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Música

“Hackers” de la música crean nueva generación de instrumentos insólitos

Por (CNNEspañol.com)

Por Kieron Monks, para CNN

(CNN) — Mantengo mis manos sobre el espacio entre una lámpara elevada y una caja blanca que se asemeja a una lavadora. Cuando me dan la señal, hago patrones con mis manos, creando sombras que se extienden sobre la superficie brillante de abajo, generando una cacofonía de ladridos, como si una jauría de perros hubiera salido de un sótano del Este de Londres.

Esta es una reunión del Music Hackspace de la ciudad, una rama del London Hackspace, uno de los más grandes de entre más de 1.000 talleres ciudadanos similares que existen en el mundo desde Brasil hasta Bagdad.

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Alrededor de una docena de miembros entusiastas -y 150 aficionados- forman la base de esta sección musical; diseñan, construyen y reinventan instrumentos para adaptarse a sus ambiciosos proyectos creativos.

La “lavadora” es uno de los ocho instrumentos caseros que los miembros han creado y que conforman la “Cueva de Sonidos”; un lugar inspirado en la colaboración musical prehistórica, la cual se ha exhibido en algunas de las principales instituciones culturales de Londres, entre ellas el Victoria & Albert Museum y El Barbican Centre.

Tres de los instrumentos responden al movimiento físico, y otro es activado por la luz. Uno produce sonido a través de un acelerómetro y un giroscopio, y hay un sombrero lleno de sensores operado por toques de un guante metálico.

El preparado percusionista y miembro de hackspace Dominic Averso cree que un nuevo estilo de instrumento está emergiendo de la cultura maker. “La tecnología facilita la participación, así que es más fácil crearla con ella. Pero la música puede ser más efímera que duradera; hay un paralelo al jazz temprano cuando era muy libre y experimental”.

Legado musical  

Pero Averso cree que puede haber un impacto duradero de los instrumentos que interactúan con el escucha. “Las generaciones futuras podrían pensar que es extraño escuchar la misma canción una y otra vez”.

El colectivo ya ha causado impacto con el Seaboard, un teclado reinventado radicalmente, lanzado por el emprendimiento londinense ROLI, con el trabajo de varios miembros. El instrumento utiliza sensaciones táctiles para crear una experiencia más matizada, lo que le permite al usuario un mayor control del volumen, tono, y timbre que emana de sus teclas de hule.

El Seaboard tiene un fuerte apoyo de personas como Hans Zimmer, quien demostró su uso, y ahora es accionista.

“La evolución puede ser versiones más receptivas de instrumentos existentes”, dice Jean-Baptiste Thibaut, gerente de innovación de ROLI y organizador de hackspace. “La música digital ofrece mucho rango y posibilidad pero carece de la familiaridad de objetos físicos en tu mano. Tu cuerpo tiene mucha habilidad expresiva, así que pienso que el futuro es combinar las dos”.

Este modo de innovación ha sido popular. Entre los semifinalistas de la prestigiosa competencia de instrumento musical del Georgia Tech estaba el trombón aumentado de Chet Udell, dotado de amplificación y sensores inalámbricos, y el eCorder que le da un rango de efectos y captura de datos al instrumento de viento.

Análogo digital  

Un enfoque contrastante ha sido hacer que las computadoras se comporten como instrumentos tradicionales, como es el caso de la innovadora banda Hugs Bison del Reino Unido.

Los músicos tocan iPads bastante personalizados, y utilizan interfaces de pantallas táctiles, detección inalámbrica y un rango de aplicaciones como la plataforma virtual de instrumentos ‘ThumbJam’ para dar presentaciones junto con el sonido.

“Toco de manera muy diferente cuando hay contacto”, dice Shaun Blezard, un integrante de la banda, comparándolo con su experiencia en la producción de música electrónica. “Parece ser un instrumento real en lugar de tecnología. Estás más involucrado físicamente, puedes alterar y distorsionar notas, y causar un mayor efecto en el sonido”.

Blezard cree que es un método accesible para cualquier principiante “si tienen un buen oído”, y ve que existe un potencial para colaboraciones en red a gran escala. Los aficionados ya han demostrado el potencial que existe con una adaptación del   tema de “Dr. Who”, mientras la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo ha presentado una sinfonía en iPhones.

Los instrumentos emergentes pueden estar incluso más disponibles y ser más adaptables que nuestros teléfonos inteligentes.

El ‘Ototo’ del emprendimiento londinense Dentaku es un sintetizador de tamaño de bolsillo que puede convertir cualquier objeto cotidiano -desde vegetales hasta muebles- en un instrumento si los dos están conectados con cables sencillos. El usuario entonces puede componer utilizando las entradas del sintetizador y las propiedades conductoras del objeto (ingresa al video abajo. Si estás en tu móvil, haz clic aquí).

Camisa ruidosa

Un sistema similar ha sido adaptado para crear instrumentos portátiles, como las chaquetas de percusión que utiliza el participante de America’s Got Talent, William Close, e incluso instrumentos comestibles, por medio de helado activado por la lengua del músico.

Los analistas ven un espíritu colectivo como un hilo común que pasa por la innovación en los instrumentos “hackeados”. “En parte se trata de utilizar la tecnología para hacer que las personas interactúen”, dice Nick Sherrard, director de desarrollo, digital y comunicaciones en Sound and Music, la agencia del Reino Unido para música nueva. “Cualquiera puede tocar, pero por lo general deben hacerlo con otros”.

Sherrard cree que estos instrumentos caseros podrían tener un amplio atractivo más allá del nicho del fabricante y podrían ser bastante aceptados por los niños, aunque como un acompañamiento y no como un reemplazo para los instrumentos tradicionales. “Los músicos que hacen uno harían lo otro”.

Lo que más emociona al analista es la “música generada por la interacción con elementos vivos” y algunos proyectos épicos que han ilustrado el potencial de utilizar el ambiente como un instrumento. “Living Symphonies” es el resultado de dos artistas que laboriosamente han trazado el mapa de un bosque británico durante dos años y han creado un tema musical para cada organismo, una base de datos que luego se instala en el sitio para que el bosque efectivamente toque -e interactúe con- su propia sinfonía.

En 2013, el compositor de MIT, Tod Machover, utilizó miles de elementos de sonido tomados de la ciudad de Edimburgo, haciendo uso de todo desde una conversación en el ascensor hasta aviones volando por encima, para crear un paisaje de sonido para el festival de la ciudad.

La riqueza del contenido de audio disponible del ambiente también ofrece espectaculares posibilidades de presentación, para darle a la audiencia experiencias multi-sensoriales y de inmersión.

Los artistas clásicos aún no están en peligro, pero los conciertos e instrumentos normales pronto podrían parecer anticuados.