Por Maggie Blaha

(CNN) — Kenji Croman se ha roto huesos, dislocado su hombro y codo, ha soportado conmociones y ha estado a punto de ahogarse varias veces.

También ha tenido tres encuentros cercanos con tiburones a través de los años.

Una ola de 3 metros cayó directamente sobre él hace cinco años; esta dobló su cuerpo hasta el punto que en realidad, se dio una patada en la cabeza.

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"Literalmente escuché cómo cada hueso de mi cuerpo se rompía", dijo.

Croman ha estado fotografiando olas del mar desde 2008; algunas veces ha puesto en riesgo su vida para obtener esa toma perfecta en el punto donde rompen las olas.

A pesar de los riesgos y las lesiones inevitables que fotografiar las olas conlleva, el residente de Hawai, surfista y ex nadador de competencias no haría nada más. El fotógrafo de 36 años ama la emoción de encontrarse con el tubo de una ola de frente. Su pasión es tomar fotografías de olas, y fotografía surfistas para pagar las cuentas.

Una parte de su negocio consiste en crear promociones en Instagram para Dos Equis, Mauri Sunrise Shells y otras compañías. Él ha podido fotografiar algunas de las playas más hermosas y vírgenes de Sudamérica y México, a través de una campaña de recaudación de fondos en Kickstarter.

Pero toma la mayoría de sus fotos de olas cerca de su hogar. ¿Su momento favorito? Cuando el sol sale en Sandy Beach en Oahu, Hawai, aunque allí las olas son buenas en cualquier momento. Lo que Croman ama sobre las olas es que cada una es impredecible y tan única como una huella dactilar. Y captura las olas desde un ángulo que le permite a los espectadores verlas romper en cámara lenta, como lo hace él.

El proceso de fotografiar olas implica mucho más que solo nadar hacia donde las olas rompen y esperar, dice.

La noche antes de una sesión de fotos, Croman ingresa a Surfline.com, un sitio web y red costera de streaming con cámaras de alta definición que ofrece información del océano en vivo, así como predicciones, para ver cómo serán los vientos, olas y marea en determinados momentos.

"Si el viento sopla desde la costa, esto crea hermosos tubos y por lo general, crea mejores condiciones que si los vientos soplan desde el mar".

Croman tiene una cámara principal y una de repuesto para emergencias. Él no utiliza un traje de neopreno, pero sí se pone aletas y utiliza un resistente estuche sumergible para proteger su cámara.

No hay una buena manera en la que él pueda protegerse.

Admite que probablemente existen protecciones que debería usar, pero no podría haber hecho mucho para reducir el impacto de una ola de más de tres metros que cayó sobre él. Croman fue trasladado de emergencia al hospital, donde su doctor inicialmente pensó que se había roto el cuello. Su cuello estaba bien, pero permaneció hospitalizado durante una semana, ya que líquido de la columna vertebral se filtró por su oído.

La parte más difícil del trabajo de Croman es mantener la calma al enfrentarse a las olas cuando su instinto inicial es entrar en pánico y alejarse nadando. En una ocasión arriesgó su vida para tomar una fotografía de una ola de 7 metros, pero la imagen que obtuvo como resultado "parecía una ola de un metro", dice. La roca de 7 metros en el fondo "no le dio la profundidad adecuada que necesitas para mostrar cuán grande era la ola".

Croman estudia el oleaje, buscando patrones y tratando de determinar en qué momento romperá la ola. A lo sumo, Croman tomará dos o tres fotos de una sola ola.

"He fotografiado olas durante tantos años, que ahora las veo en cámara lenta", dijo.