CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Fotografías

Iglesias antiguas son transformadas en viviendas y librerías

Por CNNEspañol sjv

Por Emanuella Grinberg, CNN

(CNN) — Algunos podrían llamar a la puerta, como el hombre inestable que decía ser Satanás y que había venido a matar a Jesús. Otros irrumpieron sin anunciarse, trayendo consigo platos de guisos para la comida compartida en la iglesia o buscando el lugar en donde habían sido pronunciados marido y mujer.

La sorpresa de los visitantes disminuyó un poco con el paso de los años conforme Alyn Carlson plantaba árboles y construía un muro de piedra alrededor de la iglesia de Nueva Inglaterra convertida en lo que ella y su familia llamaron hogar durante más de 30 años. La jardinería la hizo verse más una casa que una iglesia no confesional construida a principios del siglo 20. Pero la transformación de un santuario de 4.000 pies (1.219 metros) cuadrados a un hogar tuvo sus obstáculos.

«Una iglesia se construye por una razón específica, para que uno pueda entrar y dejar atrás al mundo», dijo Carlson, una artista y diseñadora gráfica de Westport, Massachussetts. «¿Cómo puedo convertir un espacio abierto en algo acogedor e íntimo? Ese fue el reto».

Conforme el concepto de reutilización adaptable, o reutilizar una estructura antigua para un nuevo propósito, se vuelve más popular, los propietarios dan una nueva vida a los edificios religiosos como hogares, oficinas, centros comunitarios, librerías, restaurantes, e incluso clubes nocturnos.

«En términos de sostenibilidad, tanto cultural como ambiental, no hay nada mejor en realidad que adaptar una estructura existente a un nuevo uso. Ayuda a crear una comunidad más fuerte al unir la historia de la comunidad con un marco localizado», dijo el arquitecto Bill Leddy, presidente del Comité del medio ambiente del Instituto estadounidense de arquitectos.

publicidad

Las iglesias, en especial los edificios góticos y barrocos en las zonas urbanas, son los candidatos más comunes para la reutilización adaptativa. Dependiendo de su tamaño, una iglesia o catedral antigua puede ser costosa de caldear durante el invierno y de mantener fresca durante el verano. Si es antigua, puede necesitar mucho trabajo y aún más dinero para actualizar los sistemas eléctricos y de fontanería.

Pero hay algo en ellos -probablemente sean los techos en bóveda o los grandes ventanales con vitrales y las paredes revestidas con paneles de madera- que los rehabilitadores y románticos incurables encuentran difícil de resistir.

«Las iglesias tienen un carácter distintivo. Muchas de ellas se salvan no sólo por el hecho de ser sostenibles, sino porque son únicas e históricas», dijo Leddy, socio fundador de la firma Leddy Maytum Stacy Architects en el área de la bahía de San Francisco.

Su valor histórico a menudo las protege de ser demolidas o significativamente alteradas, lo cual puede ser una bendición así como una maldición para la reutilización adaptativa, dijo el arquitecto Craig Rafferty, presidente del instituto de arquitectura del Interfaith Forum on Religion, Art and Architecture (Foro interconfesional de religión, arte y arquitectura). Las fachadas elaboradas y características como los campanarios, altares, tallas religiosas y grandes puertas de madera pueden ser visualmente impresionantes pero poco prácticos para los propósitos seculares.

«Usted debe comprender la calidad arquitectónica del espacio y encontrar actividades compatibles», dijo. «Si lo que desea es una cabaña pequeña e íntima, una iglesia con capacidad para 300 personas no es el mejor punto de partida».

Algunas congregaciones se vuelven demasiado grandes para sus hogares o sus necesidades evolucionan, especialmente las congregaciones progresistas que buscan convertir sus lugares de culto en una especie de centro comunitario o en un tercer lugar para los seguidores, dijo Rafferty, un directivo de Rafferty Rafferty Tollefson Lindeke Architects en St. Paul, Minnesota.

Normalmente, las congregaciones abandonan sus edificios religiosos por motivos financieros, cuando el número de sus miembros declina y convierte en poco razonable el sostener una propiedad o cuando el mantenimiento y sus gastos simplemente son demasiado caros, dice el estudioso religioso Dave McConeghy, quien se especializa en historia religiosa contemporánea estadounidense, teoría espacial y espacios sagrados.

Pero incluso si saca a la congregación de la iglesia, las huellas del pasado perduran.

Pableaux Johnson no buscaba un nuevo hogar cuando encontró la antigua iglesia metodista en el sur de Luisiana mientras ayudaba a unos amigos a trasladarse a la casa vecina. Pero se sintió inmediatamente atraído a sus líneas limpias y simples y se preguntó por qué nadie la usaba.

«Era simplemente hermosa. Nadie la había usado durante años, pero estaba construida con ciprés adulto. Construida como un camión», dijo el escritor y fotógrafo independiente. »   Si alguien la hubiera comprado y derribado, habría tenido más valor como chatarra».

Cuando supo que la estructura corría peligro de ser derruida, Johnson, que creció en el área, vio un «proyecto de conservación». Además, tendría un lugar dónde quedarse cuando viniera a visitar a su padre.

«Intentamos cambiarla lo menos posible para ser comisarios de la historia de alguien más».

Le tomó casi dos años limpiar y renovar el espacio de 1.400 pies (426,7 metros) cuadrados; se encontró con una viga con el número 1904, el año en que fue construida, grabado en la superficie. Con la ayuda de amigos, construyó una buhardilla para el dormitorio principal y el aseo. El altar se convirtió en la cocina, para honrar la importancia de la cocina, comida y bebida comunal en la cultura del sur. De los bancos creó sillas para un desayunador y una larga mesa de comedor.

La tuvo durante casi una década, hasta que su padre se mudó fuera del estado y decidió venderla. Era importante «mantenerla en la familia» así que la vendió a un amigo que también era de la zona.

El historiador Rien Fertel se encontraba en medio de la disertación para su doctorado sobre la historia de Luisiana en Tulane cuando vino a conocer el lugar.

«Había una pequeña iglesia en el medio de los asentamientos franceses originales en Luisiana», dijo Fertel, que creció en Lafayette. «Simplemente se sintió bien».

Fertel, profesor de historia en Tulane, divide su tiempo entre Nueva Orleáns y el hogar iglesia en St. Martinsville. Cuando no se encuentra allí, lo abre a amigos que son escritores y músicos y buscan un refugio creativo, lo que le permite honrar su historia como un lugar de encuentro abierto a la comunidad.

Cuando se encuentra allí, casi olvida que se encuentra en una iglesia hasta que se despierta con la luz de colores que brilla a través de los vitrales. Eso, y cuando los desconocidos tocan a la puerta, curiosos por escuchar su historia. En esos momentos, Fertel es consciente de lo significa ser el propietario de un trozo de historia local.

«Se siente muy delicado. Especialmente por el hecho de ser una iglesia, uno tiene la sensación de todo cuanto ha ocurrido aquí, de cuántas personas la han utilizado, los funerales, bodas, servicios», dijo. »   Uno se siente muy responsable por todo: las paredes, el techo y cada pequeño detalle porque es tremendamente antigua».

Carlson compara la responsabilidad de cuidar su iglesia de Nueva Inglaterra como cuidar de un «pariente mayor».

«Siempre se está cuidando de todo para mantenerla con vida y protegerla de la naturaleza», dijo. «Es un edificio como la mayoría de los edificios antiguos, y nunca estará terminado».

Carlson y su esposo, un ministro, se trasladaron a la escuela dominical adjunta en 1981, después de que la congregación comprara la propiedad. Cuando la congregación decidió vender la propiedad en 1986, la pareja asumió la hipoteca y pagó $60.000 por la estructura de 4.000 pies (1.219 metros) cuadrados y tres acres (12.141 metros) de la propiedad.

Les tomó varios años el transformar el santuario en dos buhardillas unidas por una pasarela. La buhardilla del coro se convirtió en el dormitorio principal con el aseo ubicado en el campanario. Compraron la escuela dominical adjunta y construyeron una oficina combinada con áreas de estar para sus tres hijos. Luego, comenzaron la tarea monumental de transformar el aparcamiento en un patio trasero con un pozo para hogueras, jardín y columpios.

Después de que sus hijos se marcharan, ella y su esposo abrieron su hogar a la comunidad. Ofrecieron fiestas, obras de teatro, óperas, bodas, incluso un camino de fuego en el patio trasero. Sin embargo, nunca dieron con la solución perfecta para mantener el ambiente caldeado en las frías noches de invierno. Y la limpieza nunca es más sencilla cuando todo es grande, desde los suelos y las paredes hasta la mesa de la cocina y los estantes de libros.

Como Johnson, Carlson finalmente decidió que era hora de seguir adelante. El momento llegó unos años después de que ella y su esposo se divorciaran y ella le comprara su parte. Ella había dado todo lo que estaba dispuesta a dar a la iglesia y se quería enfocar en su arte.

Con 2.000 pies (609 metros) cuadrados, su nuevo hogar de alquiler, cerca de una granja de productos lácteos, es todavía de proporciones considerables. Pero se da cuenta de la diferencia por la cantidad de tiempo que le toma limpiar.

Se siente bien por la joven pareja que adquirió el lugar. Le recuerdan a Carlson cómo eran ella y su ex marido, «buenos, con las espaldas fuertes y muchas ideas». Se quedaron con sus gallinas y planean realizar una idea para un patio que ella nunca llegó a realizar.

«Continúan con el trabajo de mantener el lugar vivo», dijo. «Pero tienen sus ideas propias y confío en ellos».