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¿Por qué el policía de Ferguson disparó 6 balas?

Por CNN en Español

Por Maria Haberfeld

Nota del editor: Maria Haberfeld es presidenta del Departamento de Derecho, Ciencias Policiales y de la Administración de Justicia Penal en John Jay College. Escribió “Critical Issues in Police Training“. Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las del autor.

(CNN) — Los habitantes de Ferguson, Missouri, se enfurecieron nuevamente esta semana al enterarse, por medio del informe de la autopsia de Michael Brown, que el joven había recibido seis disparos. Su muerte a manos de un policía el 9 de agosto ha desatado días de feroces enfrentamientos entre la policía y los manifestantes. Las personas que no están familiarizadas con el trabajo policial pueden preguntarse, de manera razonable, ¿por qué un hombre desarmado recibió tantos disparos, y por qué se utilizó fuerza letal alguna?

Para poner lo que sucedió en Ferguson en el contexto correcto, necesitamos entender cómo se entrena a los policías. La gran mayoría de los departamentos de policía de Estados Unidos entrenan a sus oficiales en lo que han llamado el “continuo de fuerza”, el cual ve los enfrentamientos con el público como una serie de etapas.

Comienza con la simple presencia de un oficial o con la comunicación de instrucciones, y se va tornando más coercitivo, desde el uso de comandos (“dispersarse”, “manos arriba”) hasta la fuerza física, con objetos como bastones, pistolas eléctricas, gas pimienta, y finalmente, si todo los demás falla o la vida de un oficial se ve amenazada, la fuerza letal. Es decir, balas.

Un oficial no necesita pasar por cada una de las etapas del continuo. Queda a su discreción si y cuándo se salta una o la mayoría de las etapas. Y es importante enfatizar que, incluso cuando un oficial opta por la fuerza letal, nunca se tiene la intención de matar al sospechoso sino eliminar la amenaza percibida. Debido a que a los policías se les entrena para que disparen en el centro del cuerpo, el uso de esta fuerza a menudo llevará a la muerte.

Los oficiales de la policía reciben entre 70 y 120 horas de entrenamiento en el uso de fuerza letal desde el ángulo técnico… es decir, cómo disparar un arma con precisión. Pero es poco el contenido de sus módulos de entrenamiento que se enfoca en los aspectos psicológicos, fisiológicos y sociales del uso de la fuerza letal. Éste es un error. El entrenamiento de la policía debería incluir un énfasis extenso y continuo respecto a qué le ocurre al oficial, al sospechoso y a la comunidad cuando se utiliza la fuerza coercitiva. Los oficiales deben estar preparados para lidiar con los encuentros estresantes que consideran, ameritan que le disparen a un sospechoso.

Este no es el tipo de entrenamiento en el que los departamentos de policía deberían trabajar de forma individual. Debería ser desarrollado como un estándar nacional por los expertos en el campo de los estudios policiales, la sociología, la psicología y la fisiología.

La policía prácticamente no recibe ninguna capacitación en el manejo de estrés; si un departamento decide ofrecer tal entrenamiento, usualmente lo hace sobre una base experimental y no se incorpora a largo plazo. Pero si no aprenden a manejar los encuentros estresantes, los oficiales se encontrarán una y otra vez en situaciones en las que la vida de una persona -ya sea la de la persona contra la que se usa la fuerza, o la del policía que dispara- es sacrificada debido a un error de decisión.

Los investigadores han demostrado que bajo el estrés de un encuentro de fuerza letal, ocurren una serie de cambios fisiológicos. La percepción visual se ve seriamente afectada: esto ocurre en hasta el 70% de la visión periférica. El impedimento visual a menudo crea una incapacidad de evaluar cuántos disparos se necesitan, y si en realidad el sospechoso ha quedado incapacitado hasta el punto de que ya no representa una amenaza para los oficiales de la policía u otros.

No es posible decir que el número de disparos en el caso de Brown representa a un oficial de la policía cuya intención era “ejecutar” al adolescente, sino probablemente refleja el resultado del tremendo estrés que el oficial experimentó mientras disparaba.

La vigilancia policial como profesión, además de tratarse del uso de la fuerza, también gira en torno a la discreción individual de los oficiales, y esto es difícil de explicárselo a una audiencia que no es parte de las fuerzas policiales. Está arraigada en un sentido de sospecha, la idea de que cualquier cosa puede suceder en las calles, y está relacionada a la experiencia personal de un oficial, pero también a las experiencias de sus colegas, las llamadas historias de guerra que movilizan y organizan gran parte del comportamiento de los oficiales en las calles.

Es una horrible tragedia cuando un oficial de policía le quita la vida a otra persona, especialmente cuando esa persona no estaba armada. Sin embargo, el público hace una presunción peligrosa cuando asume que los oficiales de la policía, los departamentos de policía y otros cuerpos de seguridad están allá afuera para ejecutar a miembros del público. La vigilancia policial es una profesión peligrosa, como lo dijo George Orwell en una ocasión: “Los hombres solo pueden ser altamente civilizados cuando otros hombres, inevitablemente menos civilizados, están ahí para guardarlos”.

Sí, a la policía se le debe permitir el uso de la fuerza coercitiva, pero deben estar bien entrenados sobre cómo usarla.

Están capacitados como soldados y se espera que se desempeñen como trabajadores sociales al menos 90% del tiempo. Y luego en una fracción de segundo, tienen que ser soldados de nuevo. Es bastante complicado.