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Enfermedades

Análisis: Las lecciones que la pandemia de SARS dejó para controlar el ébola

Por (CNNEspañol.com)

Por Grant Hill-Cawthorne, especial para CNN

Nota del editor: Grant Hill-Cawthorne es un virólogo médico y conferencista en epidemiología de enfermedades comunicables en el Instituto Marie Bashir de Enfermedades Infecciosas y Bioseguridad y la Escuela de Salud Pública en la Universidad de Sydney en Australia. Enseña Control de Enfermedades Comunicables en la Maestría de Salud Pública y Control Global de Enfermedades Comunicables para la Maestría de Salud Pública Internacional. Como parte de su enfoque en control de brotes ha hablado extensamente a la prensa sobre la epidemia actual de ébola.

Sydney, Australia (CNN) — Ya casi hay 9,000 casos confirmados, probables y sospechosos de la enfermedad del virus del ébola en siete países afectados.

Al menos 4,400 personas han muerto hasta ahora de esto, el peor brote de ébola desde que surgió en 1976. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los casos semanales podrían llegar a 10,000 para principios de diciembre; es claro que el punto máximo de esta epidemia todavía no llega.

Comprensiblemente, países en todo el mundo; particularmente aquellos afectados (Guinea, Liberia, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, España y Estados Unidos) examinan sus defensas contra casos importados.

Estos se han vuelto más emergentes desde que Thomas Eric Duncan; quien contrajo ébola, viajó de África a Texas, llevando a una subsecuente transmisión secundaria de la infección a dos personas que lo trataron, Nina Pham y Amber Vinson. Las preocupaciones públicas de la infección no han sido disipadas por los funcionarios de salud pública, a pesar de que muchos de nosotros destacamos que todos estamos bien preparados para detectar y responder a casos importados.

Nuestras preparaciones en Asia se remontan a 2003 cuando el mundo se enfrentó con su primera pandemia de la era moderna, en la forma del Síndrome Respiratorio Agudo Severo, o SARS, causado por el coronavirus SARS.

El virus apareció por primera vez en noviembre de 2002, con la primer alerta de la OMS por el brote en marzo de 2003. Al mismo tiempo el SARS causó mucha ansiedad pública y profesional, principalmente debido a su aparente facilidad de transmisión (a través de gotas respiratorias y fómites) y su propagación global de China a Canadá, Hong Kong y Vietnam. Sin embargo, al mirar esto en retrospectiva era una infección mucho menos grave que el ébola, con estimaciones de 10,000 casos en total y alrededor de 1,000 muertes.

Sin embargo, dos aspectos significativos nos hacen recordar y aprender del SARS. Uno es el hecho de que 30 países tuvieron casos en pocas semanas del brote, y el segundo es el costo estimado de entre 30,000 y 100,000 millones de dólares para la economía mundial.

La mayoría de estos costos económicos fueron en viajes y turismo con ansiedad pública por la enfermedad, lo que llevó a que los aeropuertos se volvieran ciudades fantasma, las escuelas cerrara, los centros comerciales estuvieran desiertos y los trabajadores de salud fueran rechazados.

Las infecciones emergentes ya no eran vistas como un problema de salud sino como un problema de todo el gobierno con fuerte coordinación requerida entre transporte, inmigración, comunicaciones, finanzas, agua y sanidad, defensa, vivienda y educación. Los procesos de toma de decisiones en respuesta a una epidemia son complejos y altamente desafiantes y requieren una cadena clara de mando con planes oportunos, precisos, apropiados y viables presentados.

Acción global

En reconocimiento del mundo interconectado en el que vivimos y la necesidad de expandir el alcance de enfermedades notificadoras, las Regulaciones Internacionales de Salud (IHR, por sus siglas en inglés); un acuerdo legalmente vinculante que ofrece un marco para la coordinación de la administración de eventos globales de salud pública, se sometieron a una revisión en 2005. Aquí la noción de “emergencias de salud pública de preocupación internacional” fue presentada, al igual que la necesidad para que los países establezcan un núcleo mínimo de capacidades de salud pública.

En respuesta a las IHR y la clara necesidad de planeación multiagencia y ministerial, la mayoría de los países desarrolló planes de pandemia. Para que estos atiendan los peores escenarios posibles (por ejemplo, infecciones transmisibles con altas tasas de ataque), la influenza se convirtió en el enfoque; los planes de pandemia de influenza para Asia pueden encontrarse aquí. Muchos de estos son formados en el plan genérico de la OMS pero son adaptados para países específicos.

Estos planes fueron implementados durante la influenza A(H1N1) de 2009, o pandemia de “gripe porcina”. Algunos países en Asia también los utilizaron durante brotes recientes de A(H5N1) y A(H7N9), “gripe aviar”. Pero la influenza es mucho más transmisible que el virus del ébola, así que el enfoque reciente por parte de los ministerios de salud pública de muchos países fue ajustar sus planes para que fueran similares a las pautas actuales de la OMS.

También se aprendieron lecciones con respecto a lo que no funciona. La evaluación de pasajeros en aeropuertos fue practicada ampliamente durante la pandemia de influenza de 2009. Sin embargo, muchos países señalan que no detectaron ni un solo caso a través del uso de estas medidas.

Los escáneres térmicos en los aeropuertos para detectar la fiebre han mostrado ser de uso limitado. La OMS continúa destacando estos datos, pero las consideraciones políticas llevaron a que algunos países, notablemente Estados Unidos y Reino Unido, implementen la evaluación de pasajeros de todos modos.

Restricciones de viaje

Finalmente la pregunta de las restricciones de viaje fue planteada por varios comentadores. Estas fueron utilizadas con buenos resultados durante el SARS pero tuvieron un uso limitado durante la pandemia de influenza de 2009. Se reconoce ampliamente que el daño causado por las restricciones de viaje a las economías de los países de África occidental podría agravar los costos económicos muy significativos que ya se experimentaron. Las restricciones de viaje solo dificultarían que la comunidad internacional proporcionara los trabajadores de salud y suministros necesarios para tener el brote bajo control.

Mientras pensamos en nuestros propios procesos de control de infección y planeación para casos importados, necesitamos recordar que la forma más segura para prevenir casos de ébola es lanzarnos al esfuerzo global en África occidental. Mientras el brote continúe creciendo exponencialmente, el riesgo de transmisión en otros países aumenta. Aunque asegurar que tenemos planes locales es algo bueno, todos nosotros necesitamos reconocer nuestro papel como buenos ciudadanos globales y dar ayuda a aquellos países más afectados.