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Salud

El «osito de peluche» que bajó 140 kilos

Por Funes

Por Matthew Casey, CNN

(CNN) — Sus amigos y familiares solían describirlo como un osito de peluche: carismático, amable y modesto.

La descripción de Ryan “Mac” McDonald era precisa: el exjugador de fútbol americano en la universidad pesaba lo mismo que un pequeño oso en el año 2000, cuando sus amigos le regalaron una membresía al gimnasio para su cumpleaños 25. Para no parecer desagradecido, Mac fue a intentar bajar de peso y un entrenador personal rápidamente lo puso a correr en la cinta.

Mac, hoy de 38 años, empezó a ejercitar enseguida, pero no pasó mucho antes de que descubriera que el aparato lanzaba humo. El entrenador intentó explicarle que la cinta era vieja e invitó a Mac a utilizar una más moderna.

Obedientemente, Mac pasó a otra cinta. Unos diez minutos después, la misma historia: humo debajo de la máquina.

“Fue una razón suficiente para no volver a utilizar una cinta”, dice. “Esa fue otra de mis excusas”, agrega.

Antes de volver a pisar un gimnasio, Mac llegaría a pesar más de 225 kilogramos y sufriría una enfermedad que puso en riesgo su vida.

Sin embargo, cuando tomó la decisión de cambiar su estilo de vida, bajaría 136 kilos en apenas tres años.

“Nunca dejó de subir de peso”

Midiendo 1,83 metros de altura, Mac fue siempre un hombre grandote, dice su mejor amigo, Tim Scrivner, dueño del gimnasio Fieldhouse Fitness Center y Jailbreak, una compañía que organiza carreras en Texas.

Ambos se conocieron durante la escuela secundaria en la Liberty Christian School.

“Éramos compañeros en el equipo de fútbol americano”, recuerda Scrivner.

En aquel tiempo, Mac pesaba entre 118 y 125 kilos y llegó a ser elegido como uno de los mejores jugadores del estado. Jugó un año en la universidad y luego abandonó el deporte.

“El fútbol americano no era su vida”, asegura Scrivner. “Su personalidad era la de un hombre grande y amable querido por todos”, añade.

Mac se mudó a la granja familiar cerca de Wichita Falls, en Texas. Allí, la gente pronto comenzó a percibir que el hombre subía rápidamente de peso. Su hermano menor Clint recuerda visitarlo y ver una pequeña nevera junto a su sillón en la sala.

“Creo que nunca dejó de subir de peso”, dice Clint.

Mac pesaba unos 160 kilos y cursaba estudios en la Midwestern State University en 1996 cuando conoció a la mujer que se convertiría en su esposa, Jessica McDonald.

“Recuerdo decirle a una amiga que no quería nada serio con él porque tenía varios objetivos en mi vida y él no era muy saludable”, dice Jessica.

Pero Mac logró conquistarla con su caballerosidad y carisma.

La relación, sin embargo, no cambió los hábitos alimenticios de Mac. La comida chatarra siguió contribuyendo a su aumento de peso y las salidas a restaurantes de comida rápida eran una constante.

Jessica recuerda unas vacaciones en Asheville, Carolina del Norte, en las que recorrió sola los fantásticos jardines de una mansión porque a Mac ya le daba vergüenza ser visto en público.

“La gente se quedaba mirándolo”, dice. “Él veía el mundo desde el asiento de su carro”, agrega.

En noviembre de 2009, Mac vio el mundo desde la cama de un hospital cuando una fascitis necrotizante, una bacteria que se alimenta del tejido, atacó la parte izquierda de su cuerpo.

La infección estaba peligrosamente cerca de su corazón, lo que obligó a los doctores a quitar pedazos de tejidos infectados del tamaño de pelotas de béisbol.

Mac intentó tomarse con tranquilidad lo ocurrido, pero la situación lo asustó mucho. No quería morir.

El método de Mac

Un año después, la balanza marcó 240 kilos y Mac se dio cuenta de que debía intentar bajar de peso.

“Pensé entonces: ‘Si voy a hacer esto, voy a hacerlo paso a paso. Pero más vale que haga algo antes de perder a mi familia por una muerte prematura’”, recuerda.

Mac empezó a ir al gimnasio de Scrivner. Luego abandonó la comida chatarra y los bufés libres. Después dejó los refrescos. Finalmente, comenzó a comprar comida saludable en el mercado.

Su estrategia le permitió bajar de peso sin someterse a una cirugía de cinturón gástrico o contratar a un nutricionista.

“Fue simple, pero no fue fácil”, dice Mac. “Sabía que tenía que cambiar porque estaba cansado de no poder hacer todo lo que quisiera”, añade.

Scrivner dice que cuando Mac empezó el gimnasio, les pedía a otros miembros que no le dijeran nada a su amigo.

“Lo perseguimos tanto durante años”, sostiene. “Todos nos aguantábamos de decirle algo y tan solo esperábamos que no abandonara el gimnasio”, añade.

Cuando Mac perdió unos 20 kilos, Scrivner se le acercó y le preguntó si quería participar de una carrera de obstáculos de tres millas.

Mac prometió continuar ejercitando y participar del evento de Jailbreak. Fiel a su palabra, compitió en la carrera pesando 160 kilos.

“Sabía que quería completarla”, dice Mac. “Recuerdo mi euforia al cruzar la meta”, agrega.

Desde entonces, ha participado de carreras de 5 y 10 kilómetros, ha corrido una media maratón, un duatlón y un triatlón. Y en agosto participará de una carrera en bicicleta de 160 kilómetros.

Hoy, con 104 kilos, Mac puede incluso andar en motocicleta, algo que no pudo hacer durante años. En noviembre cumplirá un sueño y recorrerá Baja California, en México.

“Tuve muchas personas en mi vida a las que pude acercarme y hacerles preguntas”, dice. “Esto no lo hice solo”, asegura.

Mac todavía se pesa semanalmente y dice que la batalla contra la balanza seguirá durante el resto de su vida. Pasa su tiempo libre con Jessica y sus dos hijos, Matthew, de tres años, y Libby, de cinco.

Los McDonald celebrarán su decimoquinto aniversario de casados en diciembre próximo.

“Creo que hoy estamos más fuertes que nunca”, dice Jessica, que actualmente está escribiendo su tesis doctoral sobre el impacto de la obesidad en el proceso de aprendizaje. “Es mi mayor fan”, agrega.

Mac también se toma el tiempo para compartir su historia con otras personas aquejadas por la obesidad. Tiene un blog y se reúne con niños del YMCA en Forth Worth, impulsándolos a adquirir hábitos saludables desde la infancia.

Scrivner cree que la historia de Mac es mejor que un entrenador personal para aquellos que intentan perder peso.

“Es la persona más inspiradora que conozco”, asegura.