará notablemente la función de criticar la labor de los políticos y funcionarios públicos que la prensa libre ejerce en los países realmente democráticos y eficientes.

En todas partes hay políticos electos y funcionarios públicos designados que son corruptos o negligentes, o que cometen serios errores, pero las denuncias aparecidas en la prensa libre son el gran freno a estos comportamientos.

Cuando el presidente Correa intimida a los periodistas, o los acosa porque han dicho algo que él estima que no es cierto o es exagerado, o cuando le llamó públicamente “gordita horrorosa” a la periodista Sandra Ochoa de El Universo de Guayaquil porque le hizo una pregunta incómoda, todo lo que consigue es privar a los ecuatorianos del necesario papel de auditores y vigilantes de la gestión pública que tan necesario resulta para mejorar la calidad del gobierno.

El político español Felipe González solía repetir que la función de la prensa era juzgar a los gobernantes, pero la de los gobernantes jamás era juzgar a la prensa, dado que actuaban en ámbitos profesionales diferentes.

Es verdad que la prensa a veces es injusta, como lo son los políticos. El propio Correa se atrevió a asegurarle a la periodista de CNN Ana Pastor que el venezolano Henrique Capriles y toda la oposición eran “golpistas”, algo que es manifiestamente falso.

En todo caso, ¿quiere el presidente Correa una prensa justa o quiere una prensa dócil? Mi opinión, a juzgar por la manera obsequiosa como trata a su gobierno la prensa oficial, es que desea una prensa dócil.

Y ese es camino más corto a la ineficiencia, la corrupción y las violaciones de las reglas. A partir de la vigencia de esta ley, Ecuador podrá ser mal gobernado con total impunidad. Eso será muy malo para todos los ecuatorianos.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Carlos Alberto Montaner)