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Vaginas y narices de laboratorio

Por CNN en Español

Por Stephanie Smith

(CNN) — Dos partes del cuerpo. Un salto científico.

Científicos de Estados Unidos, México y Suiza desarrollaron órganos reproductores y cartílago nasal en laboratorios, y lograron implantarlos de manera exitosa en pacientes, según dos estudios dados a conocer el jueves en The Lancet.

No es la primera vez que los científicos han desarrollado partes del cuerpo; en esencia, crear órganos donde antes no había ninguno. La diferencia en estos casos es el tamaño y la complejidad de los órganos.

“Este es un avance hacia incluso órganos que presenten un mayor reto”, dijo Ivan Martin, un pofesor de ingeniería de tejidos del Hospital de la Universidad de Basilea en Suiza, y coautor del estudio del cartílago nasal.

“Todos estos pasos graduales finalmente han demostrado que es posible crear tejidos que puedan ayudar a los pacientes”.

La creación de tejido se ha centrado ante todo en reparar lo siguiente: piel quemada, músculo rasgado durante un accidente, una vejiga disfuncional. Los recientes avances van más allá de la reparación hacia la substitución.

Uno de los dos nuevos estudios involucra a un grupo de cuatro pacientes adolescentes que nacieron con una enfermedad poco común llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser. Las pacientes o no tenían útero o lo tenían deforme, no tenían vagina o dicho órgano no estaba bien formado, o tenían alguna otra disfunción.

El proceso de recrear sus sistemas reproductores no es tan simple como parece.

Inicia cuando los científicos crean una estructura en tercera dimensión que refleja las dimensiones de los órganos que los pacientes no tienen. Luego toman pequeñas muestras del músculo y tejido de los pacientes, y extraen células.

Esas células luego se usan para “sembrar” (o esparcirse) sobre varias superficies de los patrones en tercera dimensión, donde se desarrollan durante algunas semanas fuera del cuerpo.

“Aquí no se trata de un órgano defectuoso que aumentas, o algo que pones entre los dos lugares”, dijo el Dr. Anthony Atala, director del “Instituto Wake Forest de medicina regenerativa” y autor principal del estudio sobre el órgano vaginal. “Tuvimos que crear el órgano. Lo introdujimos de nuevo”.

Las estructuras celulares del órgano sirven para múltiples propósitos: proporcionan un armazón sobre el que el nuevo órgano puede desarrollarse. También son hechos utilizando un material que, con el tiempo, se incorpora al cuerpo. La estructura es absorbida lentamente mientras que las células sembradas continúan desarrollándose.

Es un proceso delicado y complicado que, si se realiza de forma adecuada, tiene como resultado un órgano que funciona perfectamente bien.

“El cuerpo reconoce el órgano como si fuera propio”, dijo Atala, presidente del departamento de urología en la Universidad Wake Forest. “Y al igual que con los órganos normales, estos órganos crecen (con los pacientes)”.

El término “normal”, para los pacientes en el estudio de Atala, implica que hay órganos reproductores estructuralmente intactos y funcionales. Las cuatro pacientes en el estudio completaron encuestas que indicaban niveles normales de deseo, excitación, lubricación, orgasmo y coito sin dolor. Para dos de las pacientes, con los nuevos órganos también les vino la menstruación, lo que significa que hay ovulación y la posibilidad de reproducción.

Tan importante como el hecho que el nuevo órgano esté estructuralmente intacto es el uso de células autólogas (del mismo organismo) para crear el tejido. Las células autólogas previenen que el cuerpo trate a los órganos como agentes extraños, un problema delicado cuando se trata de la donación de órganos.

Hay una gran necesidad de que exista tejido fácilmente disponible para reemplazar o reparar partes del cuerpo que estén dañadas o afectadas por alguna enfermedad, según un editorial acerca de los estudios, también publicado en The Lancet. “El campo de la creación de tejido, el cual se está desarrollando a pasos agigantados, podría ofrecer soluciones innovadoras”, escriben los autores del editorial.

Otra necesidad clínica es la de crear cartílago viable; podría decirse que este es uno de los tejidos más difíciles de crear en el ambiente de un laboratorio.

En el segundo estudio publicado en The Lancet, a cinco pacientes de edad avanzada les quitaron trozos de tejido nasal de tamaño considerable luego de una operación para extirpar un tumor cancerígeno. Normalmente, los cirujanos utilizarían cartílago de la oreja, costillas o el tabique para reconstruir el área; éste es un proceso intrínsecamente doloroso.

En lugar de enfocarse en otras áreas del cuerpo para la reconstrucción, estos científicos cuidadosamente extirparon una sección de tejido, aproximadamente del tamaño de la punta de un bolígrafo, del tabique nasal del paciente, y permitieron que se multiplicara.

Así como fue hecho en el estudio del órgano vaginal, los científicos luego sembraron células septales en un patrón hasta que formaron una capa delgada de cartílago. El cartílago que fue creado más adelante se colocó dentro de la herida y se desarrolló ahí.

Lo que ha emocionado a los científicos involucrados en este estudio es que los pacientes salieron del procedimiento con su estructura, función y estética nasal intacta. Los científicos también pudieron utilizar tejido que tomaron de la biopsia que era 40 veces más pequeño de lo que sería durante una reconstrucción convencional.

En ambos estudios, prácticamente no hubo complicación alguna, incluso después de años de seguimiento.

Los estudios modelo como este se ven afectados por el tamaño: los estudios que involucran tan pocos pacientes no son concluyentes. Estos resultados piden a gritos una mayor confirmación.

Aun así, el campo tiene la esperanza de que un grupo más amplio de pacientes algún día se pueda beneficiar de estos hallazgos: mujeres cuyos sistemas reproductores están dañados debido a un trauma o al cáncer, o los pacientes que necesiten un reemplazo de cartílago en la rodilla u otras partes.

Martini está especialmente emocionado por el avance. Hace más o menos 20 años, dijo, la imagen de una oreja creada que había sido injertada en la espalda de un ratón generó la esperanza de que los órganos creados en laboratorio, para esta época, serían comúnmente usados clínicamente.

Desde entonces, dijo, ha habido algunas dificultades, pero estudios recientes han resucitado ese progreso.

“Todo se consideraba demasiado fácil hace 20 años”, dijo Martin. “Pero lo logramos; las cosas están sucediendo ahora”.

“La creación de tejido finalmente está demostrando que puede cumplir con las expectativas”.