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Bajó 22 kilos para la reunión no. 50 de su escuela secundaria

Por CNN en Español

Por Jordan Bissell

(CNN) — En enero, Carol Highsmith, de 68 años, comenzó uno de tres viaje de tres. Tenía tres hitos de 50 que quería alcanzar, siguiendo tres sencillas reglas:

Con 79 kilos, Highsmith, de 1,54 metros de altura, estaba en su peso máximo. Ella prometió bajar 22 kilos para que le quedara un vestido de hace 50 años, cuando estaba en la escuela secundaria. Decidida a dejar atónitos a sus compañeros de clase, Highsmith vio su invitación a la reunión de los cincuenta años de su promoción de Minnehaha Academy como el catalizador para iniciar un cambio en su estilo de vida.

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La residente de Takoma Park, Maryland, quien había sido votada como la “más pícara” por sus compañeros en 1965, estaba decidida a recuperar algo de su juventud.

“Quería regresar a la escuela secundaria como la dejé”, dice. “Quería divertirme en la vida… verme delgada y sentirme tan bien como me sentía en aquel entonces”.

Al ver hacia atrás, Highsmith nunca hubiera predicho que iba a tener problemas de peso”.

“Si hubiera visto una foto de mí misma como luzco ahora… ¡me habría muerto de la vergüenza!”

Sin embargo, aunque era delgada, sus hábitos alimenticios no eran para nada saludables.

“Cuando era adolescente, hacía todo tipo de dietas (una vez lo único que comí fueron perros calientes) para asegurarme de que me quedaran mis lindos vestidos”.

Una vez comenzó su carrera, esas malas elecciones empezaron a pasarle factura. Empezó a viajar mucho y se le hacía fácil comer lo que llama “comida de carretera”.

“Recuerdo cuando di mi primer bocado de una dona de Krispy Kreme. ¡Era la gloria! Yo quería más y más. Una vez hice una sesión de fotos en un puesto de Krispy Kreme y nos dieron dos docenas de donas. Me comí cinco en una sola sentada”.

Sus malos hábitos alimenticios hicieron que su salud se deteriorara lentamente… tanto física como mentalmente. Empezó a avergonzarse tanto de su cuerpo que solo se vestía con pantalones de poliéster y nunca llevaba la blusa adentro por temor a mostrar cuánto peso había aumentado.

Cuando se enteró de su próxima reunión, Highsmith en seguida prometió cumplir lo que llamó el “plan WWW”, para poder ponerse nuevamente su vestido favorito de la escuela secundaria.

Su primer paso fue cuidar lo que comía. Trató de comer solo 1.300 calorías al día de alimentos en su mayoría sin procesar.

El segundo paso fue caminar. Adquirió un podómetro y se aseguró de registrar de 10.000 a 25.000 pasos al día, incluso si eso significaba que tenía que caminar por los corredores y escaleras de su hotel tarde en la noche.

El último paso fue beber mucha agua. Empezó a beber de cinco a seis botellas al día para asegurarse de mantenerse hidratada en medio de todas sus caminatas.

Para complicar su misión, Highsmith sabía que iba a estar fuera durante los meses previos a la reunión, trabajando en un proyecto de fotografía para la biblioteca del Congreso, en el que debía capturar fotos de Estados Unidos del siglo XXI para el Archivo de Copias y Fotografías.

También estaría ocupada con su fundación This is America!, la cual fundó para capturar y catalogar miles de fotografías de las “partes de la vida estadounidense que se ven amenazadas por el cambio tecnológico, el desarrollo desenfrenado y la homogeneización cultural generalizada”.

Tuvo que personalizar su estrategia de pérdida de peso para su estilo de vida nómada. Aunque las gasolineras llenas de dulces y otros bocadillos poco saludables eran una tentación, Highsmith luchó contra sus antojos al llevar consigo nueces sin sal, frijoles cocidos enlatados, yogur griego sin azúcar y fruta fresca.

Para el desayuno, Highsmith comía fruta, huevos cocidos, jamón y un poco de café con leche. La proteína fue la clave para mantenerla satisfecha hasta bien entrada la tarde.

El almuerzo era una comida menos estructurada. Highsmith se tomó en serio no almorzar “solo porque era la hora del almuerzo”, sino que esperaba hasta que verdaderamente sintiera hambre. Entonces, comía un poco de yogur, fruta y nueces, o una ensalada fresca.

Para la cena, normalmente pedía pescado a la parrilla, camote y verduras. A veces, se permitía comer una porción cuidadosamente medida de mantequilla para su camote.

“Cada vez que pensaba en caminar todos los pasos, o no tomar toda el agua o comerme un puñado extra de nueces, pensaba en lo divertido que sería ir a la reunión de Minnehaha Academy y verme sumamente atractiva”, dice Highsmith.

Debido a que tenía hábitos alimenticios saludables y permanecía constantemente de pie, Highsmith vio cómo las libras de más desaparecían.

“Cada día que sigo mi plan de pérdida de peso, me siento emocionada”, escribió Highsmith a CNN a mitad de su viaje. “Todo esto me ayuda a sentirme mejor conmigo misma. Cuando miro al espejo y me veo más delgada, me siento más segura y sé que luzco bien con mi ropa”.

Sin embargo, ella tuvo cuidado de no desviarse de su principal objetivo: su salud.

“Solo como cuando tengo hambre, pero si me da hambre, necesito comer”, dice Highsmith. “No estoy haciendo una dieta para morir de hambre; estoy en un viaje que me llevará a mejorar mi salud, bajar de peso y vivir más. Nunca menciono la palabra ‘dieta'”.

Cuando llegó el día de la reunión por los 50 años de su promoción de la escuela secundaria, Highsmith estaba lista y ansiosa por presumir su nuevo cuerpo. Sus compañeros de clase se quedaron atónitos con su transformación.

“Me impresionó mucho”, dijo Linda Bjorklond, una ex compañera de clase con la que ha permanecido en contacto en el transcurso de los años. “Ella fue muy disciplinada en cuanto a su consumo de alimentos y su ejercicio. Normalmente, Carol hace todo lo que se establece como objetivo… siempre da el 115%”.

¿Cuál es el mensaje de Highsmith para sus compañeros de clase? “Encontrar una forma de darle vuelta al reloj y despertarse sintiéndose bien todos los días”.

Con 58 kilos, el viaje de Highsmith no ha terminado. Ella piensa bajar 9 kilos más para su cumpleaños en mayo de 2015, y promete seguir rechazando los dulces, caminando al menos 10.000 pasos al día, y comiendo y bebiendo adecuadamente.

Pero no tiene prisa por ver que los números de la pesa disminuyan.

“No estoy tratando de bajar rápido de peso, porque no lo subí rápidamente”, dice Highsmith. “Somos lo que comemos y he decidido para el resto de mi vida que si algo entra en mi boca, debe ser bueno para mí”.