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México

OPINIÓN: No hace falta ser Carlos Slim para invertir en empresas tecnológicas

Por Juan Andrés Muñoz

Por Miguel Angel Casillas, especial para CNN

Nota del editor: Miguel Angel Casillas es fundador de SV Links, inversionista y promotor del emprendimiento en países emergentes. Coautor del libro «Más allá del Business Plan».

No hace falta ser el hombre más rico del mundo para invertir en startups o empresas de tecnología.

A propósito de la reciente inversión por parte de América Móvil, propiedad del millonario mexicano Carlos Slim, en la empresa inglesa Shazam, cobra mayor relevancia y urgencia desmitificar el hecho de que sólo multimillonarios como él pueden ser inversionistas en negocios de tecnología.

No es casualidad –aquí suceden todos los días estos encuentros- que al escribir esta columna en una de la más populares cafeterías de la Universidad de Stanford me topara con un joven emprendedor de 24 años quien recientemente le vendió su empresa, Loki Studios, a Yahoo.

Entre los inversionistas iniciales en Loki participamos, entre otros, un empresario peruano y yo mismo. Ni mi colega inversionista ni un servidor figuraríamos en la lista de Forbes aunque ésta incluyera mil páginas.

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La inversión de Carlos Slim ha causado revuelo en los medios ya que demuestra su seria decisión de entrar al negocio de la televisión.

Sin embargo, también ha causado revuelo en el Silicon Valley, donde Shazam tiene operaciones y ha conseguido otras inversiones, dado que no es común ver a mexicanos invirtiendo en este tipo de negocios.

Pero cuando saben que se trata del el hombre más rico del mundo según la revista Forbes termina ese extrañamiento.

De acuerdo a la publicación The Silicon Valley Index del 2010, son muy pocos los mexicanos profesionales y gente de negocios que participan en el ecosistema del Silicon Valley: alrededor del 2% en comparación con el 30% de personas de la India. Y no sólo me refiero a ingenieros sino también a ejecutivos e inversionistas que están inmersos en la dinámica de este lugar.

Son alrededor de 4.000 empresas “startups” las que se generan cada año en Silicon Valley, de las cuales cerca de 1.000 reciben inversión de “Angel Investors” y aproximadamente 320 reciben inversión de firmas de Capital de Riesgo, conocido en inglés como venture capital, de acuerdo a Chris Gill, presidente ejecutivo de SV Forum.

Es gracias a este soporte del capital, al que tienen acceso los mejores emprendedores del mundo, que este lugar es la capital de la innovación mundial, el lugar con mayor ingreso per cápita de Estados Unidos y el hogar de cerca de 260.000 millonarios, según Forbes. Pues la dupla buen emprendedor-capital han hecho muy buen equipo aquí.

Pero es importante aclarar que una inversión proveniente de un “angel” puede iniciar con escasos 20.000 dólares, una cifra al alcance de no tan pocos en México.

Los inversionistas ángeles son gente con un poco o un mucho de capital pero siempre con un mucho de pasión por el emprendimiento y la solución de problemas.

Por lo general fueron emprendedores en el pasado e hicieron fortuna con alguna de sus “startups” y no quieren que este ciclo se rompa.

Una startup en etapa de levantamiento de capital ángel normalmente recibe de 200.000 a 3 o 5 millones de dólares. Ese dinero para la misma empresa suele venir de varios inversionistas que hacen equipo o que forman parte de alguno de los 40 clubes de inversionistas ángeles de la zona permitiendo así en algunos casos participar en un negocio desde sólo 20.000 dólares como fue el caso de los que invirtieron en Loki.

En México, como en muchos otros países en Latinoamérica, están emergiendo muchas iniciativas en pro del emprendimiento, desarrollo de negocios basados en innovación y tecnología.

Esta es una estupenda noticia. Sin embargo, estas iniciativas difícilmente prosperarán si no se educa a la par a los potenciales inversionistas que son los que pueden traer el oxígeno del capital a los proyectos de nuestros mejores emprendedores.

Esa educación implica saber que el invertir en departamentos, casas habitación o casas en la playa en realidad es trasladar un valor y no crearlo, es mover y juntar materia prima, cemento y ladrillos para obtener un retorno moderado y seguro sólo para el inversionista.

En cambio, invertir en un producto que resuelve un problema de escala global, con potencial de crecer rápidamente y con alto contenido intelectual y técnico puede:

1. Perder todo ese dinero.
2. Tener un retorno moderado (igual que los departamentos)
3. Tener un retorno del doble, quíntuple o más; y si no pregúntenle al inversionista inicial de Google, que puso inicialmente 200.000 dólares que, seis años después, se convirtieron en 2.100 millones de dólares.

Pero lo más importante es aprender que mediante este tipo de inversiones se desata un círculo virtuoso que permite que los proyectos de nuestra gente más talentosa resuelvan con innovación y creatividad problemas o satisfagan necesidades de mercados muy grandes y en relativamente poco tiempo.

Esta es la fórmula –simplificada- que ha seguido el Silicon Valley y que ha permitido crear un ecosistema donde las 10 mayores empresas del lugar — Apple, Google, Facebook, Oracle, Tesla, Yahoo, HP, Intel, Cisco, eBay — sumen un valor de mercado superior a todo el producto interno bruto de México.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Miguel Ángel Casillas)